"Mercados de abastos como los de Cádiz solo se encontraban en Nápoles o París"

Adrián Fernández Almoguera, doctor en Historia de la Arquitectura de la Sorbona de París, ofrece una conferencia en el Colegio de Arquitectos sobre el relevante papel de la ciudad del XVIII en las vanguardias de la arquitectura, el arte y la decoración

Torcuato Cayón, reivindicando al gran arquitecto del siglo XVIII

Vista aérea Mercado Central de Abastos de Cádiz
Vista aérea Mercado Central de Abastos de Cádiz / Turismo Cádiz

Que la Cádiz del XVIII era una ciudad cosmopolita donde confluían ideas de todo el mundo es una de las sentencias que más orgullo histórico provoca. Fue tal la centralidad económica, artística y cultural de la ciudad, que se convirtió en un auténtico catalizador de vanguardias europeas que solo circulaban en las grandes ciudades, algo que ocurría a todos los niveles y con importantes y curiosos ejemplos de la arquitectura, el arte y la decoración “que invitan a ver Cádiz de otra manera”.

Así lo avanza Adrián Fernández Almoguera, doctor en Historia de la Arquitectura de la Sorbona de París, de cuyos aires totalmente innovadores e inéditos hablará el jueves, 12 de marzo en el Colegio Oficial de Arquitectos de Cádiz. Una ponencia que arrancará a las 19.00, en la que desvelará cuestiones más novedosas “de este espacio en el que se construyen modelos, ideas, proyectos y encargos que tienen que ver con cosas que se estaban haciendo en otras latitudes y que solo convergen en un sitio tan especial como puede ser el Cádiz de 1800”, avanza. Una ciudad donde se reflejaba la influencia italiana y francesa, “donde su comunidad y los eventos políticos creaban un caldo de cultivo muy interesante y todavía por explorar, todavía tiene que ser estudiado más en profundidad”, invita.

Bajo el título ‘Cádiz, puerto de la modernidad europea’, el experto dibujará toda una cartografía de hitos de aquel prometedor Cádiz. A través de toda una serie de proyectos de arquitectura dibujada; de la penetración de modelos europeos a través de arquitectos como Torcuato Benjumeda; de algunos proyectos efímeros construidos en determinados momentos importantes como fue el constitucional, y de relevantes proyectos arquitectónicos que sí forman parte de nuestro patrimonio.

Menciona el Mercado de Abastos de Cádiz, precisamente de Benjumeda, “con esa columnata dórica neo pompeyana, que era una cosa bastante rara no solo en el contexto español, sino a nivel europeo, pues mercados así solo se encontraban en París o el Nápoles napoleónico, donde se habían construido varios mercados de ese tipo”.

También cita la sala parlamentaria en Cádiz, al hilo de Oratorio de San Felipe, que junto a la que se proyecta en Madrid “son los dos primeros espacios parlamentarios que hay en España, y de los primeros en toda Europa, con toda la reflexión que conlleva de cómo se tiene que oír, ver, etc.”.

En esta suerte de “laboratorio de ideas interesantes” en que se convirtió la ciudad, recuerda también otro dato interesante vinculado a los gustos lujosos más vanguardistas que vestían los palacios gaditanos, particularmente en lo que a papeles pintados se refiere. De hecho, “Los Piranesi, que son los artistas descendientes del famoso grabador, tenían un emporio de estampas de arquitectura en toda Europa, y solo tenían dos puntos de venta en España, uno en Madrid y otro en Cádiz”.

Proyecto de catedral, palacio episcopal y biblioteca pública de Torcuato Benjumeda en Cádiz (1786-88)
Proyecto de catedral, palacio episcopal y biblioteca pública de Torcuato Benjumeda en Cádiz (1786-88)

Estampas de edificios de Cádiz a modo de souvenirs

Arquitecturas como la del propio Ayuntamiento y su fachada o la antigua cárcel -hoy Casa de Iberoamérica-, que se publicó en una colección de estampas con todos estos edificios a principios del siglo XIX, “que es una cosa bastante curiosa porque demuestra el conocimiento también que tiene la ciudad de la nueva arquitectura que se está generando hasta el punto de que crean estampas y las comercializan a modo de souvenirs para toda esa gente que pasaba por el puerto”. Adrián Fernández Almoguera apunta, además, “que no se trataba de edificios antiguos o ruinas romanas, sino de arquitectura nueva que se ponía de moda en una Europa en la que las ciudades se estaban reinventando”.

El culmen de esta toma de conciencia llega con el encargo “al escultor más famoso de Europa, que fue de los protagonistas de la época, Antonio Canova, de una escultura de Fernando VII”.

Un Cádiz poliédrico, innovador y vanguardista que remarcará desde su arquitectura y más allá.

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