Martín Caparrós critica el periodismo actual, pide cambios y proclama su pasión por el oficio

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Censura la subordinación de los medios a las noticias más demandadas por el lector, con independencia de su calidad periodística

Inauguración de Periodismo con Ñ

Martín Caparrós, reciente Premio Ortega y Gasset, ayer en la Asociación de la Prensa de Cádiz.
Martín Caparrós, reciente Premio Ortega y Gasset, ayer en la Asociación de la Prensa de Cádiz. / Ramón Luis Núñez
Cristóbal González

24 de marzo 2023 - 19:54

El periodista total. Cuando esta semana Martín Caparrós recibió el prestigioso Premio Ortega Gasset, el jurado dijo de él que representaba la figura del periodista total. No son los años –medio siglo– es la calidad, el peso de su obra, como periodista, como ensayista, como escritor.

Quiso unir la concesión del premio a su presencia en Cádiz. Por eso comenzó su intervención con parte de los versos (sí, versos) que ofreció a modo de discurso el miércoles. Por eso y, seguramente, porque el discurso es una sesuda, sincera y clara reflexión sobre el periodismo y todo su entorno, o sea, sobre la realidad misma, su interpretación y su modo de contarla.

“Trabajo raro el que hacemos…”, comenzó diciendo, colocando un primer adjetivo a la profesión. “Nos pagan poco, como a las ratas baratas…”, prosiguió, situando la primera de sus críticas y reivindicaciones sobre el oficio. Y luego: “No tenemos que decir que si hubiera que elegir, muy pocos entre nosotros elegirían cualquier otro”, dejando claro el hilo conductor de su intervención (una hora en la APC, ante un público conocedor de su obra y, por tanto, entregado al maestro): su amor al periodismo, a contar cosas, a cómo contarlas.

Se planteó tres preguntas

Qué es noticia. “En una entrevista me preguntaron qué le diría a un joven que quería ser periodista. Que mire la lista de las noticias más leídas de un diario. Si eso no lo disuade, es que tiene una vocación muy sincera”.

A partir de ahí, llega la crítica a la necesidad de escribir al gusto del lector, en tiempos en que todo se mide: qué se lee, qué no, cuánto tiempo pasa entre que se abre una noticia y se cierra en cualquier digital… “Eso modifica mucho la forma en que se trabaja”.

En The New York Times escribió Contra el público, en febrero de 2020, crítica voraz y descarnada del periodismo que se hace en la actualidad. Abordó el análisis de las 50 noticias más leídas (o más vistas) en periódicos de América Latina, con un contexto brutal: el coronavirus ya se consideraba pandemia y las bolsas de medio mundo se hundían. Pues bien, había solo tres “de las que el periodista podía decir, ‘hice una noticia que merecía la pena’”. Tres de cincuenta. Informaciones de la farándula de los respectivos países y de sus broncas, junto con las policiales, las más vistas.

Lo resumió en un rotundo “nos piden basura, les damos basura y sigue el círculo vicioso. Al lector hay que darle todo pequeñito, masticado. Te doy basura, pero cortita”. ¿Solución? Trabajar contra el público, esto es, no te doy la basura que me pides. “Y ofrecerle lo que creemos que importa, lo que años de aprendizajes y experiencias nos enseñaron que debíamos contar, y seguir creyendo que algún día empezarán a valorarlo. Y, si no, al menos habremos hecho lo que creíamos que teníamos que hacer”, terminaba diciendo en el artículo del New York Time.

En este punto, ante la dura disección de la realidad de la profesión, abogó por la transformación. “Yo creo que lo que vale la pena es empezar a mirar para otros muchos lugares. Cambiar el foco de la mirada. La realidad del mundo no son esos sectores, sino todo el resto. Que los papeles cuenten nuestra vida no la de otros todos”.

Segunda cuestión. “Averiguar, pensar, contar. Averiguar no es esperar que te digan; pensar no es rebuscar en lugares comunes y contar no es ser un notario tuerto”. Y leyó uno de sus escritos sobre el “periodismo Gillette”, ese que está “bien afeitado”. Un periodismo “paranoico”. Y criticó la degradación del periodista, vigilado, que ha dejado de ser el profesional en quien se confía.

No criticó los cambios, sino los cambios en perjuicio de la profesión, del producto. “Se aplican técnicas mucho más variadas. Se necesita alguien que sepa hacer buen vídeo, que trabaje las infografías… Y, además, trabajan equipos en cuatro países diferentes. Creo que vale la pena prestarle la atención y seguir buscando todos los recursos posibles”.

La perspectiva. Estar delante de la realidad y dar “dos pasos atrás” para mirar de otra manera, desde otra perspectiva. “Cuando uno consigue mirar sin toda esa historia previa ve cosas increíbles”. Y puso como ejemplo el nombre del… Congreso de la Lengua. Es muy raro el nombre, Congreso de la Lengua”.

Entró entonces en la vinculación del periodismo con la literatura, con la forma de contar. Habló de Capote, de Wolf, del periodismo de la segunda mitad del siglo pasado, del empleo de los recursos narrativos para contar cosas.

Tercera pregunta. ¿Con qué palabras contarlo? Abogó por que los periodistas estiren la lengua, para que se incorporen a los diccionarios las palabras que usan. “Nada sirve si no está bien contado”; y reflexionó sobre las palabras que es preciso que se conozcan, se respeten, se manejen. Solo así se conseguirá decir “algo parecido a lo que se quiere”.

“Lo que no queremos es no complicar lo simple. Escribir es un ejercicio muy simple, consiste en elegir palabras. Cada palabra es una decisión, no hay palabras iguales, cada palabra dice lo que dice, no es lo mismo escribir casa, que vivienda, hogar…”. Desde este punto de vista, el del uso del lenguaje, rechazó el empleo de lo que entendemos por sinónimos (algo que no existe, esto es, el tomar dos o más términos como iguales en significado). Se rechazan, dijo, las primeras palabras, las más simples, en busca de otras. “Viejo mito de la profesión, no hay que repetir palabras. Si escribo dolencia en vez de enfermedad; larga enfermedad en vez de cáncer, me estoy situando al lado del eufemismo”.

Un, en definitiva, Miguel Ángel contemporáneo, que obtiene un texto que explica una realidad, un texto que ya existía, al que el periodista quita las palabras sobrantes. Como el David. “Esculpirlo es sacar del bloque de mármol lo que sobra. Sí, creo que escribir es justamente sacarle a un texto lo que aparentemente le sobra”.

Final. Aplausos. El maestro ha hablado.

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