Libro sobre Antonio Dorado Soto Una semblanza de un obispo que "siempre se consideró un servidor"

  • El sacerdote Juan Antonio Paredes publica el libro 'Al servicio de Dios y del hombre: Antonio Dorado Soto'

El sacerdote Juan Antonio Paredes Muñoz con su libro en el convento de las monjas franciscanas del Rebaño de María. El sacerdote Juan Antonio Paredes Muñoz con su libro en el convento de las monjas franciscanas del Rebaño de María.

El sacerdote Juan Antonio Paredes Muñoz con su libro en el convento de las monjas franciscanas del Rebaño de María. / Marcos Piñero

Al servicio de Dios y del hombre: Antonio Dorado Soto es el título del libro que el sacerdote Juan Antonio Paredes Muñoz acaba de publicar con PPC–Editorial dedicado al que fuera obispo de Cádiz y Ceuta entre los años 1973 y 1993.

El título se refiere a que Antonio Dorado fue un obispo que "entendió que él en la Iglesia no era un príncipe ni una autoridad, sino un servidor, que venía a servir a la diócesis en la marcha que tiene y a los hombres. Él siempre se consideró un servidor y nos decía a los sacerdotes: 'Sin vosotros yo no soy nada", comenta Juan Antonio Paredes, quien quiere destacar que este libro no se trata de una biografía, sino de una "semblanza espiritual, pastoral y humana".

El autor cuenta que nunca pensó que iba a escribir esta obra, pero cuando falleció Antonio Dorado Soto, en marzo de 2015, le encargaron que presentara su semblanza, "y aquello me animó a seguir trabajando en su semblanza pastoral, humana, espiritual, de hombre moderno al mismo tiempo que fiel al Evangelio de siembre", relata.

Se decidió a publicar el libro porque piensa que la manera de ejercer el episcopado de Dorado Soto, su fidelidad al Concilio Vaticano II y sus ideas "siguen teniendo una gran vigencia para los sacerdotes y cristianos de hoy", y como manifiesta en la Aclaración preliminar del volumen, pueden ser "provechosos para el posible lector".

Resalta especialmente "el papel que reconoce a los seglares en la tarea evangelizadora, el ejercicio de la corresponsabilidad de la Iglesia y el haber huido de eso que el Papa Francisco llama clericalismo, que se refiere a cuando un cura u obispo llega a un sitio y quiere cambiarlo todo". Así, llama la atención sobre el respeto que Dorado siempre tuvo a la marcha que llevaban las diócesis a las que había llegado, además de "su entrañable amor a la Virgen, que conectaba muy bien con el sentido andaluz de la religiosidad popular".

La obra recoge un gran número de textos originales de Antonio Dorado Soto

De su libro, señala que "dos terceras partes son textos originales de don Antonio, entre predicaciones, cartas pastorales, entrevistas y escritos que publicó".

Juan Antonio Paredes conoció bien a Antonio Dorado Soto. Fue alumno suyo a finales de los años 50 del siglo pasado en el Seminario de Toledo. Cuando Paredes se vino a Cádiz en el año 1973, como profesor de Filosofía y Sociología de la Escuela Universitaria Josefina Pascual, Antonio Dorado acababa de ser nombrado obispo de Cádiz y Ceuta, y su antiguo alumno se ofreció a ayudarle "en lo que hiciera falta como sacerdote". Entonces, le destinó a la parroquia de San José con el padre Camilo y en 1981 le nombró rector del Seminario, que entonces estaba en Sevilla, donde permaneció hasta 1993, año en el que se fue acompañando a Antonio Dorado cuando le nombraron obispo de Málaga.

En esta capital andaluza, Paredes ejerció su labor de sacerdote en la parroquia de Santa María Estrella de los Mares, que se encuentra frente al aeropuerto, y al mismo tiempo fue delegado diocesano de Medios de Comunicación. Cuando se jubiló, en 2017, regresó a su pueblo natal: La Estrella, en Toledo.

Juan Antonio Paredes estuvo hace unos días en Cádiz para dirigir unos ejercicios espirituales a las monjas franciscanas del Rebaño de María y, aprovechando su estancia en la capital gaditana, presentó su libro Al servicio de Dios y del hombre: Antonio Dorado Soto en el Ateneo de Cádiz. Próximamente lo presentará también en Málaga.

Del que fuera obispo de Cádiz y Ceuta, Paredes quiere resaltar varios aspectos: "Primero, que era un hombre de Dios, un gran creyente; segundo, su confianza en el Espíritu Santo y por consiguiente, en el Vaticano II, y tercero, su apuesta por el apostolado de los seglares, la participación de los seglares en la vida de la Iglesia”, concluye.

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