Cádiz

La huella de un abandono

  • DIARIO DE CÁDIZ recorre las dependencias del viejo Valcárcel, cerrado desde hace quince años

  • La actuación de la UCA salvará el edificio de un estado de ruina

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En el aula de lectura del viejo Valcárcel aún quedan libros. Sus cubiertas han sobrevivido a duras penas al silencio y al abandono, al polvo y también a la colonia de palomas que se ha adueñado de un edificio en el que se percibe, entre el hedor a podredumbre, ese aire que conservan los lugares donde miles de niños y niñas se han hecho mayores. Nada más cruzar sus puertas, los ojos se posan en uno de los ejemplares polvorientos que se apiñan en sus estanterías: Mientras la ciudad duerme, de Frank Yerby. El título parece colocado allí expresamente para dar la bienvenida a los visitantes. Porque, mientras Cádiz dormía, Valcárcel se ha convertido en un inmenso escombrero en un enclave paradisiaco.

El histórico edificio, pese a contar con los más altos grados de protección por tratarse de una joya arquitectónica, ha sufrido todo tipo de tropelías a lo largo de su historia. Durante su azarosa vida le han ido añadiendo desde anexos para instalar los antiguos talleres, que se muestran ahora repletos de escombros, enseres abandonados y excrementos de palomas, y donde, en el futuro, deberían instalarse las aulas más grandes de la Facultad de Ciencias de la Educación; hasta edificios adosados a su fachada trasera donde se instaló hasta su traslado a Zona Franca la Escuela de Hostelería Fernando Quiñones. Precisamente es la zona de los talleres la primera que Diario de Cádiz recorre junto a representantes de la Universidad de Cádiz, si exceptuamos un somero vistazo desde la puerta de entrada al otrora salón de actos, donde hoy día es, literalmente, imposible entrar si se tiene la aspiración de seguir respirando sin necesidad de mascarillas. Porque ese salón de actos, tan visitado en su día, es ahora una inmensa montaña de suciedad. Las palomas, que se cuentan por centenares en Valcárcel, no encuentran mejor distracción que dejar su rastro más repulsivo por todas las estancias del edificio. Esta huella se hace más patente conforme se sube por sus plantas, todas igual de calladas, igual de sucias. A más altura, más palomas, y más suciedad.

Del salón de actos desaparecieron las butacas y el escenario fue totalmente desmantelado. Puede ser algo normal en una operación de desalojo, pero ya no lo es ver como el falso techo se ha desplomado dejando a la vistas la estructura de hierro y madera, que en el suelo forma una masa con kilos y kilos de residuos.

Actualmente hay dos grandes problemas que afrontar para devolver a la vida al edificio. Uno es que está habitado por cientos de palomas, que han convertido todo el suelo en un manto de excrementos, que en algunos casos se elevan varios centímetros de altura. Otro, el de las humedades, especialmente grave en algunas salas que se localizan en el ala derecha del edificio, la que da a la zona deportiva.

El área de Infraestructuras de la UCA ya ha estudiado todo el edificio, incluso ha clausurado posibles aperturas a través de las cuales se podían colar en la institución. Más allá del estado del ala izquierda y el estado calamitoso del salón de actos, el edificio se encuentra estructuralmente todo lo bien que puede estar un inmueble tan antiguo que lleva tres quinquenios abandonado.

Alerta el estado de suciedad, tanto por el efecto de las palomas como por la acumulación de mobiliario dejado tras el cierre del colegio y, también, por los ocupas de Valcárcel Recuperado. Para poder ir sacándolos, la UCA ha abierto una puerta en la zona de talleres que da al patio y por la que pretende que los camiones puedan moverse sin causar excesivas molestias a los viñeros.

Ante esta situación, el área de Infraestructuras de la UCA plantea una actuación en tres fases. La primera se centraría en la desinsectación y desratización de todo el edificio; a continuación se procedería a la retirada de enseres (hay cientos de kilos en las naves de los talleres), para terminar con una limpieza de todo el complejo. A la vez habrá que cerrar todos los huecos existentes para evitar la entrada de las palomas que, además de la suciedad, provocan daños en el edificio. Todo ello va a suponer una elevada inversión económica y de tiempo, pero absolutamente necesaria porque si no sería inviable empezar las obras de transformación del Valcárcel en la nueva sede de la Facultad de Ciencias de la Educación.

Diario de Cádiz recorrió el histórico Valcárcel el pasado lunes. Ya la visión casi fantasmagórica de su antaño solemne teatro nos puso en sobreaviso de todo lo que nos íbamos a encontrar.

Las naves que en su día se utilizaron como talleres formativos están llenas de enseres de todo tipo, especialmente de las camas de la residencia educativa. El proyecto definitivo de la futura Facultad fijará si los talleres se mantienen o se construye una nueva estructura. En todo caso, se ha reforzado la fachada que da al antiguo patio de deportes para evitar su derrumbe.

Junto a los libros olvidados en la vieja biblioteca, los ocupas de Valcárcel Recuperado dejaron tras su obligada marcha, juguetes, ropas, discos... Como vestigio de tiempos pasados descansan ordenadores junto a prehistóricas máquinas de escribir.

Como ejemplo de la conexión del Valcárcel con el vecino barrio de La Viña, una sala sirve como trastero de los enseres de un pasado entierro de la caballa.

Durante nuestro recorrido nos topamos con numerosos cadáveres de palomas. De algunos solo queda el esqueleto. Pegadas al suelo hay tanto excremento que en algunos lugares se ha solidificado, dando la sensación que se pisa sobre tierra yerma, resquebrajada por la sequía. Pero lo que verdaderamente ha asolado Valcárcel ha sido una larguísima sequía de proyectos, una inacción impropia de una sociedad organizada. Viendo la dejadez de un edificio con tanta historia uno se pregunta si no sería momento de empezar a reclamar responsabilidad a políticos y a los propietarios legales del edificio. Porque si hasta el más humilde morador de Cádiz tiene que pasar una Inspección Técnica de Vivienda, ¿por qué no se ha realizado un mantenimiento mínimo en Valcárcel que evitase su conversión en un lugar insalubre, foco de enfermedades para quienes se aventuren a avanzar por sus estancias?

Pendiente de la limpieza de todo el complejo, la Universidad ya está trabajando en el proyecto de remodelación del edificio, para el que la Junta de Andalucía reservó en su día 700.000 euros. Entre el adecentamiento del conjunto y el inicio de las obras quedará un paso intermedio: las obligadas prospecciones arqueológicas, obligadas en cualquier actuación en el casco histórico. De ello se va a encargar el propio Departamento de Arqueología de la UCA, que cuenta con el correspondiente permiso de la Consejería de Cultura.

Hay que tener en cuenta que el antiguo hospicio se levanta en parte sobre el trazado de la canal romana que conectaba La Caleta con la Bahía, por lo que lo más posible es que se encuentren restos de la época en una zona sobre la que apenas se ha investigado.

Nuestra visita acaba en la azotea, a la que accedemos por una frágil escalera de madera podrida. Allí habita otra colonia, esta vez menos tóxica pero más agresiva: gaviotas. En esta época del año han anidado, por lo que solo vernos aparecer comienzan a insultarnos en su idioma, con graznidos que se tornan más amenazadores conforme su vuelo va perdiendo altura. Al principio pasan a una decena de metros de nuestras cabezas, luego, perdida ya toda vergüenza, tenemos que agacharnos para evitar sus frenéticas embestidas. Desde allí, desde la zona más alta de la construcción, con el paraíso caletero al fondo custodiado por un castillo hembra y otro varón, uno se imagina a un Hitchkock de sonrisa socarrona desde allá donde se encuentre pensando que no estaba tan loco cuando rodó Los Pájaros.

Igual también se le pasa por la cabeza que la auténtica locura es haber permitido que un edificio de tanto valor haya llegado a tal nivel de deterioro.

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