El extramuros y la batería del romano

Localizada bajo el actual parque Celestino Mutis y también conocida como "del pozo del romano" o "de la Punta de la Vaca", se podría intentar recuperar los restos como espacio cultural dentro de la zona verde

Imagen que presenta actualmente el parapeto de una de las baterías que se localizaban en Extramuros, la de la Primera Aguada
Imagen que presenta actualmente el parapeto de una de las baterías que se localizaban en Extramuros, la de la Primera Aguada

16 de septiembre 2012 - 01:00

El 25 de agosto de 1812, levantaba el ejército francés el Primer Sitio de Cádiz. En esta victoria españolas, la configuración 'natural' de las islas gaditanas fue algo fundamental. Dentro de ella podemos diferenciar varios espacios: la marisma donde se localizaban las salinas; la isla de San Fernando; el istmo arenoso que culminaba con el Castillo de la Cortadura, los Extramuros de Cádiz, y la ciudad en sí.

Si nos centramos en los Extramuros, varios son los investigadores que han llamado la atención sobre su importancia y trascendencia, a pesar de ser zona dedicada a huertas y tierras de labor. En la orilla del interior de la Bahía, la principal defensa es el castillo de San Lorenzo del Puntal que avanza en su centro, siendo el punto más cercano a Matagorda (Puerto Real) donde estaba el frente enemigo francés. Entre El Puntal y la fortificación de Puerta de Tierra, se distribuían tres baterías de apoyo: la del Romano en la Punta de la Vaca (Parque Celestino Mutis), a la que le seguía la de la Primera Aguada (en la trasera del Colegio Villoslada) y la Segunda Aguada (al final de la avenida de Portugal), guardando entre sí una distancia aproximada de 600 metros. Su capacidad inicial era para seis cañones, aunque durante la Guerra de Independencia sólo estaba abastecida con cuatro.

Forman parte pues de un escenario, en el que se inscriben como piezas fundamentales para que generaciones futuras comprendan con mayor claridad el desenlace final de los hechos. Por tal motivo, me encuentro entre los partidarios de la Ruta del 12 para el Extramuros, defendida por Hilda Martín y José Manuel Hesle, que se plantea señalizada y documentada con paneles explicativos. Propuesta que ha de ir acompañada con la impresión y difusión entre el vecindario de los dos cuadernillos que con el subtítulo De Puerta de Tierra a Cortadura, forman parte de Cádiz y los lugares del Doce, que fueran editados por el Consorcio del Bicentenario y de los que es autora la misma historiadora, Hilda Martín.

Hoy día los restos de parte del parapeto de la batería de la Primera Aguada sobrevive a duras penas en la salida del aparcamiento de una gran superficie. La Segunda Aguada estuvo originalmente al final de la Avenida de Portugal esquina a la del Perú, y hace ya algunos años su parapeto fue trasladado a la cercana Plaza de Santa Ana (se aconseja el trasplante del árbol que se le ha adosado a sus muros, por el futuro bien de los dos dada la evolución de su rápido crecimiento).

La última de estas baterías es del Romano, también referida como del pozo del romano o de la Punta de la Vaca. Los datos sobre ella apuntan a que ya existía al menos en 1724 y que sufrió grandes daños en el maremoto de 1755, por lo que tuvo que ser reconstruida. Se piensa que fue desmochada para los desmontes de la Exposición Marítima de 1887, sin embargo su localización se representa en un plano posterior de 1910. Nos podemos plantear con ello la posibilidad de que parte de su cimentación y parapeto pueda perdurar aún dentro del recién inaugurado Parque Celestino Mutis. ¿Tan difícil sería abrir una zanja para valorar si quedan restos, para en su caso recuperarlos como espacio cultural dentro de aquel recinto público? ¿Sería posible denominar a la rotonda cercana de astilleros como "de la batería del Romano"?

Esta ruta de Extramuros se complementaría a su vez con otros edificios relevantes de la zona, como la misma iglesia de San José o el Real Hospital de la Segunda Aguada, que con tanto acierto ha estudiado Francisco Javier Ramírez Muñoz; sumándole todo lo que se sabe de los Voluntarios Distinguidos de Extramuros (lechuguinos o perejiles).

Historia que tendría su continuación en el Segundo Sitio de Cádiz, ocurrido entre junio y octubre de 1823, cuando el nuevo cerco francés corría a cargo de Los Cien Mil hijos de San Luis. Fue entonces cuando llegado el mes de septiembre el Gobernador Militar gaditano, para una mejor defensa de la ciudad y en previsión de un ataque, ordenó que en el Extramuros se derribaran los vallados, se quemaran las casas y se arrasaran las huertas. Ante el incumplimiento de la población el día 20 dio un plazo de cuarenta y ocho horas para ejecutarlo; apuntan las crónicas que "fueron derribadas en este barrio más de 200 casas y 50 edificios que servían de almacenes, pérdidas que ascendieron a 10 millones de reales".

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