La urbanización de Los Chinchorros

Una espera de medio siglo para arreglar Los Chinchorros

  • Hasta ahora los planes de reforma o bien habían fracasado o se alargaban durante años su desarrollo

El diseño del conjunto residencial Nuevo San José El diseño del conjunto residencial Nuevo San José

El diseño del conjunto residencial Nuevo San José / D.C.

Los Chinchorros daba nombre a una casa, en el número 9 de Marqués de Cropani, que desapareció en 1993 con las primeras obras de reordenación del barrio. Mejor que llamar a la zona con la larga denominación de "polígono de San Juan Bautista" se acabó por extender Los Chinchorros al conjunto de este viejo rincón de pescadores, profesión de la mayoría de sus vecinos hace dos siglos.

El barrio fue uno de los pocos barrios asentados en unos extramuros llenos de granjas, villas y muchos descampados.

En el proceso de expansión de la ciudad tras la apertura del frente de la Puerta de Tierra y el derribo de los glacis, a partir de la década de los 40 del pasado siglo, San José (que se extendía junto a la actual avenida de Portugal y las calles anexas) se mantuvo como uno de los últimos ejemplos de la historia pasada de extramuros.

La primera operación sobre la zona data de 1961 cuando el Ministerio de Vivienda diseña una remodelación del barrio de San José en la que eliminaba 152 viejas casas. El plan preveía para todo el polígono 1.225 nuevas viviendas. El proyecto apenas si se ejecutó centrándose sobre todo en el entorno de la avenida de Portugal y todo el frente del colegio de Salesianos, donde se levantaron bloques de pisos y de oficinas. El Ayuntamiento de José León de Carranza dejó para más adelante la continuidad de esta operación, asumiendo la necesidad de su derribo muy directamente relacionado con la clausura del cementerio, que ya en la década de los sesenta presentaba problemas de saturación.

La llegada de la democracia trajo cambios sustanciales en el concepto del urbanismo en la ciudad. El Plan de Ordenación de 1984 cortó de lleno la destrucción de nuestro patrimonio histórico no sólo en el casco antiguo sino también puso las bases para parar el descontrol en el que se había convertido el desarrollo de extramuros.

Así, creó un área claramente proteccionista en San Juan Bautista, entre las calles Dorotea y Callejón del Blanco, Marianista Cubillo y entre la avenida de Andalucía y el cementerio. La apuesta, reconociendo "los visos de marginalidad" en las viviendas de la zona, conjugaba el uso residencial con el industrial de tipo casi artesanal y la posibilidad de crear equipamientos en la zona e incluso se consideraban a las calle Arcángel y San Miguel como vías proteger.

Esta idea de proteger la historia de nuestro urbanismo apenas tuvo efecto. En la década de los noventa se actuó en la manzana de Pereira y Marqués de Cropani, donde comenzaron a levantarse las primeras promociones públicas y privadas. Entre la avenida de Portugal y la plaza de Árbol también se inició el derribo de las casas bajas, aunque a un ritmo también pausado y pendiente de una ordenación que preveía la construcción de una nueva avenida que uniese esta plaza con María Auxiliadora, a modo de alternativa de la Avenida y teniendo en cuenta que el soterramiento del tren aún no se planteaba.

El nuevo Plan Urbano de 1995 introdujo significativos cambios en la reordenación de San Juan Bautista. Ya no había calles centenarias protegidas ni espacios para mantener la industrial artesanal propia de este barrio. Por el contrario, el anexo Arcángel San Miguel debía convertirse en un coqueto bulevar que culminaba en el gran parque que iba a sustituirlo recién cerrado cementerio de San José.

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