Un gaditano, promesa de la Arquitectura Un edificio de Cádiz para reutilizar, más que para tirar

  • El joven arquitecto gaditano Miguel Ángel Sastre ha centrado su trabajo de fin de máster en la recuperación de Náutica

Miguel Ángel Sastre en una exposición pública del proyecto en The Barlett School of Architecture de Londres. Miguel Ángel Sastre en una exposición pública del proyecto en The Barlett School of Architecture de Londres.

Miguel Ángel Sastre en una exposición pública del proyecto en The Barlett School of Architecture de Londres.

Su insultante juventud no es óbice para que su opinión sea válida. Habla como arquitecto. Es más, como arquitecto gaditano. Es más, como arquitecto gaditano que ha centrado su trabajo fin de máster en las posibilidades que ofrece un edificio como el de la Escuela Náutica de Cádiz.

Sus 23 años (24 en abril) casi impiden a Miguel Ángel Sastre tener algún tipo de ligazón sentimental con el inmueble que se levanta frente a la playa de La Caleta. Su emblemática ubicación y “su gran parecido con un barco que aparece encallado en la playa” son los principales motivos por los que Sastre ha optado por volcar parte de sus esfuerzos e investigaciones en buscarle los posibles usos a un edificio dormido o “aletargado”, como él dice, como es la Escuela Náutica de Cádiz.

Entre sus planes no está el derribo, principalmente porque habla de que a nivel global existe una tendencia que se basa en la idea de que es preferible “reutilizar lo que ya existe en lugar de construir nuevas estructuras. Siempre es bueno reutilizar antes que derribar, sobre todo por un tema de sostenibilidad”, comenta Miguel Ángel Sastre.

Este arquitecto gaditano hizo la carrera en Sevilla y está a falta del máster habilitante que ahora mismo cursa en la Universidad Europea de Madrid. Ya en su trabajo de fin de grado hizo un estudio sobre la evolución de la obra del soterramiento.

Pero ahora le toca al edificio de la Escuela Náutica, sobre el que dice que es uno más de los muchos “edificios dormidos” con los que cuenta la ciudad. Su singular e idílico enclave fue el motivo para la elección de este inmueble.

Cuenta que en la protección de grado 3 que pesa sobre el edificio no debe ser un problema para su recuperación, ya que las restricciones arquitectónicas tan sólo afectan a la forma de la fachada, a los huecos, al puente de mando y, como mucho, al mástil que figura en la entrada al recinto.

En cuanto al estado de salud y preguntado sobre si considera que se trata de un “edificio enfermo”, Miguel Ángel Sastre incide en que ese concepto responde a otras cuestiones.

Ahí es donde hizo referencia a los últimos informes oficiales que datan de 2007, con la autoría de la empresa Vorsevi. “Esos informes vienen a decir que el edificio no está mal del todo, quitando ciertas partes. Es cierto que el edificio tiene zonas en mal estado, sobre todo la parte de la antigua residencia que sí está destrozada. Otros puntos de la estructura sí se pueden reutilizar con ciertos refuerzos”.

El arquitecto gaditano incide en que el problema es que el edificio tiene las estructuras corroídas por culpa de la salinidad y porque muchas de las construcciones que datan de los años 70, usaban un hormigón sin demasiado control de calidad. A eso se le añade que, al parecer la arena que se utilizaba no era una arena especial como ocurre ahora. “Todo esto hace que el edificio tenga los problemas que ahora tiene”. “Pero lo más importante –según Sastre– es que los últimos informes son de hace más de diez años y en ese tiempo, el estado estructural puede haber cambiado por completo”.

Y es evidente que este arquitecto gaditano se refiere a que la situación se ha agravado, sobre todo, por la falta de mantenimiento desde que se cerró de manera definitiva hace 12 años. A pesar de ello considera que no existe peligro de derrumbe. “El edificio lo que no permitiría es darle un nuevo uso sin antes desarrollar un proyecto serio desde el punto de vista arquitectónico”.

A la pregunta sobre si considera que el edificio es recuperable, Miguel Ángel Sastre indica que “dependen del enfoque. Como arquitecto puedes hacer casi lo que quieras. Puedes optar por una intervención conservando la máxima estructura y variar poca cosa, o bien abordar una intervención más a fondo pero conservando los aspectos más importantes del edificio. Cambiar sólo los tabiques no tiene sentido porque es un inmueble que tiene muy poco valor de puertas para adentro. El valor es su exterior”.

En cuanto a los posibles usos, Miguel Ángel Sastre cree que, por la forma que tiene el edificio y por su ubicación encajaría bien un uso vinculado al mar. “Zonas expositivas, de docencia, de investigación, así como zonas gastronómicas”. En cuanto al modelo económico para su gestión, el joven arquitecto gaditano apuesta por un modelo híbrido en el que encaje el capital privado y el público. “Son incluso inversiones privadas en edificios públicos. Depende también de los usos que se le quiera dar, aunque es importante que cuanto más usos tenga, mejor que mejor, así se garantizará durante más tiempo su supervivencia”.

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