Los desconocidos poderes del lenguaje
El Instituto de Lingüística Aplicada de la UCA se fundó en el año 2014. Desde entonces desarrolla una importante labor de investigación en diversas áreas
La UCA, premio a la mejor iniciativa en la plataforma AI Skills for Education
En el edificio Simón Bolivar de la Universidad de Cádiz, de la Universidad de Cádiz, concretamente en la segunda planta, se ubica el Instituto de Lingüística Aplicada (ILA). Este organismo, fundado en el año 2014, puede pasar desapercibido entre tantos vicerrectorados, facultades, gabinetes, departamentos, centros de investigación y servicios, pero desarrolla una interesante e importante labor en distintas áreas.
Carmen Varo, secretaria del ILA, y María Jesús Paredes, coordinadora del Gabinete de Lingüística Clínica, nos cuentan los entresijos de un centro que dirige el catedrático Miguel Casas.
Son varios los gabinetes y laboratorios en los que el ILA desarrolla su actividad. Existe el Gabinete de Industrias de la Lengua, donde residen “las dos líneas que son casi fundacionales: la terminología y la neología, que han servido para impulsar el instituto”, señala Carmen Varo. También está el Gabinete de Asesoría Lingüística, el de Lingüística Clínica y el Gabinete de Lingüística Forense.
En cuanto a los laboratorios, se puede encontrar el de Fonética e Ingeniería Acústica; el Laboratorio de Lingüística Experimental y el de Lingüística Computacional y Digital.
Con una vertiente investigadora que se ramifica entre todos ellos, el Instituto de Lingüística Aplicada de la UCA ha puesto en marcha varios proyectos. Uno de ellos está enfocado a las enfermedades raras. “Hablamos de alteraciones genéticas desconocidas o incluso de síndromes que ni siquiera tienen nombre. Hemos trabajado con niños del hospital Punta de Europa, en Algeciras. Son menores que tienen problemas en el lenguaje y que, normalmente, van acompañados de dificultades motoras, cognitivas, etc. Nosotros podemos identificar otros problemas: de atención, de memoria, de gestión emocional... Ayudamos a las familias en el diagnóstico a partir del perfil lingüístico. La gran hipótesis que planteamos es como, a través del lenguaje, podemos llegar a otros trastornos”, subraya Carmen Varo.
La secretaria del ILA incide en la importancia del trabajo que desarrollan. “Todos queremos saber lo qué nos pasa, ponerle un nombre, pero no sirve de nada si no entiendes lo qué ocurre. Y si tienes una descripción de cómo es tu lenguaje, hasta dónde puedes llegar, dónde tienes que trabajar más, eso te va a ayudar mucho más que simplemente tener un nombre”.
La información que se obtuvo de esos niños resultaron de pruebas de electroencefalografía, datos de registro ocular y del habla. “Hablamos con ellos, tenemos un registro de esas conversaciones y nos fijamos en una serie de marcadores que son fundamentales para entender si hay problemas pragmáticos, gramaticales, léxicos... Se ve todo”, apunta Carmen.
Para la secretaria del ILA, este es un punto fundamental de su labor. “La conversación es lo que nos da más información a los lingüistas, más que lo experimental, que está muy bien porque son datos objetivos. Pero a mí me sirve más hablar un rato con ellos porque tienes esa sensibilidad que no captan otros especialistas y con la que podemos complementar. Porque si yo ya sé que hay una alteración procedimental a la hora de construir oraciones y luego veo disfunciones motoras, pues casa muy bien y lo relaciona todo”.
El desarrollo del lenguaje es fundamental para detectar patologías, trastornos o enfermedades. En ello interviene la lingüística clínica. María Jesús Paredes, coordinadora de este gabinete en el ILA, explica que trabaja “con el hospital Puerta del Mar, el de Puerto Real y Jerez y con asociaciones de enfermos de Alzheimer, Parkinson, Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), enfermedad de Huntington... El lenguaje ya se ha convertido en un biomarcador. O sea, a partir determinadas pruebas lingüísticas puedes sumar al diagnóstico. Muchas veces hay enfermedades que debutan con un tema lingüístico. Por ejemplo la ELA debuta con temas fonéticos. Lo primero que se nota es que la persona afectada no habla igual. Al enfermo de ELA le cuesta más trabajo hablar y no pronuncia bien la R, la A, nasaliza las N y entonces acude al otorrino pensando que le ocurre algo en la garganta y resulta que tiene una enfermedad motora y neurodegenerativa. El análisis del lenguaje puede servir como diagnóstico precoz. Es una herramienta más”, afirma la coordinadora del Gabinete de Lingüística Clínica.
Otro de los proyectos del ILA, concretamente de este gabinete, es la aplicación de un software de realidad virtual para la recuperación verbal de las personas con Parkinson. “Estamos en la red mundial de enfermedades neurodegenerativas y lenguajes y realizamos un proyecto que sirve para mejorar el movimiento de estos enfermos a la vez que su lenguaje, porque está absolutamente demostrado que el tema motor tiene mucho que ver con el lenguaje”.
La colaboración entre distintos profesionales es importantísima para llegar a la recuperación, mejora o tratamiento de los pacientes. “Llevo años colaborando con el jefe de Neurología del hospital Puerta del Mar, Raúl Espinosa. También tenemos contacto con logopedas, ingenieros acústicos, genetistas, otorrinos, asociaciones de enfermedades neurodegenerativas...”
Un campo de acción amplio y relacionado que trata desde niños prematuros hasta ancianos, aunque con distintos enfoques. “Una cosa es hablar de diagnóstico y otra de mejora. Si hablamos de enfermedades neurodegenerativas, sabemos el panorama que tenemos. Es interesante el diagnóstico precoz pero también saber cómo ayudar a esos enfermos en la comunicación funcional. Si yo no puedo acceder a una palabra porque tengo anomia, buscas un circuloquio, una palabra parecida. ¿Qué hacemos nosotros? ¿Les obligamos a decir la palabra concreta o buscamos vías de acceso a la comunicación alternativas? Por eso digo que una parte importante es el diagnóstico precoz, para saber a qué nos enfrentamos, y otra cosa es ayudar al enfermo en su día a día, ver hasta dónde puede llegar la comunicación funcional y no obligarle a enfrentarse a ese problema una y otra vez. No hay que forzar la máquina. Ahí es donde entra la lingüística, porque tiene ese sensibilidad hacia el lenguaje. Por eso otro de nuestros campos de acción son los niños con espectro autista, porque no entienden las bromas o las metáforas, por ejemplo”, mantiene Carmen.
Existe un proyecto conjunto entre varios especialistas que tiene que ver con los bebés prematuros. “Esos niños pasan periodos prolongados en incubadoras, imagínate el ruido que hay en esos entornos. Eso puede conllevar problemas de percepción, cuando el desarrollo del sistema auditivo es fundamental en el primer año de vida. Están escuchando ruidos constantemente. La idea parte de los ingenieros acústicos y se trata de crear un tipo de incubadora que genere menos ruido. Nosotros entramos en la parte del déficit perceptivo, si eso va a afectar al desarrollo del lenguaje. Hacemos un seguimiento a lo largo de los años para ver cómo avanzan esos niños... Participa un equipo multidisciplinar de audiólogos, psicólogos, neonatólogos, ingenieros acústicos, lingüistas...”, expone la secretaria del ILA.
Y es que el lenguaje “es una ventana que te permite ver muchas cosas. Te permite ver el movimiento, si hay un problema motor, de memoria, de atención. El lenguaje te permite ver de dónde viene una persona, en qué zona geográfica ha nacido, qué dialecto habla, su nivel sociocultural... En lingüística forense funciona como una huella porque a través del lenguaje se pueden rastrear muchas cuestiones del individuo. La voz es un marcador importante. Muchas veces se ha localizado a una persona, el lugar del que procede, porque mandaba un mensaje amenazante y usaba unos términos muy concretos. También se puede identificar la autoría y la gestión de plagios”, relata María Jesús.
Otra de las patas del ILA es el Gabinete de Asesoría Lingüística, enfocado a ayudar a comunicar de una manera correcta, adecuada y estratégica. Una de sus funciones es la modernización del lenguaje administrativo. Otro de sus cometidos es la vigilancia del lenguaje. “Las lenguas están vivas, cambian, pero lo que tenemos que hacer es ver que no haya un empobrecimiento. Cuantos más precisos seamos a la hora de hablar y más palabras tengamos para especificar, más ricos somos. El papel del lingüista es observar pero no imponer ni intervenir”, concluye Carmen.
Un Grado, un programa de Doctorado y dos másteres
La UCA cuenta, entre su oferta académica, con el Grado en Lingüística y Lenguas Aplicadas que se imparte en la Facultad de Filosofía y Letras. Por su parte, el Instituto de Lingüística Aplicada tiene un Programa de Doctorado en Lingüística, único en Andalucía; y un Máster Universitario en Ciencias del Lenguaje y sus Aplicaciones y un Máster en Comunicación Internacional. Los perfiles de los alumnos son muy variados. Estudiantes que realizan un doble Grado, compaginando Lingüística con otra carrera, normalmente Filología; mientras que en los másteres y el doctorado se van incorporando estudiantes de otras titulaciones como Psicología, Criminología, Derecho, Audición y Lenguaje o Informática. El equipamiento científico del ILA ha ido creciendo con los años y dispone de una cámara semianecoica, una cámara reverberante, una sala eye-tracking, una sala de electroencelografía, una sala de evaluación del lenguaje y un laboratorio de idiomas, entre otros.
También te puede interesar
Lo último