La crisis no sabe de parroquias
Los sacerdotes Antonio Torrejón Colón, Óscar González Esparragosa y Salvador Rivera Sánchez: nueve meses al frente de las iglesias de la Asunción, San José y San Antonio
Antonio Torrejón Colón, Oscar González Esparragosa y Salvador Rivera Sánchez, al frente de las iglesias de la Asunción, San Antonio y San José, respectivamente, son los últimos párrocos nombrados hasta ahora en la capital gaditana por el obispo diocesano, Rafael Zornoza, concretamente el pasado tres de julio. Acaban de cumplir sus primeros nueve meses al frente de las mismas, situados en tres zonas muy diferenciadas de la ciudad, pero en la que la crisis económica no ha hecho distinción alguna.
ANTONIO TORREJÓN COLON
"Una parroquia se hace año por año, cada uno pone sus cimientos y orienta al nuevo"
Antonio Torrejón Colón (Paterna de Rivera, 1942) lleva treinta años como párroco, si bien los últimos catorce ha sido el director espiritual del Seminario, en el que ingresó cuando tenía 13 años, Procede de una familia de nueve hermanos, que se vino a Cádiz cuando él contaba con siete años.
Su ordenación sacerdotal se celebró el 20 de enero de 1968 , junto con Jesús Guerrero Amores, actual párroco de la Iglesia Mayor (San Pedro y San Pablo) de San Fernando.
Un año antes, como diácono, estuvo destinado el verano de 1967 en la parroquia de San Juan de Dios de Ceuta, de la que luego fue nombrado coadjutor y en la que permaneció hasta 1970.
Como párroco se estrenó en Tahivilla, a 25 kilómetros de Tarifa, en cuya parroquia estuvo del 70 al 73, para al año siguiente ser destinado a El Carmen de La Línea, la ciudad campogibraltareña en la que luego asumió durante doce años la parroquia de San Bernardo Abad, que los últimos cinco compartió con la capellanía de la Residencia.
Después fue durante 12 años y seis días, de 1986 a 1998, párroco de la iglesia de Loreto, en la barriada del mismo nombre y, después de los 14 años como director espiritual en el Seminario, tiempo en los que se han producido 36 ordenaciones, vuelve a asumir una parroquia, en este caso la del Cerro del Moro.
Afirma que "en todos mis destinos me he sentido muy a gusto, pese a ser todos diferentes", si bien reconoce que "antes la parroquia era el centro de la vida en una ciudad, sobre todos para los jóvenes, el ambiente ha ido cambiando, pero siempre es gratificante, sobre todo si se pone voluntad, ilusión y entusiasmo".
Asimismo entiende que "una parroquia se hace año por año, cada uno va poniendo cimientos y el que llega nuevo se orienta en los que le precedieron, en mi caso Ángel Canca, que ahora está en Sevilla, y que realizó una buena labor".
La feligresía asciende a unas 8.000 personas y aunque la mayoría de los feligreses son mayores, van a a hacer este año la primera comunión 19 niños.
Sobre la situación económica del barrio destaca que "en un barrio obrero como este la crisis se hace aún más evidente, se aprecia más, porque afecta a muchas personas".
Su objetivo principal es "que Jesucristo sea cada vez más conocido y ayudar a las personas que me encuentro es ese camino, ampliando ese círculo a la juventud, para lo que hace falta tiempo, paciencia y que cada uno haga lo que le corresponde".
SALVADOR RIVERA SANCHEZ
"La iglesia nunca está vacía y celebramos una misa más los domingos, seis en total"
Salvador Rivera Sánchez (Cádiz, 1956) es sacerdote desde el 27 de junio de 1982 y su anterior destino fue la iglesia del Santísimo Cristo en San Fernando, donde ha sido párroco durante ocho años, tras haber estado otros seis al frente de la de La Sagrada Familia, en la barriada Bacán, también en la Isla.
Afirma que la parroquia del Cristo cuenta con una numerosa feligresía, con dos de las hermandades más destacadas de San Fernando, Veracruz y Afligidos, que precisamente el pasado 24 de febrero le concedió su insignia de oro.
Ahora está al frente de la de San José, creada en 1787, que ha sido su parroquia desde que tenía nueve años y donde cantó misa en junio de hace 30 años, por lo que destaca que es una parroquia que conoce, que también tiene mucha vida, en la que radican las hermandades del Rocío y la Divina Pastora, de las que es además director espiritual.
También pertenecen a la misma las cofradía salesiana del Despojado y la marianista de las Aguas y cabe destacar que la parroquia cuenta con siete grandes colegios religiosos, San Felipe, Esclavas, Rebaño de María, Salesianos y Salesianas, además de los públicos Carola Ribed y Reyes Católicos.
"La feligresía es parecida a la del Cristo de San Fernando en cuanto al nivel social, si bien en San José habitan más personas", dice, y añade que "en ambas la crisis económica se ha dejado notar y hay muchas personas que lo están pasando mal, como ya ocurría en la Isla, por lo que Cáritas ha tenido que redoblar su esfuerzos para ayudarlas en lo posible", resalta.
Al respecto señala que "en San José casi un centenar de familias, que ni se lo esperaban, se han convertido en nuevos pobres y por eso la labor de Cáritas se ha incrementado, contando para ello con la colaboración de los propios feligreses, que también está aportando para la restauración del templo, lo que ya está presupuestado, y queremos hacer varias mejoras, como volver a actuar en las bóvedas, además de recuperar las campanas y el órgano, porque en una parroquia no se acaba nunca".
Salvador Rivera destaca que su nueva parroquia mantiene un buen nivel en cuanto a afluencia de fieles, proliferan los cultos y "nunca está vacía".
Dice que incluso han tenido de celebrar una misa más los domingos, con lo que ascienden a seis, y apunta que desde que estaba al frente de la misma el sacerdote Camilo Valenzuela se mantiene ese nivel, "lo que hoy en día no es muy normal y por tanto es encomiable". Por eso dice que ha venido de una parroquia muy buena, de la que conserva un buen recuerdo, a a otra también muy buena, con un equipo de trabajo que responde, del que forman parte lo sacerdotes José Díaz y Miguel Ángel, capellanes del Hospital Puerta del Mar, y del que echa de menos al padre Mateo Silva Romero, canónigo del Cabildo Catedral, fallecido el pasado 6 de febrero a los 77 años, 50 de sacerdote.
OSCAR GONZÁLEZ ESPARRAGOSA
"La parroquia está muy bien organizada y con un equipo humano de mucha calidad"
Óscar González Esparragosa (Cádiz, 1956) se siente en su propia feligresía, ya que su familia residió en la calle Junquera, y llega a San Antonio "con la experiencia de haber trabajado en una comunidad numerosa y viva, la de San José, con unas 200 personas implicadas en la pastoral" .
Allí están la hermandad del Rocío, las marianista de las Aguas, la salesiana del Despojado, la Divina Pastora de Rebaño de María y la también salesiana María Auxiliadora, y ahora asume Columna y la Esclavitud del Santísimo, "que son un apoyo importante", en la parroquia en la que lo bautizaron y confirmaron, en la que recibió el acolitado y canto su primera misa, aparte de haberse celebrado en ella el 90 por ciento de los acontecimientos religiosos de su familia.
"Mi madre me traía aquí a rezar, cuando cerró acudía a los marianistas y regresé cuando el padre Vicente Gaona la volvió a abrir, especialmente a la juventud del barrio y la levantó, igual que hizo en la Catedral, porque se fiaba de los seglares".
Señala que la feligresía la forma menos gente que la de San José, una décima parte, que la media de edad es más alta y hay menos familias jóvenes. Destaca la organización y el equipo de seglares que hereda del anterior párroco, Enrique Arroyo, "con mucha calidad humana", por lo que asegura que ha sido fácil asumir el gobierno de la parroquia.
Respecto a la afluencia de personas dice que el iglesia está todo el día abierta, concretamente la puerta principal y la de San Antonio, ya que cuenta con mucha devoción, como San Juan, el Señor del Patio y San Antonio.
Afirma que le preocupa que el barrio, que ha pasado de ser de familias adineradas a otras modestas de trabajadores, se está viendo muy afectado por la crisis, ya que Cáritas ha pasado de atender a doce personas a casi el centenar.
"La gente responde con generosidad, pero no se pueden cubrir tantas necesidades y esa imposibilidad te decepciona y te deja muy mal, porque acuden a nosotros con esperanza", concluye.
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