“Crear una unidad de oncología fue un gran reto porque partíamos de la nada”

Eduardo Díaz-Rubio García | Presidente de la Real Academia Nacional de Medicina de España

Nacido en Cádiz en 1946, este reputado oncólogo fue uno de los pioneros en España para que se reconociera la especialidad en un momento en el que padecer cáncer era sinónimo de estar desahuciado

Ramón Reyes, presidente de la Asociación Española contra el Cáncer

El doctor gaditano Eduardo Díaz-Rubio posa en la sede de la entidad de la que es presidente: la Real Academia Nacional de Medicina de España.
El doctor gaditano Eduardo Díaz-Rubio posa en la sede de la entidad de la que es presidente: la Real Academia Nacional de Medicina de España. / RANME

Podría decirse, parafraseando a Machado, que los primeros años de la infancia del doctor Eduardo Díaz-Rubio son recuerdos de interminables tardes de juego en la plaza de Mina. Y es que este reputado oncólogo, que actualmente es presidente de la Real Academia Nacional de Medicina de España, nació en Cádiz en 1946 y vivió hasta los cuatro años en una casa, que también recuerda vagamente, en la calle Cánovas del Castillo. Su padre era por entonces catedrático de la Facultad de Medicina de Cádiz y, desde 1939 hasta 1950, vivió en la ciudad, en la que nacieron cuatro de los siete hijos de la familia. El doctor Díaz-Rubio, que lleva a gala haber nacido en Cádiz aunque por el traslado familiar a Sevilla y luego a Madrid vivió poco tiempo en la capital, estudió Medicina en la Universidad Complutense y fue, entre las décadas de los años 70 y 80, un comprometido oncólogo que logró, junto a otros colegas, que la especialidad se reconociera en España en un tiempo en el que tener cáncer suponía estar prácticamente desahuciado. A sus 79 años, ya retirado, Eduardo Díaz-Rubio sigue proponiendo avances públicos en el ámbito oncológico y usa para ellos, incluso, la Inteligencia Artificial.

Pregunta.–¿Por qué se especializó en oncología?

Respuesta.–Cuando terminé Medicina, inmediatamente me puse con una tesis doctoral sobre tumores y, además, relacionada con el tema de la inmunología. Fue cuando vi que en España, en ese momento, no se hacía una oncología de vanguardia y que tenía que aprender muchas cosas también de inmunología. Y por ese motivo me fui a París, donde estuve tres años, haciendo la especialidad. A la vuelta es cuando la instauro en España, con dificultades en aquellos momentos. Entonces, varias personas comenzamos en España a hacer oncología y, al final, se consiguió que se desarrollara completamente.

P.–Estamos hablando de la década de los 70.

R.–Sí, yo terminé Medicina en 1970, me fui a Francia y volví al Hospital Clínico San Carlos, que en aquella época era el único hospital que tenía la Universidad Complutense.

P.–Parece que ha ejercido usted la profesión en una etapa apasionante de la medicina en general y de la oncología en particular. En el subtítulo de su discurso de ingreso en la Academia que ahora preside decía que se había pasado “desde la nada a la esperanza”, como si dibujara su propia trayectoria de oncólogo.

R.–Sí, van paralelas. No cabe duda de que en aquel momento en el campo de la oncología no se hacía absolutamente nada. Los pacientes estaban prácticamente desahuciados desde el mismo momento en que se les decía que tenían cáncer… Bueno, se le decía a la familia... Entonces, pues poco había que hacer; o bien el cirujano conseguía extirpar lo que pudiera, o poco más había que hacer en aquella época. Entonces hubo que cambiar la mentalidad de todo el mundo; de decir, oiga, podemos hacer cosas, que están empezando a aparecer fármacos quimioterápicos y tenemos que desarrollar una especialidad que se ocupe del paciente con cáncer. Porque si no, una vez que estaba diagnosticado, se perdía interés por el paciente, que quedaba bastante a merced de algún médico que se ocupara de él, pero en un sentido simplemente de paliación de la enfermedad. Crear una unidad de oncología fue un gran reto porque partíamos de la nada.

En ese sentido, fui pionero, junto con otras personas, en el desarrollo de la especialidad en España. Entonces, de la nada a la esperanza era de la nada, desde luego, de la oncología y desde la nada también de lo que podíamos ofrecer a los pacientes con cáncer de colon en aquella época.

P.–¿Esa ha sido su especialidad?

R.–Bueno, los oncólogos somos transversales y nos ocupamos de todas las enfermedades con cáncer. Pero luego, a la hora fundamentalmente de hacer investigación y hacer estudios de ensayos clínicos, pues poco a poco uno se va, digamos, inclinando por una determinada enfermedad. Cuando se crearon los servicios, todos los oncólogos hacíamos de todo. Pero hoy en día, uno no puede abarcar todos los cánceres. Ya nos hemos ido dividiéndolo en unidades y, por tanto, haciendo una medicina mucho más de experto, no tanto ya de especialista como de experto en la materia.

P.–Y eso habrá redundado en beneficio de los pacientes.

R.–Claro, muchísimo, por muchos motivos. Primero porque al tener un criterio concentrado y estar estudiando todo el día sobre una materia, el médico está mucho más preparado. Pero, al mismo tiempo, empieza a tener relaciones. Tuvimos que hacer en aquella época muchas relaciones con países extranjeros para traernos ensayos clínicos. Poco a poco, el experto va teniendo acceso al ensayo clínico y a tratamientos que pueden no estar reconocidos, pero que le permiten adelantarse a su época. Eso fue fundamental y es fundamental en el momento actual. Aparte del trabajo conjunto con otras especialidades, lo que llamamos comité de tumores, con un radioterapeuta, con un cirujano, con un radiólogo, con un patólogo... Es decir, que realmente es un trabajo ahora mismo de grupo, multidisciplinario. La enfermedad se va haciendo cada vez más compleja y en la medida que vamos progresando y teniendo nuevos datos, surgen nuevas oportunidades y nuevas esperanzas.

P.–¿Y costó mucho que el Sistema Nacional de Salud fuera introduciendo esta otra visión acerca del cáncer?

R.–Sí, costó mucho. Era como llegar a una casa en donde uno es el séptimo o el octavo hijo y ya está todo ocupado. No hay ninguna habitación libre para uno. Y entonces, poco a poco, te tienes que ir haciendo, con humildad, con trabajo, con conocimiento, estudiando, pues poco a poco te tienes que ir haciendo valer en esos hospitales de entonces donde no había ninguna habitación dedicada a oncología. Y construir zonas de consulta, construir hospitales de día, tener una zona de hospitalización exclusiva de oncología... Todo eso fue una lucha de muchísimos años. Hoy no nos damos cuenta porque ya lo tenemos, pero fue una lucha de muchísimos años. Y muy bonita, porque estabas intentando conseguir cosas para mejorar la atención al paciente.

P.–Y veo que sigue usted insistiendo en esa línea. En la última conferencia que ofreció en la Academia de Medicina habló de una prueba diagnóstica, un análisis de sangre, para descubrir el ADN tumoral circulante en personas operadas de cáncer de colon. Si el resultado es positivo, el paciente podría recaer y necesitaría quimioterapia; si es negativo, podría estar curado. Y pide que la prueba se incorpore al Sistema Nacional de Salud.

R.–Claro, se trata de hacer las cosas de manera mucho más racional. En cualquier tumor, pero en el caso concreto de cáncer de colon, normalmente intentamos diagnosticar a los pacientes cuando la enfermedad está localizada. El tratamiento es la cirugía y, desgraciadamente, hay pacientes que luego recaen y que tienen que recibir además tratamiento de quimioterapia para evitar esa recaída. Pero hay pacientes que ya están curados con la cirugía, y curarlos dos veces no tiene ningún sentido; le das la cirugía y luego además quimioterapia a pacientes que no lo necesitan. Lo interesante es saberlo antes, conocer lo que llamamos enfermedad mínima residual; que el cirujano entiende que ha quitado todo y visiblemente no hay nada que haya podido quedar, pero sin embargo quedan células. Y esas células, pues, producen ADN tumoral que se encuentra en la circulación sanguínea. Y eso es precisa lo que llamamos biopsia líquida. Nada más, una extracción de sangre. Y ahí podemos encontrar esa huella de ese paciente que si tiene ADN tumoral circulante, con toda seguridad va a recaer. Y en cambio, si no lo tiene, el paciente no va a recaer. Claro, esto cambia las reglas del juego porque detrás de la cirugía, si yo puedo hacerle la determinación del ADN, sabré qué pacientes tengo que tratar y aquellos otros a los que no tengo que tratar con quimioterapia.

P.–Los recursos se utilizarían mejor.

R.–Mucho mejor, es una pena que un paciente que ya está curado por cirugía reciba quimioterapia con los efectos que eso puede tener. Más, indudablemente, el consumo de recursos dentro de los hospitales de un paciente que está recibiendo quimioterapia sin necesitarlo. Ahorrar esa quimioterapia es un gran beneficio para el paciente.

P.–¿Y es optimista Eduardo Díaz-Rubio sobre la incorporación de la prueba al sistema público de salud?

R.–Me produce una sensación compleja porque los grandes hospitales, los que están concentrados en primera línea y tienen más acceso a lo mejor a estudios internacionales, a ensayos, pues en esos a lo mejor se hace esa prueba a los pacientes, pero no en el resto, y eso es una falta de equidad absoluta porque hay pacientes que se están beneficiando de hacer la determinación y a otros que ni se les dice porque todo eso no está financiado de momento. Por lo que clamamos es para que esa prueba esté financiada y esté accesible para todos los pacientes, no importa en qué hospital estén.

P.–En esa línea, la Asociación Española contra el Cáncer insiste mucho en la desigualdad de esta enfermedad según en el sitio donde se viva...

R.–Exacto. Y por ahí iría la reflexión. La idea es conseguir que la administración apruebe la financiación de esta prueba para que realmente esté a disposición de todos los pacientes con cáncer de colon que tengan un estadio inicial. Y también es útil en otros tipos de cánceres.

Sobre lo que realmente yo llamo la atención es sobre el hecho de que el paciente pueda no estar informado, porque cuando un médico ve que no se lo puede ofertar, que se lo tendría que pagar él y ve que a lo mejor no puede, lo que hago es sustraer esa información y no dársela. Eso supone un conflicto ético enorme, porque el paciente tiene todo el derecho a tener toda la información del mundo. Otra cosa es que luego pueda acceder o pueda no acceder. Pero yo creo que lo primero es la información. Y, en segundo lugar, que la administración y eso ya sí se tiene que aprobar en el ministerio y posteriormente en las comunidades autónomas, asuma esa prueba como tenemos otras muchas.

P.–Y ha elaborado usted un vídeo, a través de la Inteligencia Artificial, para explicar de una manera muy accesible en qué consiste la prueba.

R.–A mi modo de ver, la Inteligencia Artificial ya ha dejado de ser futuro, ya lo estamos utilizando para hacer los algoritmos y al tener estos programas, esto va a mejorar notablemente la medicina. El oncólogo va a tener encima de la mesa, en ese momento, todos los datos que a lo mejor él no puede tener porque acaba de ver a otro paciente, porque está preocupado por otro paciente o porque tiene toda su mente concentrada en la cantidad de pacientes que tiene que ver; esto es una gran ayuda. Y tenemos que aprovechar todo eso además también para la comunicación, que es lo que yo he hecho con ese vídeo para el que he utilizado una plataforma que se nutre de los datos que yo personalmente le meto; eso es muy bueno, porque tú con eso tienes la seguridad de que no están metiendo ninguna morcilla, sino que están contando lo que tú has contado.

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