El doble, y costoso, balcón en el recién reformado paseo de Santa Bárbara

J. A. H. Cádiz

03 de abril 2015 - 01:00

Las prisas nunca son buenas. La apertura del paseo de Santa Bárbara es un ejemplo: se inaugura oficialmente al límite de lo que permite la Ley Electoral, aunque sigue sin estar terminado, con los locales allí instalados sin abrir y con evidentes fallos en la construcción de la principal estructura de este conjunto: el mirador.

Una reflexión sobre este proyecto se debe iniciar con una premisa evidente: sobre gustos no hay nada escrito. Hay quienes ven con buenos ojos el pabellón del casco antiguo o la torre del antiguo Centi y otros, sin embargo, rechazan el diseño elegido para el nuevo Parador o el café junto a La Caleta. Pero hay una evidencia en lo realizado en Santa Bárbara que queda fuera de tipos de gusto: se ha construido un costoso mirador allí donde no hace falta. El propio paseo ya lo es, y de forma espectacular. La nueva terraza apenas nos eleva el punto de visión unos metros. Menos que el paseo de la gruta del parque Genovés.

Pero, encima, es un mirador acotado a un limitado número de visitantes: los que tienen una altura que supera el metro ochenta. Para el resto, mirar al mar o al vecino parque resulta imposible en buena parte del mismo debido a la altura de una balaustrada opaca (se podía haber construido en cristal, como la plaza de Santa María del Mar) y con una anchura tal que incluso dificulta la visión para los altos.

A la pésima terminación de la obra, la estructura que cubre la parte superior del paseo asemejan a unas planchas de hojalata, más propia de una nave industrial de bajo coste que de un equipamiento levantado en un casco histórico de tanto valor arquitectónico en el casco antiguo. Planchas que además dificultan una visión limpia del parque Genovés, que se suponía que era uno de los objetivos del proyecto.

Y todo ello se completa con una superficie dura en la gran explanada que se abre ante esta nueva muralla. Ni un árbol.

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