Mirando al mar
La fuerte inversión pública realizada en los últimos años, recuperando los paseos marítimos de la ciudad, no ha ido acompañada de planes de mantenimiento.
La apertura al público del polémico mirador de Santa Bárbara ha dejado a la trasera del Campo de las Balas como el único gran espacio abierto del Casco Antiguo pendiente de urbanización, en lo que es un espectacular mirador al mar que se inicia en Cortadura y concluye en Puntales. Queda, también, la recuperación del Club Marte, ya en proyecto, aunque esta zona choca con la permanencia de un centro educativo, construido hace más de medio siglo a pie de mar.
La ciudad vuelve a mirar al mar, aunque sea visualmente y confiando en que algún día se recupere una parte del pasado potencial de sus muelles y que la reforma radical de la Punta de San Felipe y del muelle Reina Sofía convierta esta zona en un polo de atracción para el ocio, el turismo y el comercio.
Pendiente de todo ello, la apertura de Santa Bárbara supone el fin de un largo proceso de obras iniciado en tiempos del socialista Carlos Díaz en el Paseo Marítimo y continuado con la reforma del Campo del Sur, el mantenimiento de la joya que es la Alameda, la avenida del Puerto, el paseo entre Astilleros y Puntales y la apertura al público de los castillos y baluartes que jalonan este recorrido.
Esta importante apuesta de los últimos ayuntamientos ha supuesto una fuerte inversión pública. Que los mismos se llenen de paseantes los días de sol, que sean ocupados por ciclistas o corredores indican que son espacios muy vividos. Ha sido un dinero bien gastado, más allá de que se pueda diferir en los diseños elegidos para cada tramo de esta ronda.
Sin embargo, esta más que notable apuesta ciudadana choca con un déficit en el mantenimiento de estos más de diez kilómetros de paseos que miran al mar, que deslucen el esfuerzo realizado y que, en determinados momentos, ofrecen al visitante, cada vez más abundante, una imagen incompleta del trabajo realizado.
Las labores de mantenimiento que se realizan periódicamente resultan baldías. Basta con recorrer estas vías para constatar que es necesario un control más exhaustivo de lo que se tiene.
Especial degradación se produce en el Campo del Sur, aspecto ya denunciado por este diario en numerosas ocasiones: buena parte de las farolas isabelinas están totalmente oxidadas, especialmente las más cercanas al colegio del Campo del Sur; la balaustrada, que se está pintando por tramos, ofrece en la cara que da al mar, pero visible desde el interior, una imagen de ruina, especialmente notable en trozos de la propia muralla, también en el primer tramo del paseo; el suelo, que sustituyó al original instalado en tiempo del gobierno del PSOE, ha resultado ser muy pobre en cuanto a resistencia por el paso del tiempo, con numerosos baches. La conversión de la balaustrada de ladrillos por una similar a la de la Alameda daría más prestancia a este recorrido.
El potencial arquitectónico de la Alameda debería ir acompañado por un mantenimiento diario de todo el entorno, cuidando más los jardines, la limpieza de bancos y bustos y reposición del ensolado. Aquí no basta con proyectos globales que se ejecutan cada determinados años.
En el paseo entre Varela y Puntales, aunque abierto hace pocos años, ya se deja notar una falta de mantenimiento. Las losas del suelo, especialmente la que rodean a los parterres, comienzan a estar levantadas especialmente en las cercanías a Puntales y sería aconsejable una limpieza más profunda.
En cuanto al principal paseo marítimo de Cádiz, ya es hora de acometer una profunda reforma del mismo, construido hace treinta años, ampliando la zona peatonal en detrimento del coche y actuando especialmente entre el cementerio y la Puerta de Tierra, donde se mantiene aún la antigua balaustrada y un paseo muy estrecho.
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