Coronavirus en Cádiz La necesidad se desborda

  • En la Fundación Virgen de Valvanuz se ha triplicado el número de personas a las que atiende desde que se inició el estado de alarma

  • Asegura que sólo tienen recursos hasta el mes de mayo y muestra su preocupación por la situación en el futuro 

Una voluntaria entrega alimentos a usuarios de la Fundación Virgen de Valvanuz. Una voluntaria entrega alimentos a usuarios de la Fundación Virgen de Valvanuz.

Una voluntaria entrega alimentos a usuarios de la Fundación Virgen de Valvanuz. / Julio González

Alrededor de las once de la mañana empieza a llegar gente a la calle Santiago. Se acumulan personas pero no es la cola de cualquier supermercado o tienda de alimentación que vemos desde hace un mes. Guardan la distancia debida para evitar contagios pero tienen otras prioridades. Vienen a recibir alimentos envasados en unos casos o bolsas con bocadillos, frutas y otros productos en otros.

El comedor social de la Fundación Virgen de Valvanuz donde a diario se le daban cenas a las personas sin hogar y a familias sin recursos se encuentra cerrado desde que se inició el estado de alerta. Sin embargo, la actividad en esta fundación no se ha parado, sino todo lo contrario. En el período de confinamiento casi han triplicado el número de personas y familias a las que se atiende. De las 160 a las que llegaban antes del estado de alarma se ha pasado a las casi 400 que tienen en la actualidad.

Un voluntario prepara las bolsas con bocadillos en un salón de Valvanuz. Un voluntario prepara las bolsas con bocadillos en un salón de Valvanuz.

Un voluntario prepara las bolsas con bocadillos en un salón de Valvanuz. / Julio González

Lo peor es que si hay más usuarios, necesitan muchos más recursos: “Ahora mismo estamos tirando de los ahorros que teníamos pero ya nos queda sólo para mayo. A partir de ahí tenemos un serio problema si no conseguimos más recursos y lo último es abandonar a todas las personas que atendemos porque tenemos un compromiso con ellas. Si seguimos así, la cosa se puede agravar bastante”, asegura Mila Aragón, responsable de la Fundación Valvanuz.

Esta es una fundación que tiene un motor y son los voluntarios que cada día se dejan el pellejo para atender a los más vulnerables de la sociedad. Como Jonathan Harcej, un joven vecino de la calle Santiago que cuando comenzó con el confinamiento se acercó a la fundación a ofrecerse para echar una mano. Ayer se dedicaba a llevar cajas con alimentos de un lado a otro con Javier Massó.

En Valvanuz alertan de que está volviendo gente que había salido del asistencialismo

En otras dependencias en la misma calle, Antonio Gallardo, que durante muchos años fuera el líder vecinal del Pópulo, reparte unas bolsas a las personas que acuden a Valvanuz para tener una comida al día. Junto a Miguel Chirino y Eduardo Martín entregan un par de bocadillos grandes que en este caso son de tortilla y de embutidos, un plátano, leche y zumo. Ese servicio está abierto desde el lunes al sábado y viene a suplir las cenas que se daban antes de manera presencial en el comedor.

Mila Aragón afirma que durante este período el perfil de las personas que están necesitando de la ayuda de la fundación está cambiando: “Ahora vienen incluso los que tenían un pequeño comercio que ha cerrado y no pueden subsistir”. Otra de las voluntarias, Margarita, que desde que cumplió la mayoría de edad echa el cable en esta institución, señala que “también están volviendo gente que había salido de esto y que ahora están necesitando venir”.

Margarita está con Mari Paz en el local habilitado para entregar alimentos en especie a las familias. Cada diez minutos está citada una que recibe un variado de leche, legumbres, batidos y otros artículos de primera necesidad para que después sean elaborados en casa, al contrario de lo que ocurre con las bolsas que dan en el otro local de la calle. Prestan ayuda con alimentos pero hay otra que es casi tan importante, la espiritual, la de la compañía a las personas que lo están pasando mal, sobre todo los que carecen de un hogar. “Este voluntariado es bonito y cuando sales de aquí tienes otra perspectiva”. También se enfrentan a situaciones muy duras, como gente que pide que se les dé más de una cosa o de otra. Mari Paz lo dice con sinceridad: “Yo se lo daba todo”.

El voluntario Jonathan Hacej, en la puerta de la Fundación. El voluntario Jonathan Hacej, en la puerta de la Fundación.

El voluntario Jonathan Hacej, en la puerta de la Fundación. / Julio González

Las personas llegan además desde todos los puntos de la ciudad, ya que antes se les prestaba ayuda en las sedes vecinales que también se encuentran cerradas. No obstante, desde estos mismos colectivos se les ponen en contacto con Virgen de Valvanuz para que se les pueda dar la asistencia correspondiente.Antonio Gallardo, por ejemplo, ha hecho esa labor durante muchos años en el Pópulo y en la actualidad está como voluntario repartiendo los bocadillos: “Estoy muy contento por estar aquí. Esta fundación trabaja de manera organizada y con conocimiento de causa. Es triste la situación pero es bonito por la ayuda que se le puede prestar a toda esta gente”.

En el local que hoy están los bocadillos, se llevan a cabo a lo largo el año las reuniones colectivas e individuales con las distintas familias a las que se les asiste. Allí también está el guardarropa, en el que se pueden ver las prendas sobre las estanterías.

Casi todos los alimentos que reciben vienen del Banco de Alimentos, pero al estar bajo mínimos, se están viendo obligados a realizar compras en algún que otro supermercado con los que han llegado a un acuerdo. Hay que seguir pedaleando como sea.

Los reyes de la asistencia por la mañana son los de la asociación Calor en la Noche, que hasta que vino el estado de alarma daban los desayunos en su local de la calle Puerto Chico, en el barrio de San Juan. Sin embargo, con la mayoría de las personas sin hogar confinadas en el Centro Náutico Elcano, la actividad se está centrando en llevar los productos para los desayunos a estas instalaciones para que allí se puedan preparar la primera comida del día.

En el comedor de María de Arteaga que gestionan las Hijas de la Caridad, una mujer deja en la puerta una bolsa con alimentos y se marcha. Ni siquiera toca el timbre. Es una de tantas donantes anónimas.El comedor también ha tenido que ser cerrado debido al coronavirus. Lo que se está haciendo es entregar comida a las familias que tienen casa, mientras que a las personas sin hogar que todavía quedan por la ciudad y a otras se les trata de dar un bocadillo y comida caliente.

Lo que sí han tenido que quitar en la calle María Arteaga de manera provisional es la recogida de ropa, por las medidas sanitarias que tendrían que aplicar.

En el hospital San Rafael la cafetería se ha habilitado para dar la comida a 71 niños en situación de vulnerabilidad que se habían quedado sin el almuerzo previsto cada día tras el cierre de los comedores escolares.

En tiempos de crisis la necesidad se está desbordando. En la Fundación Virgen de Valvanuz lo saben bien y están con las carnes abiertas por lo que queda por delante y por el ritmo de asistencia que llevan. Pero las peticiones son muchas y los recursos cada vez menores.

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