El caso de los puestos que crecen

El Paseante

Los nuevos puestos exteriores del Mercado Central apenas lucen: están tapados por tenderetes donde se exponen los artículos que no caben en estos locales l Se pierde paseo público tras una alta inversión

Mercancia expuesta en el exterior de uno de los puestos del frente del Mercado Central.
Mercancia expuesta en el exterior de uno de los puestos del frente del Mercado Central.

16 de diciembre 2010 - 01:00

El técnico municipal autor del diseño de los puestos exteriores del renovado Mercado Central de Abastos está amargado. Tan monos que le habían quedado y no hay quien los vea.

Tenderetes llenos de gorritos de lanas, calcetines y camisetas; frutos secos y chucherías; bolsos y pañuelos, han pasado a ser elementos fundamentales de la nueva imagen de la plaza de la Libertad. Tiran los viejos puestos de mampostería y madera adosados al histórico Mercado para dar aire a su fachada, resaltar el conjunto y abrir espacios libres para el paseante, y acaban por llenarlo de todo tipo de productos a modo de un Rastro en miniatura.

Es la imagen del exterior del Mercado, aún en fase de ejecución de las dos últimas fases de su radical reforma: la que trasladará los puestos de churros a una de las esquinas de Correos y la que reformará el solar del antiguo Cine Terraza, que ya puestos podría recuperar el nombre de Plaza Guerra Jiménez, antaño regidor de esta capital. El Ayuntamiento quería huir de un viario ocupado de tenderetes y ha acabado ahogado por ellos.

La cuestión, a decir de los comerciantes ubicados en estos puestos, es que éstos no tienen capacidad para exponer de la forma más adecuada toda la mercancía. Muchos bolsos para tan poco espacio. Y por ello extienden los metros cuadrados de la tienda sobre el suelo público, desapareciendo de la vista del paseante la fisonomía de los locales diseñados por el Ayuntamiento salvo casos puntuales como el dedicado a la venta de prensa.

El extraño caso de los puestos crecientes no es un virus limitado al Mercado de Abastos. Nació a pocos metros, en la plaza de las Flores. Fue hace ya unos cuantos quinquenios, cuando el entonces gobierno municipal del PSOE reformó este recinto y levantó unos nuevos puestos para las floristerías, puestos que a decir verdad tenían un aire de panteón funerario. El objetivo era el mismo que ahora en el Mercado, abrir sitio al paseo público. Y como en el Mercado, las intenciones se diluyeron por la fuerza reivindicativa de los comerciantes: a los puestos de flores se le añadieron unos complementos, bastantes antiestéticos, a los que con el tiempo se les unió un segundo complementos, con mesas para exponer más flores. Este crecimiento incontrolado absorbió todo el suelo disponible dejando al peatón sólo para circular los estrechos pasajes exteriores que, además, se cierran ahora con tenderetes de variada oferta que siguen en este caso la tendencia estética del Piojito. Todo ello en su momento provocó alguna bronca interna en el gobierno local socialista. No sabemos si ahora ha pasado lo mismo en el gabinete popular.

Así pues, nos encontramos con dos plazas muy populistas, cruzadas cada día por cientos de personas, y muchos turistas entre ellas, de difícil paseo e imagen destartalada.

Tanto dinero público gastado para nada. Triunfa de nuevo la ciudad antiestética y se privatiza suelo público en beneficio de lo privado.

Esta historia puede terminar mal: sólo falta que algún comerciante del resto de la ciudad, que paga religiosamente sus impuestos, se le ocurra adoptar la misma medida y en nada veremos en Ancha, Columela o en la misma plaza de San Juan de Dios a históricos comercios con tenderetes en su exterior.

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