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Malditos gaditanos

Rafael Benítez, papá del fútbol gaditano

A raíz de la publicación en este medio de la cuarta entrega de la serie Malditos Gaditanos, cuyo protagonista era Benítez, un famoso jugador de fútbol de los años veinte olvidado por el paso del tiempo, se ha puesto en contacto con nosotros uno de los hijos del legendario delantero.

Se llama Rafael Benítez como su padre y reside en la localidad de San Fernando. Cuando vio el cromo que aparecía en el artículo identificó rápidamente a su padre porque también poseía uno. La mañana del domingo se la pasó buscando y ojeando los viejos recortes de prensa y fotos que había heredado de su padre. Hemos charlado con él y nos ha contado sus recuerdos y vivencias. Gracias a la información que nos ha facilitado, hemos podido saber más del personaje y mucho más del hombre.

Rafael Benítez Linares nació en Estepa (Sevilla) el 1 de enero de 1901. No era de Cádiz pero aquí acabó viviendo y construyendo su historia. Jugó en equipos de la capital gaditana como el R.T.N. Cádiz y el Español F.C..

Su carrera comenzó cuando su familia se traslada a Sevilla. De joven destaca entre sus compañeros por su habilidad con el balón. Su primer equipo fue el Triana. Después pasó a militar en la filas del Real Betis Balompié. Ya por esa época existían los ojeadores futbolísticos. Uno del eterno rival, el Sevilla F.C., se fijó en él y acabó fichándolo. Su hijo cuenta que en el primer partido que disputó contra su anterior equipo metió dos goles. Cuando volvían a casa unos aficionados béticos armados con palos le insultaron y persiguieron. Benítez corrió incluso más que en el propio partido.

Por aquel entonces los equipos no pagaban a sus jugadores, solían buscarles buenos trabajos de los que podían ausentarse cuando disputaban encuentros en otras ciudades. Benítez fue colocado en la Fábrica de Tabacos. Recordaba que en aquella época viajaban en trenes de tercera con asientos de madera. Cuando finalizaban los partidos, los dos equipos se reunían y solían acabar de borrachera antes de volver a casa.

Durante su estancia en el Sevilla F.C. jugó contra los grandes conjuntos españoles. Su hijo conserva como un tesoro una foto en la que le quita una pelota de forma acrobática a Juan Monjardín, jugador del Real Madrid F.C..

Años después, al parecer, algún conocido de su época en el servicio militar le habló de como estaba subiendo el interés por el fútbol en la capital gaditana. Y allí se marchó para enrolarse en la filas de un recién creado R.T.N. Cádiz. Después militaría en el Español F.C., el otro gran equipo de la ciudad, en el que llegó a ser jugador-entrenador. Era tan popular en Cádiz que un industrial sacó al mercado unos caramelos cuyas envolturas estaban decoradas con la efigie de Benítez. Algunos lo conocían como el papá del fútbol gaditano por su sapiencia y eficacia en la jugadas. Su boda llegó a ser un acontecimiento social en la ciudad y de ella se hizo eco Diario de Cádiz. Sin embargo, hemos sabido que su mujer murió tan solo un año después. Su hijo Rafael nos cuenta que su segunda mujer, la que sería su madre, mantuvo amistad con algunos familiares de la primera esposa.

Rafael Benítez era zurdo -su hijo también- y jugaba como interior derecha con mucho gol. Dicen que poseía un disparo tan fuerte y rotundo que era temido por sus rivales.

EL GOL FANTASMA

En periódicos de Bilbao, Valencia, Sevilla y Cádiz se informó de esta historia como si allí hubiera sucedido. Pero el propio Benítez contó a su hijo que aquello tuvo lugar en Cádiz, en un encuentro celebrado entre el Español F.C. y el Real Betis Balompié. Benítez era conocido como 'el gordo' por su corpulencia, incluso por su exceso de peso. Cuando faltaban pocos minutos, se forma un lio a escasos cinco metros de la portería y Benítez se cae encima del balón dándole la espalda al árbitro. Se levanta con gran rapidez, como una flecha se lanza hacia la puerta del equipo rival y dos metros antes de llegar, se saca el balón de entre los calzones y el vientre, lo resbala sobre su pie y marca un tanto. El árbitro concede el gol por creer que se lo había llevado con el pecho. Incluso el legendario guardameta Ricardo Zamora se atribuía en una entrevista la anécdota. Cuando le preguntaban cuál era el gol que había encajado que más recordaba, mencionaba el gol fantasma de Benítez.

Después se marcha a San Fernando y funda junto a Honorato Aldea y otros deportistas el San Fernando F.C., donde jugó y al que entrenó. Su carrera ligada al fútbol acaba en el Constructora Naval C.F., al que también entrena. Allí consigue empleo en la Empresa Nacional Bazán, donde trabaja durante varios años. Finalmente deja el deporte del balón por un trabajo como acomodador en la sesión matinal de un cine.

Benítez muere el 5 de agosto de 1970 a la edad de 69 años en San Fernando. Ha tenido siete hijos, seis niñas y un niño. Rafael Benítez siente orgulloso la leyenda de su padre que ha contado a todos los que la han querido escuchar. Mira con ojos brillantes los recortes de prensa en un pequeño álbum y señala las fotos de un gran cuadro en el que aparece su padre.

El domingo pasado, en Malditos Gaditanos, quería recordar a Benítez. Ahora creo que ha sido rescatado del ingrato olvido. Se lo merecía. Contar lo que no se había contado.

Rafael Benítez, la leyenda con nombre, ha dejado de ser un maldito. Un siglo después ocupará, al menos, un trocito en la memoria de todos los que leéis esta historia. Para que se siga fabulando, donde sea y por quien sea, de aquel gol fantasma que se inventó con la ayuda de unos grandes calzones.

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