Comercio

Medio siglo vendiendo pan entre La Paz y el Cerro del Moro

  • La panadería 'La Telera de María', en la avenida de Lacave, cumple su 50 aniversario con regalos a sus fieles clientes

Maribel Alcina, detrás el mostrador de La Telera de María Maribel Alcina, detrás el mostrador de La Telera de María

Maribel Alcina, detrás el mostrador de La Telera de María / Julio González

Mantener un negocio con vida se convierte en muchas ocasiones en una hazaña heroica por el esfuerzo que hay que dedicarle y las dificultades de las que hay que sobreponerse para que cuadren las cuentas. Por ello, que un comercio sea capaz de aguantar en una zona humilde como es el cruce entre La Paz y el Cerro del Moro durante medio siglo es un motivo de celebración. El 9 de septiembre de 1969, Francisco Alcina abría una panadería en el edificio en el que se encontraba el antiguo mercado de La Paz, en la calle Alcalde Blázquez, en donde ahora hay un edificio de nueva construcción. Ayer, Maribel Alcina, hija de Francisco, ha celebrado el 50 aniversario de 'La Telera de María' en su actual local, que se encuentra en la avenida Lacave. 

Aunque los pequeños comercios viven prácticamente de la supervivencia y no pueden hacer grandes dispendios para celebrar una conmemoración, Maribel tenía ayer mucho que agradecer a sus vecinos, que son los que con sus compras a diario han permitido que esta panadería, que también se ha reconvertido en tienda de artículos de regalo, siga abierta y con mucha salud. "No puedo decir nada malo del barrio porque me ha tratado estupendamente", cuenta la propietaria de este negocio. Por ello, para celebrar este medio siglo, esta tienda ha dado regalos por cada cinco euros de compra, va a sortear una sesión de spa entre sus clientes, ha entregado rosas a las 40 clientas más fieles y ha ofrecido una degustación de empanadas y dulces a sus clientes. 

Maribel lleva 41 años detrás del mostrador atendiendo a los clientes. Empezó con 13 años para "ayudar a mi padre". Posteriormente, pasó a regentar el negocio. "Llevo aquí toda mi vida y estoy encantada. Me gusta lo que hago y tener trato con la gente", comenta. 

En sus inicios, el pan que vendía se fabricaba en los obradores que tenía su familia. "Antes, mi tío y mi padre tenían una panadería en la calle Trinidad, que era en donde se hacía el pan. Otro tío mío tenía otra en la Merced. Ambas eran las que nos surtían el pan hasta que se fueron a pique, por lo que hemos seguido hasta ahora con otro pan", apunta Maribel. 

En la actualidad, este negocio cuenta con Panificadora Butrón, de Chiclana, y Panadería Polvillo, de Sevilla, como proveedores. En todo este tiempo, Maribel ha podido ver el cambio en las rutinas y el gusto de sus clientes. "El negocio ha cambiado mucho. Antes, lo que se vendía era el pan artesanal, pero después llegó el pan congelado y nos tuvimos que subir al carro, aunque parece que se está volviendo al pan bueno, el de masa madre. Lo de las tres barras a un euro ha sido una ruina. Yo ya no lo tengo", explica.

Entre los secretos para mantenerse con vida después de 50 años, Maribel reconoce que entre ellos están que "siempre hemos estado innovando buscando cosas. Siempre intento innovar en los dulces que tenemos. Vamos a Sevilla a comprar dulces que no tenga nadie, como dulces americanos. Buscamos siempre tener cosas especiales y de buena calidad. Tenemos un pan muy bueno y tratamos a la gente con mucho cariño, mucha educación y mucho respeto. A nosotros nos quiere mucho la gente". "Muchos clientes son amigos porque son de toda la vida. Yo llevo aquí 41 años y los conozco de siempre", añade.

De hecho, la propietaria de la tienda rompe con el estigma del entorno -la confluencia de La Paz, Cerro del Moro y Lacave- a la hora de hablar del trato que ha tenido de sus vecinos. "El negocio ha cambiado muchísimo. Antes, estábamos en un edificio que estaba muy ruinoso. Ahora, lo tenemos muy bonito. Además, hemos vivido el tiempo de las drogas en el barrio, pero a mi padre le tenían mucho respeto y nunca nos han robado, por lo que no puedo decir nada malo del barrio".   

Durante toda la jornada, reconoce que "se me han venido muchos recuerdos a la cabeza, sobre todo de mi padre. Los obradores tuvieron que cerrar y yo he sido la única que ha seguido adelante con el negocio. Estoy muy orgullosa. Mi marido también lleva toda la vida luchando y mis hijos están con sus carreras cada uno y nos ayudan porque también les gusta la panadería". 

Sobre el futuro de la tienda, afirma que "ojalá esté aquí hasta que me jubile", aunque también indica que "me gustaría no tener que despertarme tan temprano". Y es que un negocio como este, que abre todos los días a las 5.45 horas, supone un enorme sacrifico, ya que "a las cuatro y media de la mañana ya tengo que estar despierta". A pesar de esto, Maribel resalta que su tienda "no la cambiaría por nada". "Estoy muy contenta con la gente del barrio por lo que me han dado a mí", confiesa la propietaria de la panadería. Por ello, se ve detrás del mostrador hasta su retirada. "No sé si mis hijos o mi sobrina cogerán la tienda cuando me vaya. Si alguno de ellos está parado, la cogerá", comenta la dueña del negocio, aunque para eso todavía queda, al menos, una década para que suceda.

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