Llamas en honor de Manuel Peinado
Ardieron los juanillos, unos críticos y reivindicativos y otro, en homenaje al artesano del Carnaval e impulsor de la fiesta recientemente fallecido
Trece juanillos ardieron la tarde-noche de ayer, la más corta del año, como en un homenaje no oficial a Manuel Peinado, artesano del Carnaval e impulsor de esta fiesta, fallecido el lunes a los 86 años. La Asociación de Vecinos Tacita de Plata le dedicó su juanillo con una placa en un muro como el de Trump, pero entre Cádiz-Norte y Cádiz-Sur. De cartón, claro, que el alma de los juanillos, siempre es de material inflamable. Porque en estas precarias protofallas, mezcla de ingenuidad, sátira y humor más o menos grueso, el fuego sirve, sobre todo, para quemar lo malo y atraer lo bueno. Por eso la Federación de Ampas, la Marea Verde y el Movimiento Andaluz en Defensa de la Escuela Pública montaron ayer un juanillo reivindicativo bajo las escaleras de la muralla de San Carlos, en la Plaza España que terminó con una convivencia. "Si nos tocan la pública, liamos el pollo", decía. Y a eso le metieron fuego, a un pollo saliendo de su nido por encima de una Susana Díaz, un Rajoy y un delegado de Educación que prometen no recortar la escuela pública armados con tijeras, cuchillo y motosierra. Al lado, unos clicks de Famóbil a bordo de su galeón buscaban "al pirata que se llevó el banco de La Negrita".
En la Catedral, Sebastián Pérez, de la asociación de cargadores que lleva su nombre, daba los últimos retoques a su 24º juanillo, dedicado a Rato, "porque es el que más se merece que le metan fuego". "A rato, no, todo el tiempo", apunta desde atrás su ayudante.
En La Caleta, Mujeres de Acero le dan una medalla olímpica al que lanzó el huevo a Pablo Iglesias; la Federación de Peñas Caleteras, el afán de supervivencia de una playa con más vidas que un gato negro, mientras que la Peña La Palma El Purri se solidarizaba con los mulos de la Magna, que también se quedan paraos. En Puntales recurrieron al Quijote para representar al ciudadano y a quienes ensanchan la panza a su costa. Y a partir de las seis y media comenzaron a arder los juanillos, hasta que a medianoche cerraron la fiesta los fuegos artificiales desde el Castillo de San Sebastián. Luego, ya saben que "con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas".
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