6 propuestas para Cádiz

1- Hostelería y Comercio

Uno de los chiringuitos de la playa de Cádiz. Uno de los chiringuitos de la playa de Cádiz.

Uno de los chiringuitos de la playa de Cádiz. / Julio González

La hostelería ha experimentado en Cádiz una profunda transformación y renovación en la última década, que ha llevado el nombre de la ciudad a muchos suplementos de viajes en la prensa nacional e internacional.

Una renovación que ha recuperado los platos más tradicionales de nuestra concina a la vez que ha sabido innovar. Todo ello con un cambio radical en la estética de la mayoría de los locales, lo que siempre es un aliciente más para su visita.

A esta mejora en el servicio y en la oferta se le ha unido la expansión de la buena hostelería por toda la ciudad. Desde el Paseo Marítimo hasta la Alameda Apodaca, descubriendo espacios hasta ahora abandonados como la misma plaza de España. Ya no hay un Cádiz hostelero de verano y otro de invierno. La hostelería tanto en intramuros como en extramuros funciona bien todo el año. Y todo ello ha logrado algo insospechado: meter a Cádiz en la ruta del turismo gastronómico.

Paralelo a ello, el comercio ha recuperado parte de su esplendor. Es difícil, por no decir que imposible, alcanzar la variedad de los años sesenta, cuando el centro histórico era en sí un verdadero centro comercial abierto. Las grandes tiendas, de todo tipo de productos y todas ellas con raíces gaditanas, fueron desapareciendo por las nuevas modas del comercio, por el empuje de franquicias y cadenas nacionales y por la propia jubilación de los históricos del sector.

Los últimos años han permitido reordenar nuestra oferta como ciudad comercial, con la presencia de las grandes marcas externas, y con un comercio propio de gran calidad.

Ahora, una vez pase la pandemia, los dos sectores sobre los que se basa un elevado porcentaje de nuestro empleo, necesitarán una urgente revitalización, teniendo en cuenta que lo mismo pasa en las grandes ciudades del sur que, también, idearán fórmulas para ayudar a esta recuperación.

Como medida de urgencia, ya impulsada por el Ayuntamiento, se encuentran las líneas de financiación y la moratoria en el pago de los impuestos y tasas municipales, a la vez que se han ampliado las terrazas de bares y restaurantes, a pesar de ir contra la filosofía municipal del control del espacio público en favor de los viandantes.

El sector choca también con el elevado precio de los alquileres que históricamente soporta la ciudad. Aquí, salvo que se produzca una regulación a nivel nacional, es difícil una intervención municipal donde manda la oferta y la demanda y la libertad de la propiedad de imponer sus tarifas. En todo caso, sí se podía presionar en aquellos locales que llevan cerrados desde hace años, favoreciendo su entrada en el mercado inmobiliario con medidas fiscales o sancionando a los que persistan en el cierre sin el mantenimiento adecuado.

Más allá de eso, el comercio y la hostelería necesitan una agresiva campaña exterior para atraer de nuevo a los visitantes y para vender sus virtudes, una campaña en la que las administraciones, fundamentalmente la local, deben de jugar un papel esencial reforzando la imagen de Cádiz como ciudad segura y con una gran oferta en estos sectores no sólo en el conjunto de España sino en otros país.

A la vez, es esencial mejorar la señalítica en la que se informa a los visitantes de los comercios y su ubicación, tanto en el casco antiguo como en Puerta Tierra, del modo similar que pasa en los centros comerciales; hay que reforzar la iluminación, que ya ha se ha ampliado en algunas vías de intramuros, así como la limpieza y el mobiliario urbano. Plantar flores ya sea en maceteros o en plataformas que cuelguen de los puntos de luz, siempre aporta una visión más agradable al viario.

La accesibilidad es esencial. El refuerzo de las vías peatonales es un punto positivo para la ciudad pues quien va de compras o de bares agradece la facilidad en el paseo, pero ello no debe de obviar que si queremos atraer a gente de otras localidades hay que facilitarles la llegada, ya sea en transporte público (con la limitación horaria que tienen) o con el vehículo privado buscando en este caso aparcamientos alternativos que eviten al máximo el acceso al casco histórico.

Las actividades de ocio en la calle, y con los debidos controles sanitarios en la primera etapa tras el final de la desescalada, deben plantearse con una visión original y con capacidad de atracción para todas las edades teniendo claro que la vulgaridad acaba creando una mala imagen al conjunto.

El papel de los empresarios de la hostelería y del comercio es también esencial. El trato que se dispensa a los clientes, la limpieza de sus locales (especialmente en la hostelería y en sus aseos), y la facilidad en el proceso de venta (venta a través de internet o la búsqueda de los productos solicitados si no se tiene en esos momentos), es vital.

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