Veleros clásicos
  • Este velero vuelve 94 años después de que se construyera en los astilleros de Echevarrieta con los retales del buque-escuela

‘Gipsy’, el regreso del hijo del Elcano a la Bahía de Cádiz

El 'Gipsy', en Puerto Sherry. El 'Gipsy', en Puerto Sherry.

El 'Gipsy', en Puerto Sherry.

Jesús Marín

Escrito por

· Melchor Mateo

Redactor jefe

Cuando el buque-escuela ‘Juan Sebastián Elcano’ fue construido en los Astilleros de Cádiz en 1927, entonces propiedad de Horacio Echevarrieta, sobraron algunos retales del material usado para el que hoy es uno de los grandes símbolos de la Armada Española. El empresario vasco, viendo que no había apenas actividad en la factoría, decidió utilizar esos retales y construir un velero para él, al que le puso el nombre de 'Marichu', en honor a una hija suya que falleció. No fue uno cualquiera sino que para la época fue un velero muy moderno porque constaba de radio y de un motor. Petete Rubio y Eduardo Lacave, que forman parte de la Fundación Vela Clásica de España, lo definen “como la bomba. Éste era ‘el barco’”. El coste en aquella época fue de 80.000 pesetas, un dineral hace 94 años.

Desde entonces este barco con una eslora de 12 metros ha estado siempre navegando en la mar. El último viaje lo ha hecho desde Tarragona, donde ha estado varias décadas, hasta Puerto Sherry, donde va a ser sometido a pequeños trabajos de maquillaje para devolverlo a la mar en breve. En el club portuense va a tener a partir de ahora su base definitiva, enfrente del astillero que le dio la vida y muy cerca de donde también de donde descansa tras sus cruceros de instrucción su padre.

Cubierta del 'Gipsy'. Cubierta del 'Gipsy'.

Cubierta del 'Gipsy'. / Jesús Marín

La historia del ‘Gipsy’, nombre que le fue puesto por las personas que lo compraron a Echevarrieta, el catalán Ortet y un empresario noruego, es apasionante. Participó en la Guerra Civil como barco espía para el servicio secreto del general Mola tras ser comprado por el entonces denominado Gobierno de Burgos y durante ese conflicto llegó a ser ametrallado dos veces, señales que aún están en los palos de esta embarcación. Tras la guerra, volvió a los Ortet y fijó su base en Barcelona. Posteriormente pasó a otra familia, la de los Segarra y, ya por fin en 1951 nuevo cambio de manos pero ya para siempre. José Luis Rubio, el padre de Petete, lo compró con el objetivo de hacerse con el motor para acometer unas obras ferroviarias y desde entró ya quedó en el seno de esta familia y tuvo sede en Tarragona. Ahora después de 94 años ha vuelto a la Bahía de Cádiz para quedarse de manera definitiva: “No ha habido un barco que haya estado navegando durante tantos años y desde que nació”.

El ‘Gipsy’ es mucho más que un barco clásico.Es el elemento estrella de esa fundación que se ha creado “para salvar que este tipo de barcos acaben en una hoguera”, tal y como afirman Rubio y Lacave.Así, la fundación, que está presidida por Valle de la Riva, además de este barco, cuenta con otros cinco y se incluyen en un proyecto que va más allá de la conservación de un velero clásico. Por un lado la fundación se ha embarcado en una historia de la que quiere que Puerto Sherry sea un centro para el mantenimiento de barcos clásicos, para lo cual está a punto de firmar un convenio con la escuela profesional de Puerto Real.

Imagen de la construcción del barco en los Astilleros de Cádiz. Imagen de la construcción del barco en los Astilleros de Cádiz.

Imagen de la construcción del barco en los Astilleros de Cádiz. / DC

La segunda pata es la turística y es que los visitantes y los propios residentes de la zona puedan tener la oportunidad de poder navegar en estos barcos clásicos. La tercera es la ecológica y para ello han recibido una embarcación de las llamadas pelícano para poder limpiar la suciedad en el mar.

Hay otra curiosidad y es que en 2018 la fundación vio que necesitaba una fuente de financiación que fuera estable. Como la ginebra había sido la bebida por excelencia de los regatistas, decidieron crear la Gipsy Gin, que se fabrica en la centenaria destilería portuense Pico.Al contrario de lo que ocurre habitualmente, es decir, que una empresa hace una fundación para desarrollar una labor social, en esta ocasión el camino ha sido inverso.

El ‘Giraldilla’ es un velero que fue propiedad de don Juan de Borbón. El ‘Giraldilla’ es un velero que fue propiedad de don Juan de Borbón.

El ‘Giraldilla’ es un velero que fue propiedad de don Juan de Borbón. / Jesús Marín

En Puerto Sherry, otro de los barcos que se encuentra bajo el ala de esta fundación es el ‘Giraldilla’, que perteneció a Don Juan de Borbón, abuelo del actual Rey Felipe VI y otra de las joyas que está en un limbo jurídico con respecto a la propiedad es el ‘Hispania’, un barco de 25 metros de eslora que perteneció a Alfonso XIII.

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