Frank Alba, el valiente gaditano que hizo fortuna en Alaska
Retrato de otra época
Creó empresas para organizar cacerías, con el presidente Roosevelt entre su clientela
Entre sus múltiples negocios, el gaditano llegó a ser copropietario de una mina de oro
La historia de hoy es de uno de los gaditanos más intrépidos de final del siglo XIX, tanto por su vida como por la época en la cual se desarrolla. Su nombre es Frank Alba Prieto y nació el 8 de febrero de 1882 en la calle Blanqueto en Cádiz, cerca del puerto. Sus primeros años transcurrieron en Cádiz con su familia, con numerosos primos. Aquí realizó sus primeros estudios. Su personalidad aventurera y la búsqueda de una fortuna le llevaron, con 16 años, a emigrar a Nueva York vía La Habana, paso obligado entonces hacia Manhattan, donde pasó los primeros trabajando de cocinero.
En 1905, y buscando progresar, embarcó -con 23 años- hacia Alaska. Allí, en los confines del mundo, se transformó en músico gracias a su pericia con un instrumento inusual llamado Vega Banjo. Este don quedó reflejado en algunas fotos a las que he tenido acceso gracias a su familia.
En 1927 llegó a Fairbanks, donde creó su primera sociedad que se convirtió en suya ejerciendo de general manager de la ‘Alaska Range Guide Association’. Esta sociedad se dedicaba a la organización de cacerías para la alta sociedad de la época. Entre sus clientes se encontraban celebridades como el presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, gran aficionado a la caza de osos.
Nuestro protagonista de hoy llegó a tener múltiples empresas y negocios, entre ellos la Yukon Trading Co, con cuyas barcazas abastecía a través del río Yukón los asentamientos poblacionales de su ribera. En uno de esos asentamientos fue copropietario de una mina de oro.
Sus negocios no le impidieron participar activamente en la vida civil, como quedó reflejado en la prensa del momento: por ejemplo, cooperó con el Gobierno para elaborar en 1940 el censo de Alaska, un lugar tan remoto que tuvo que recurrir al uso de un trineo. Para ello, se vio obligado a recorrer 3.200 millas (más de 5.000 kilómetros) en trineo y en una ocasión estuvo a punto de morir. Le salvó la famosa perra 'Lady', encumbrada por la prensa estadounidense como una auténtica heroína.
Murió en Fairbanks dos días antes de Nochebuena, el 22 de diciembre de 1945. Alba legó toda su fortuna a la asociación ‘Pioneers of Alaska’, en agradecimiento a cómo lo acogieron cuando llegó, con 23 años y los bolsillos vacíos, a esa recóndita tierra que se convirtió en su hogar.
Frank Alba tuvo tres sobrinas: Pepita, Ángeles y Lily, con las que mantuvo una intensa relación epistolar Alaska-Cádiz. A pesar de que nunca regresó a España desde que se marchó en 1898, se resistió a romper los vínculos con su patria y su familia, de la que siempre quiso estar informado. En 1945, extrañadas al no recibir cartas durante un largo tiempo, la familia inició una intensa búsqueda que culminó en 1949 cuando tuvo noticia de su fallecimiento y de su entierro en Fairbanks.
En el testamento, realizado cuatro días antes de morir, se valoró en 5.000 dólares de la época pero no reflejó la copropiedad de la mina de oro. Todas las disposiciones testamentarias tardaron en cumplirse 12 años y culminaron con la declaración de heredera de la asociación ‘Pioneers of Alaska.
Le agradecemos a su sobrino Salvador Canto su colaboración en el artículo. Su trabajo de paciente recopilación de datos ha permitido que los gaditanos conozcan la historia de este gran hombre.
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