Derroche de arte en el escenario de la Candelaria
uEl tablao del segundo Jueves Flamenco se convirtió en una galería de artistas que demostraron que el flamenco es una forma consolidada de representar el arte
Una noche más en el Baluarte de la Candelaria, pero fue una velada que se esperaba con expectación. Así lo demostraba un público puntual, asentado en las mesas y aprovechando los últimos momentos antes del espectáculo para pedir una más de cerveza o una tabla de quesos, porque el arte en Cádiz se acompaña.
Remedios Reyes y su grupo tuvieron la responsabilidad de romper el hielo con su primera actuación, para que el público se diera cuenta de que no solo vino a ver flamenco, sino a ser partícipe de una obra de arte.Y Remedios no solo rompió el hielo, sino que superó las expectativas de muchos.
Cantó por soleá, y con el puño cerrado y el brazo extendido, proclamaba con obras su pasión por el flamenco para después también hacerlo con palabras."He venido a dar el cien por cien, aunque después me tengan que recoger con una escoba."
Y el público se lo agradeció. Entre las voces de los visitantes, se comparaba la actuación de la artista con una expresión taurina: ha venido a armar el taco.
El ganador de la Lámpara Minera, David Lagos, antes de arrancarse a cantar por tiento, se ganó el corazón de muchos al afirmar que el cante es un estado de ánimo. "El muchacho trae ganas", afirmó un miembro del público. Y razón no le faltaba, porque después de apostar por el tiento, quiso regalar al público una parte del disco que le hizo ganador del Festival Internacional del Cante de las Minas.
David Lagos acertó con sus elecciones porque el público se levantó en varias ocasiones.Al cantar por sigirillas, Lagos reconoció que era un cante al que le tenía respeto porque " nunca sabe por dónde va a salir, pero si el cante es un estado de ánimo, yo le pongo el corazón", declaró.
Con las alegrías de Cádiz arrancó más aplausos de los políticamente correctos y mostró a un David Lagos que conectaba con el público. "¿Estáis ya calentitos?", preguntó. "Lo tengo que decir: esta tierra me impone pero es que aquí hay mucho arte. He venido a entregarme porque, si me permiten la expresión, aquí hay que mamar," confesó Lagos. Y fue el público el que también se entregó ante un artista que mostraba muchas tablas por bulerías.
En el barrio de Santa María se crió un artista que es motivo de presunción para muchos gaditanos. Ese no es otro que Juan José Jaén Arrroyo, conocido como El Junco, y que vino a darlo todo en el escenario, incluso hasta su vida, como afirmó, por el relente de la noche que ponía en peligro su resistencia. Pero lo que no puso en peligro fueron sus ganas porque "los Jueves Flamenco fueron mis principios,vuelvo a mi casa", afirmó El Junco ante un público que pedía más. Y así lo hizo cuando se animó a cambiar el baile por el cante y su hermano Roberto demostró que el baile es algo de familia.
"Su tacón no es de presencia, es de puro sentimiento", sentenció un miembro del público. Y es que la actuación de El Junco cautivó a un público experimentado que sabía que esa noche no venían a consumir un espéctaculo sino, uan vez más, ya ya convencidos, a presenciar una obra de arte.
Tras el descanso, el segundo Jueves Flamenco finalizó con el cante de la familia Montoya: Angelita Montoya, El Bareta, El Rampli y El Canastero.
Entre soleares, fandanguitos y bulerías, Angelita Montoya y su familia demostraron que el flamenco es algo que se vive, incluso cuando Angelita prescindió del micrófono, el público percibió que su cante no es algo que se escucha, sino algo que se siente.
Una noche más en el Baluarte de la Candelaria, pero fue una velada en la que el flamenco pudo presumir no solo de cantaores , sino de su estatuto artístico.
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