"En Cádiz habría que hacer concursos de creatividad para todo"
Ciudadanos de Cádiz
Manuel Tallafé. El actor es un admirador de la forma de ser de los gaditanos, "que hace que los conflictos, los problemas y las penas las echen con su buen humor" y pone el Carnaval como ejemplo de "amor al arte".
MANUEL Tallafé es el típico caso de que los sueños se cumplen, aunque a la medida terrenal. Este gaditano siempre quiso ser actor, y lo ha conseguido. Dice que es por la fe que está en su apellido y porque nacer en Cádiz da esa creatividad necesaria.
-¿Ha llegado ya a la edad de hablar sobre su vida?
-Bueno, tengo ya 52 años, pero no lo digas. Aunque mi profesión lo bonito que tiene es que mientras la cabeza te funcione y el cuerpo te responda puedes seguir activo. Pero evidentemente cuando uno tiene 50 años ya no puede hacer un personaje de 30. Es así y en la vida también es así. Pero cada uno tiene que aportar lo que le toca generacionalmente, y la sabiduría de los años tiene que servir para enriquecer a las generaciones emergentes.
-¿Se nota ya la edad?
-Se nota físicamente, en el sentido de antes decías "este fin de semana me voy a quedar en casita relajado, leyendo", y ahora no te puedes permitir quedarte dos días en el sofá porque al tercero tienes que hacer rehabilitación para ponerte a funcionar. Y esas cosas me acojonan.
-¿Cómo combate ese peligro?
-Siendo consciente de que no nos podemos permitir esos pequeños lujos, y estando activo. En vez de quedarme en caso leyendo un texto, me voy al Palacio Real, me siento por allí a leer en una zonita verde, en una terracita, pero me muevo.
-Vive en Madrid en un barrio de ambiente artísticamente bohemio.
-En el barrio de La Latina, en la calle de las Aguas. Allí estoy muy bien, muy tranquilito, no escucho jaleo ninguno pese a estar en el centro. El único ruido es el de la chiquillería en el recreo del colegio de La Paloma. Y eso es maravilloso. Mi ventana da a una zona de tejados. Estoy muy contento.
-No ha cambiado mucho eso de ir a Madrid para triunfar.
-No, fundamentalmente es porque en Madrid pasan cosas. Siempre recuerdo que Sancho Gracia me decía: "Hay que viajar siempre en preferente, Manolito, en preferente pasan cosas, te encuentras gente…" Y es verdad, metafóricamente hablando. Las cosas ocurren en Madrid. Pero luego es curioso que cada vez que vengo a Cádiz me pasan cosas, que la gente me llama. Me ha pasado con Fernando Trueba, me pasó con José Mota…
-Entonces en Cádiz también ocurren cosas.
-Es que aquí hay una energía que no es normal. Me vas a decir que estoy loco, pero esto es una puerta dimensional, energética. ¿Cuánto paro tenemos? Un conocido vino a Cádiz y me dijo que no entendía cómo aquí había tanta alegría, si en cualquier otro sitio con este paro la gente estaría a tiros. Esa energía hace que seamos buenas personas y creativas.
-Hay quien dice que se vive bien porque hay mucha subvención.
-Bueno, yo de eso no puedo hablar porque no estoy en la situación. En Cádiz no sé cómo se hace pero yo creo que se vive con poco y con lo poco que vives no es caro. El gaditano tiene una filosofía de vida que hace que los conflictos, los problemas y las penas las eche con su buen humor y su creatividad, porque si no yo no me lo explico... Por ejemplo, toda la energía creativa que se pone en marcha en Carnaval, musical, poética y físicamente por el esfuerzo que supone echarse a la calle una semana a darlo todo sólo con el objetivo de disfrutar y hacer disfrutar, por el bien común de la alegría, por amor al arte. En realidad ese es nuestro patrimonio, la alegría. Y la creatividad.
-Pero eso no da de comer.
-Depende. Yo digo que en Cádiz habría que hacer concursos de creatividad, no sólo de Carnaval, sino de propuestas profesionales, para nuevas empresas, nuevas formas de crear negocio y emprender industrias. Por ejemplo, en Cádiz se hizo la primera máquina para extraer el plancton, y eso es el futuro alimentario. Hay talento, ingenio y ganas de trabajar. Lo que hace falta es canalizar ese talento y aprovechar el entorno que tenemos.
-Usted es de 'Cadi-Cadi'.
-Y tanto, yo nací en la clínica Abreu, en Antonio López, y mi infancia transcurrió en Cadi-Cadi. Pero es curioso que yo recuerdo mi infancia como una época de hibernación, siempre soñando con que me tenían que llegar cosas especiales. Siempre he soñado con dedicarme a esto, pero por aquí no se podía estudiar interpretación. Entonces, para mí lo más próximo a mi sueño era el Carnaval. De niño, me ponía un disfraz me inventaba un personaje y terminaba con un corrillo como si fuera un romancero, y yo lo que decía eran pamplinas y tonterías improvisadas. Te estoy hablando con 12 años…
-¿Descubrió entonces su vocación de actor?
-O antes, porque tengo fotos desde los cinco añitos en La Salle Mirandilla y estaba en todos los saraos, los fines de curso recitando poesía, contando chistes, cantando… Y recuerdo un Carnaval que me lo pasé bomba yo solo, que me disfracé de Salvador Dalí, hablando como él, y me iba por la calle repitiéndole a la gente "te voy a hacer un cuadro de grandes dimensiones", una frase de esas que se te quedan siempre. A lo mejor, más que la vocación de actor, lo que descubrí fue la de divertir a la gente, que a mí me encanta, esa energía… siempre digo que cuando estás interpretando estás dando una energía, y tu premio inmediato es la respuesta del público, tanto sea la risa o la emoción que percibes perfectamente, murmullos, expresiones.
-¿Y al final qué estudió?
-Con los estudios yo nunca encontraba mi sitio, porque lo que siempre quise es dedicarme a esto, y ya he dicho que en Cádiz no tenía… Estuve en la escuela de Artes y Oficios, en Bellas Artes, y ahí sí estaba en mi sitio, explotando mi vena artística. Hice Diseño, y me encantaba el tema de dibujar, y la Historia del Arte que es algo que me apasiona. Empecé a trabajar de escaparatista, me asocié con un amigo y tuve una agencia de publicidad... Y de ahí pasamos a poner con un amigo la librería Narciso. De ahí me llamaron para la tele, ya con 28 años, me cogió un poco mayor para esto, yo ya tenía la vida canalizada en Cádiz, de vez en cuando me llamaban para hacer cositas de publicidad…
-Y la vida le da la vuelta de una manera radical.
-Sí. Yo empiezo en Canal Sur, con Sonrisas y Lágrimas, un concurso de humor de Tomás Summers, donde conocí a Pedro Reyes, Faemino y Cansado... y de ahí me llevó a Madrid a trabajar con Belén Rueda, yo hacía cámaras ocultas, presenté capítulos de la serie El príncipe de Bel Air, en Antena 3 por la mañana... y ahí empieza este camino. Entonces todo me parecía magno, grande. Poco a poco voy desarrollándome profesionalmente y tomando conciencia de que hay que elegir algo, y elijo mi vocación, y hoy, por ejemplo, disfruto dirigiendo actores.
-¿Algún hecho concreto le decidió a dar el paso definitivo hacia la carrera de actor?
-Eso me lo marcó el recorrido. Poco a poco me doy cuenta de que mi mundo es esto, que no sirvo para otra cosa, y tomar conciencia de eso es duro. Cuando empiezo en esto me divierte abarcar todo, pero con el tiempo te das cuenta de que no valgo para otra cosa más que para esto. Y eso conlleva sus momentos jodidos, como cuando le ves las orejas al lobo, que llevas seis meses sin trabajar, que no sabes qué vas a hacer mañana con tu vida, te das cuenta que no hay paso atrás. Y ahí viene lo difícil, ahí te marcas a ti mismo que tienes que ir para adelante y morir en el intento. Lo aguantas porque no te queda otra y porque tienes amigos que te alientan y te dicen que eres el más brillante de todos. Y tú les dices, "sí cabrones, pero la pasta la ganáis vosotros".
-¿Cómo se sale de esos baches?
-Pues en el momento en que te llaman para un trabajo, aunque no se haya concretado aún. Se te olvida automáticamente la angustia, no hace falta que empieces a trabajar. Inmediatamente olvidamos lo malo, lo jodido que estamos.
-Para usted fue fundamental el director Álex de la Iglesia.
-Fundamental en mi carrera. Me ha alentado, me ha apoyado y me ha dado la oportunidad de crecer en mi carrera. Pero claro, después ya he trabajado con más directores. Próximamente, trabajaré con Fernando Trueba, que me hace mucha ilusión. Con Álex he hecho personajes además con los que he disfrutado muchísimo como el que hice en 'La chispa de la vida', el de Las brujas de Zugarramurdi... Y estoy muy orgulloso del papel que hago en esta última película Techo y comida, película gaditana, rodada en Jerez, de rabiosa actualidad, pero por la rabia que me da. Hago de jefe de Natalia Molina, un cabrón sin escrúpulos.
-Se le da bien el papel de cabrón.
-Sí, porque a mí el personaje bueno me sale de naturaleza, pero el de hijo de puta lo tengo que trabajar y mostrarlo delante de la cámara, como el papel que hice con Imanol Uribe en Lejos del mar, rodada en Almería, tercera de la trilogía suya con personajes relacionados con ETA. Aparezco como un cabroncete.
-¿La comedia es el género español por antonomasia?
-Somos muy buenos haciendo comedia, pero el cine español ya está muy consolidado, incluso a nivel mundial, y en todos los géneros. Pero lo nuestro nos parece siempre de tercera regional. Nos pasó en el fútbol, que tuvimos que ganar el Mundial para creernos lo buenos que somos. Y te lo digo igualmente del cine andaluz.
-Le veo más optimista que otras veces.
-Sí, es que hace poco hemos pasado por un momento más duro para el cine. Tenemos que serlo, si la evidencia es que el cine español es una industria que cada vez va a más.
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