Un Cádiz de fiesta
Un debate sobre Cádiz-4
Luis Rivero: "Negar la existencia de las fiestas es absurdo, pero intentar relegarlas a un papel secundario y prescindible es, cuanto menos, poco inteligente"
En esta ciudad, cuando se habla de fiestas, siempre surge alguna voz con cierto tono amargo que nos recuerda que la vida es mucho más que Carnaval y Semana Santa. Por otro lado, estamos quienes pensamos que la vida es aquello que transcurre desde que termina la Semana Santa y comienza el Carnaval, que llenan un espacio imprescindible en el calendario de cualquier ciudad que se precie y dotan de una personalidad única a la nuestra, en particular.
Negar la existencia de las fiestas es absurdo, pero intentar relegarlas a un papel secundario y prescindible es, cuanto menos, poco inteligente. En torno a ellas gira un movimiento cultural, económico y social que debe ser tenido en cuenta y aprovechado para beneficio de la ciudad.
Y en ese transcurrir de la vida al más puro estilo de Cádiz, el calendario festivo nace cada año con cada nueva primavera durante la mañana del Domingo de Ramos, para terminar hecho cenizas en la quema de la “Bruja Piti” en una fría noche invernal de Domingo de Piñata. Vayamos por partes.
Hace poco que hemos conseguido que en el cartel de nuestra Semana Santa aparezca el rótulo “Fiesta de interés turístico nacional”, y esto bien podría ser el comienzo de un aprovechamiento mayor de la misma que debe gestionarse desde distintas perspectivas.
Sin entrar a valorar la organización de las procesiones, algo en lo que el Ayuntamiento puede colaborar (y colabora) y exigir (de esto no estoy tan seguro) para una mejora necesaria, pienso que sería bueno trabajar en una campaña publicitaria potente, en la que se hiciera ver que el calendario festivo (Jueves y Viernes Santo) te puede hacer vivir unos días inolvidables en una ciudad en la que puedes contemplar sus procesiones en un entorno absolutamente incomparable, darte un baño en alguna de sus inmejorables playas urbanas, visitar y conocer un patrimonio envidiable y, disfrutar de una oferta gastronómica amplia y variada. Reducir nuestra Semana Santa únicamente a las procesiones, no ofrece mucho más de lo que se puede encontrar en nuestro entorno, por lo que creo necesario ampliar el ámbito de acción para hacer ver que en Cádiz puedes disfrutar durante esos días de mucho más de lo que otros lugares ofrecen. De esta forma, incluso el “turismo cofrade” (sí, existe) se podría sentir atraído por conocer Cádiz y su Semana Santa.
Tras el Domingo de Resurrección llegan el Corpus Christi, Juanillos, Patrona, Tosantos y Navidad.
Respecto al Corpus y a la Patrona, creo necesario un diseño concreto de lo que se pretende llegar a conseguir y, sobre todo, lo que se puede llegar a conseguir. Son fiestas con un carácter religioso, en las que el Ayuntamiento además de colaborar en los actos que desde las entidades religiosas se organizan, debe mejorar su diseño de actividades paralelas. En él (el diseño que nombro), creo que sería interesante apostar por la organización clara y estable de momentos en torno a ambas fiestas: exposiciones, desfiles, conciertos...de forma que estos alcancen con su consolidación la categoría de “costumbre” y de esta forma, la identificación real de todo ello con la ciudad. En este sentido, es necesario el buen gusto, la apuesta por la calidad de lo organizado y la seriedad en cuanto a su desarrollo (entendiendo por seriedad aspectos como la puntualidad, la estética y el sentido de lo que se lleve a cabo).
La fiesta de los Tosantos, necesita de una reflexión profunda que se aleje del “se hace porque siempre se ha hecho”. En nuestro entorno metropolitano, Halloween se ha convertido en apuesta clara y potente para atraer visitantes, llenar las calles y llegar a ser referentes festivos de la bahía. No creo que en una ciudad como la nuestra, que se encamina a un envejecimiento irremediable al menos durante algunas décadas, tuviera éxito una apuesta parecida pero, si se quiere seguir cuidando una de nuestra fiestas tradicionales, no debemos caer en el “chabacanismo” y la mediocridad. Cuidar la iluminación, dotar de mayor sentido a las actividades en torno a ella y, fomentar la participación de entidades y centros educativos, con exposiciones, concursos artísticos y/o literarios y visitas a los mercados con horarios ampliados y rutas programadas, aprovechando la fiesta para dar a conocer un comercio de calidad, cercano y necesario. Todo esto dotaría de contenido a la celebración y ayudaría a una mayor identificación social de los gaditanos con sus tradiciones y por extensión, con su ciudad.
Si Halloween se ha convertido en apuesta firme (y algo cateta, en mi opinión) de muchas localidades, la Navidad parece que se ha convertido en la fiesta estrella a nivel nacional, en la que grandes ciudades luchan por tener el árbol iluminado más grande del mundo, el mayor número de luces, o no sé cuántas cabalgatas para llenar de contenido lo que antes comenzaba el 8 de diciembre y ahora se ha extendido comenzando en la segunda quincena de noviembre. Y en esto, sí que pienso que debemos ser más ambiciosos. No debemos olvidar que el comercio es uno de los ejes dinamizadores de la economía de la ciudad y tiene en esta Fiesta su punto álgido del año. Simplemente con algunas medidas, la Navidad gaditana podría servir de referencia, al menos, en la bahía.’
La mejora (urgente y necesaria) de la iluminación, dotándola de una estética en la que el buen gusto tenga mayor peso que la cantidad de luces encendidas. Conciertos variados (bandas de música, corales, grupos flamencos…) en distintos entornos acordes con la música a desarrollar, con un calendario claro, bien preparado y con tiempo, con contenidos relacionados con la Navidad. Partiendo de lo que ya se realiza. Puesta en valor de los “Autos de la Navidad” de la compañía de la “Tía Norica”, con representaciones a escolares y una oferta más amplia a lo que a días se refiere. Un “Belén viviente” en el entorno inigualable del barrio del Pópulo que de por sí, es un marco único para su desarrollo y éxito. Certámenes escolares de Villancicos, de relatos, de pintura…Y como culminación, una cabalgata de Reyes en la que se cuide la estética, se reflexione en su contenido y amplíe su recorrido por más zonas de la ciudad.
Dejo para el final a dos fiestas por motivos antagónicos, una por su relevancia (el Carnaval) y la otra por lo contrario (los juanillos). En algunas ocasiones la mejoría no se basa en añadir sino en eliminar y, por ahí va mi propuesta para “los juanillos”. La excesiva “cutrez”, la poca repercusión a nivel social y el más que probable gasto excesivo que suponen para lo que han llegado a ser hoy día, exige la supresión de su organización. La ciudad ganaría con ello. Y en esa supresión, veo la oportunidad de comenzar con una propuesta que bien podría desarrollarse en torno a la noche de San Juan, tan relacionada con el mar. Creo que Cádiz necesita organizar “La Fiesta del Mar”. Nuestra historia nos demuestra que las épocas de bonanza llegaron siempre desde las aguas que nos rodean, cuando hemos sabido mirar hacia ellas y aprovechar lo que nos ofrecían. Pues creo que bien podríamos dar la bienvenida al verano, organizando actividades relacionadas con el mar: en su vertiente deportiva, náutica en lo que a embarcaciones se refiere, empresarial, pesquera, turística...con actividades organizadas en torno a todo ello, repartidas por la ciudad y dotando de momentos lúdicos y festivos unos días que bien podrían ser aprovechados en muchos ámbitos relacionados con el mar.
Por último, el Carnaval. La gran Fiesta de Cádiz, que aspira a ser patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, que tiene un Museo (aunque con poco contenido de momento) y que se ha convertido en una de las grandes referencias de Cádiz más allá de nuestras fronteras. De entrada, creo imprescindible crear la Concejalía de Carnaval, independiente al resto de las fiestas. Esto dotaría de equipo técnico propio a un movimiento cultural y económico que va mucho más allá de diez días en febrero, y que haría que el resto de fiestas no estuvieran absolutamente ninguneadas ante el tamaño y la fuerza de Don Carnal. Por poner un ejemplo, dentro de unos días, los mismos funcionarios que han trabajado hasta el mismo seis de enero en la Navidad y sus actos, deben comenzar en el teatro Falla tres días después con un concurso que exige una organización y una atención absolutas.
Y ya puestos, esta delegación exclusiva ayudaría a trabajar en un modelo claro y duradero de concurso, una apuesta por una estética en las calles que aproveche el ingenio de los artesanos surgidos en las últimas décadas, una cabalgata temática (incluida en un Carnaval temático cada año en la forma de adornar las calles) y bien preparada en su contenido y organización, una mayor exigencia y uniformidad en los “tablaos” y concursos de cada peña y barrio, la creación de un clima óptimo en las calles para que las coplas sean las grandes protagonistas y puedan escucharse allá donde cada grupo se disponga a cantar, una oferta alternativa y alejada del Carnaval en sí para quienes buscan solo fiesta y desenfreno (que también es parte de la fiesta, aunque nos pese), un mayor aprovechamiento de las agrupaciones durante todo el año con condiciones dignas en las actuaciones y como mucho más que “relleno” para cuando no se sabe cómo completar un evento de cualquier índole. Congresos potentes y con vocación de crecimiento, ponencias secuenciadas y argumentadas, espectáculos y/o festivales, exposiciones temáticas, investigaciones y publicaciones potenciadas y apoyadas desde el Ayuntamiento, etc. No se trata de hacer ver que en Cádiz todo es Carnaval, sino de aprovechar el Carnaval en beneficio de todos.
Mientras tanto, algunos seguiremos resurgiendo de las cenizas de un Domingo de Piñata para volver a nacer en la primavera de un Domingo de Ramos. Viviendo, que no es poco.
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