Cádiz

La sinceridad de Barbara Hendricks deleita en González ByassUna oda imborrable a la libertad

Un momento del concierto celebrado el domingo en los Jardines de la Villa Victorina. Un momento del concierto celebrado el domingo en los Jardines de la Villa Victorina.

Un momento del concierto celebrado el domingo en los Jardines de la Villa Victorina. / vanesa lobo

Barbara Hendricks trasladó al bucólico espacio bodeguero de los Jardines de la Villa Victorina, en González Byass, el terror de los años de persecución contra los negros en su Sur de los Estados Unidos natal. Letras que rondaron más el gospel que el jazz o la lírica, unos géneros donde se siente cómoda la nacionalizada soprano sueca. El 'Road to freedom' -Camino hacia la libertad- que trajo a Jerez fue una sucesión de cantos en busca de la esperanza por una sociedad mejor. "Hoy más que en ningún otro momento en mi vida", dijo, "siento que es absolutamente necesario continuar la lucha por la justicia y la libertad para todos en el mundo". Hacía horas que un grupo de neonazis se habían reivindicado en una marcha que recordaba a los peores pasajes del siglo XX en la ciudad de Charlottesville. Recitó entre despliegues de voz varios aforismos de Martin Luther King, líder del movimiento por los derechos civiles que alentó la igualdad. Hendricks luchó una pequeña batalla a miles de kilómetros para concienciar a la humanidad. Y venció.

Había varias formas de acercarse al espectáculo. Por un lado, desde un punto de vista musical, el despliegue fue inmejorable. La voz de Hendricks, que roza los setenta años, sigue en plena forma. Ella misma fue todo un coro gospel, marcó los compases con sus pies y realzó la experiencia de las iglesias evangélicas donde se desarrolló el estilo. Para los siglos queda su 'Precious Lord', todo un himno que se lo puso fácil a aquellos que venían buscando una experiencia única. Sin olvidar por supuesto a Ulf Englund y Mathias Algotsson, quienes a la guitarra y al piano marcharon desde la perfecta melodía hasta la improvisación jazzística, acompañando en pasión a la soprano.

Otra forma de acercarse a su genialidad residía en dejarse llevar y sorprender. La soprano dejó mucho espacio a la reflexión. Fue un torbellino oír su 'medley' -lo que aquí se conoce como 'popurrí'- homenajeando a los niños refugiados. Cerró esta pieza con la preciosa 'Sometimes I feel like a motherless child' -'A veces me siento huérfano'-, de un profundo sabor a los estados sureños que interpretó como si fuese una nana.

Los textos elegidos por Hendricks para este espectáculo -que se vio el domingo por última vez en España- son poemas convertidos en canción por el peso de los años, el dolor e incluso la censura. Caso aparte fue el muy aplaudido 'Strange fruit', que narraba la metafórica presencia de un hombre ahorcado que yace en un árbol como si fuese una 'Fruta extraña', nombre de la canción. Poemas, Martin Luther King como entremés, la voz de las voces más reputadas de la lírica norteamericana, de la embajadora de Acnur... Quien tuvo el placer de cerrar los ojos y escuchar el mensaje interpretado en ese inglés hablado por los primeros inmigrantes africanos en las Trece Colonias recorrió con gran precisión el dolor de todas las épocas de represión. Sus 'I believe' -Creo- con los que había abierto el concierto, dirigiéndose a un Dios comprensivo y padre protector de sus hijos represaliados; su 'We shall not be moved' -algo así como 'No deberían echarnos de nuestras tierras'- que sonaban de estribillo-; o el 'Another man done gone' -sin literalidad, traducido como 'Otro hombre asesinado'- fueron desgarradores trazos de poesía cultivada en el aprtheid de los siglos de supervivencia de los negros, con un lenguaje evidentemente popular dirigido a iletrados y catedráticos. Lenguaje del alma sin tapujos, que incluso sonaban a tristeza y reivindicación cuando abandonaba el folk y volvía al gospel, al 'Glory Hallellujah'.

Los aplausos más atronadores surgieron cuando la noche se fue cerrando. El piano y la guitarra que acompañaban a Barbara Hendricks sobre el escenario se hicieron minúsculos con la penúltima interpretación, 'I wish I would know how it feels to be free' -'Ojalá supiera como se siente al ser libre'- un golpe directo que obligó al bis tras despedirse el trío procedente de Suecia. Por más que hubiese declarado sus intenciones y se supiera que el concierto se enfilaría hacia la emoción, cualquier epíteto se queda corto. Quien tuvo el placer de contemplar lo que Barbara Hendricks guardaba, seguramente lo guarde siempre. Contadas veces Jerez cuenta con nombres de tal trascendencia mundial. Y no desengañó a nadie. Larga vida a la lucha por la libertad.

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