Enfoque de Domingo | Contaminación acústica

Bando de un alcalde ‘rockero’ contra el estruendo durante las fiestas

  • Promotor e impulsor de las fiestas de una ciudad inmersa en la Movida, Enrique Tierno Galván no olvidaba en sus bandos el derecho al descanso de sus vecinos

Enrique Tierno Galván, en la imagen inaugurando el paseo John Lennon de Madrid, el 7 de diciembre de 1981.

Enrique Tierno Galván, en la imagen inaugurando el paseo John Lennon de Madrid, el 7 de diciembre de 1981. / EFE

Esta Alcaldía Presidencia ha observado que los ruidos de esta Villa y Corte aumentan hasta hacerse intolerables. Jóvenes sin escrúpulos, que gustan de ostentar prepotencia y mostrarse ante sí mismos y los demás superiores a cualquier norma y acatamiento, vociferan con tal estruendo o producen tales ruidos con las máquinas de correr que llaman motocicletas, que impiden el sueño apacible y reposado que el trabajo cotidiano de nuestros vecinos requiere. Agavíllanse en ocasiones estos jóvenes, por lo común adolescentes, para que el número aumente el estruendo y fortalezca la impunidad de su deplorable conducta”. Quien así hablaba a lo madrileños no era un regidor del siglo de Oro español escapado de algún episodio del Ministerio del Tiempo, sino don Enrique Tierno Galván en un bando dirigido a sus vecinos en julio de 1981.

A veces, no ya los jóvenes, sino los adultos, caen en parecido incivismo y descuido alzando inconsiderablemente la voz de los ingenios que reproducen el sonido, mientras tienen los postigos y las vidrieras de ventanas y balcones abiertos, con lo que perturban, particularmente de noche, la sensibilidad y el ánimo de los vecinos, moradores o viandantes”, añadía el Viejo Profesor.

No faltan tampoco quienes hablan con voz estentórea, gritan o anuncian mercancías, o tocan instrumentos musicales sin el debido y solícito recato, molestando a quienes duermen sobre todo en las horas de descanso que corresponden a la siesta”, denunciaba Tierno Galván.

“Por cuyas razones, velando por la paz y el sosiego de esta Villa, encarezco a sus habitantes cuiden de su comportamiento para no añadir a las molestias y congojas que toda ciudad grande ocasiona, las que nacen de la mala educación y poco civismo”, concluía el mítico alcalde socialista. El mismo que definía los atascos de su gran ciudad como “desmedido número de carruajes en movimiento” y las calles peatonales como “calles de un solo andar”, pero que tampoco dudaba en llamar al disfrute de las fiestas con aquel ochentero: “Rockeros, el que no esté colocado que se coloque...y al loro”.

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