"Altadis era un sitio donde los jóvenes tenían futuro"
josé luis marín. el último trabajador que salió de altadis
Podría decirse que echó el cerrojo de la fábrica de tabaco, punto final a una relación de más de 200 años de este sector con la ciudad
José Luis Marín es el último trabajador que salió de Altadis, antes de que cerrara definitivamente sus puertas en abril de este año. Podría decirse que literalmente echó el cerrojo de la emblemática fábrica, en un gesto que materializó con la entrega de llaves de las instalaciones al vigilante, y que le produjo un amargo sabor que todavía hoy persiste.
"Fue un mal día, todavía lo es. Me jodió mucho", describe. Y dice esto por lo que ha significado Altadis, Tabacalera, la fábrica... en sus propias vidas y en el sector industrial de la ciudad. "Era un sitio donde los jóvenes podían entrar a trabajar, donde tenían un futuro, con sus cosas buenas y malas, pero con muchas buenas. Porque se han conseguido muchos logros, teníamos buenas condiciones, en términos generales", explica José Luis cuando habla de los derechos laborales conquistados, pues además era presidente del comité de empresa. Sin ir más lejos, "le decía a mi hija -que ahora trabaja en un hospital de Madrid-, que ojalá hubiera entrado a trabajar allí, como operario o mozo, porque era muy buena empresa", se lamenta, mientras mira al horizonte laboral de la juventud gaditana, prácticamente huérfana de esta herencia industrial que sus padres forjaron con mucho esfuerzo y sudor.
Su carrera comenzó en la empresa allá por el año 1987, casi directamente en la nueva planta de Zona Franca, con apenas un "anecdótico" mes vivido en la calle Plocia. Entró como electrónico y luego ascendió y pasó a ser jefe de planta, hasta el mismo día en que cerró las puertas, el pasado 28 de abril. Ocho meses después echa la vista atrás, recuerda los buenos momentos vividos y reconoce que lo echa de menos, y mucho. "Desde el 1 de mayo hasta el último día de playa lo he llevado bien, porque me gusta mucho el verano. Pero ahora que llega el invierno... Puedes pasear, leer, ir al gimnasio, coger la moto, etc. Yo hago muchas de estas cosas, pero te faltan horas en el día por rellenar, y entonces te acuerdas del trabajo, de tus compañeros", dice, melancólico. Porque Marín recalca que ante todo eran amigos, aparte de compañeros, casi como una segunda familia. "Siempre nos hemos llevado bien, pasábamos muchas horas juntos".
Pero la histórica fábrica que en 1741 echó a rodar, se diluyó como la esencia de aquel humo que cada día recordaba que la producción tabaquera corría por las venas del tejido industrial de la ciudad. Se fue, sin más, "porque los ingleses desembarcaron aquí y nos trataron como si fuéramos una colonia, y han hecho y deshecho, cuando éramos más rentables que muchas otras fábricas que han permanecido abiertas. Se cerró por intereses que se me escapan, se dejó morir porque le interesaba a quien sea", sentencia Marín, que pasó los últimos siete años a caballo entre Cádiz y Madrid por su labor al frente del comité de empresa, y ha conseguido prejubilarse tras el cierre. Pero recalca que no todos tuvieron la misma suerte, pues algunos compañeros están en la calle. "Las criaturas de las empresas auxiliares se han ido con una mano delante y otra detrás". Un triste final que ha firmado uno de los episodios negros de la industria gaditana de este año y de toda su historia.
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