Perversiones gastronómicas

El Mejor museo del vino del mundo

  • La familia Vivanco, en La Rioja, tiene uno de los proyectos culturales más sofisticados del vino

Museo Vivanco de la Cultura del Vino y bodega. Museo Vivanco de la Cultura del Vino y bodega.

Museo Vivanco de la Cultura del Vino y bodega.

El vino forma parte de la cultura popular aunque siempre ha sido una institución burguesa. La aristocracia y la gran burguesía convirtieron la mesa en un espacio litúrgico y el ceremonial gastronómico en representación de una identidad social elitista, en un factor de distinción. El vino en particular, símbolo de civilización y de lucidez creativa, expresa también la propiedad de la tierra y la estructura económica de un territorio.

En los últimos veinte años se está sustanciando un apreciable cambio de modelo de negocio: se observa una auténtica atomización de pequeñas bodegas y la aparición de nuevas superficies de cultivo, marcas innovadoras e intentos de conquista de un mercado de consumo más joven.

El vino es mucho más que un producto industrial: condensa multitud de valores sociales, culturales, políticos e históricos que lo trascienden y que dan lugar a un poder evocador mucho más sofisticado y complejo que su mera naturaleza química y sus propiedades organolépticas.

No en vano, todas las grandes religiones se preocuparon del vino, tal y como Javier Pérez Escohotado desgrana en su Crítica de la razón gastronómica. En esta obra indaga en la narrativa enológica a través de la historia entre judíos, moros y cristianos y expone las discordias que ha venido produciendo esta bebida que, junto al cerdo, es con seguridad el alimento que más disputas teológicas y filosóficas ha generado desde la Edad Media.

Hay una necesidad creciente de vincular el vino a la cultura. De hecho existen en nuestro país varias iniciativas que sobresalen como la Fundación para la Cultura del vino y cientos de pequeños museos de diferentes compañías o denominaciones de origen riegan la geografía ibérica de una forma más que voluntariosa. En Francia, la nueva Ciudad del Vino de Burdeos ha sido una iniciativa público-privada resultado de un proyecto colectivo de ciudad siendo un icono arquitectónico a orillas del río Garona.

Sin embargo, en España tenemos desde hace quince años el Museo del Vino de Vivanco, un proyecto de una familia de bodegueros y viticultores riojanos que quisieron compartir con el mundo su pasión por la cultura del vino a través de una visión múltiple: una Bodega, una Fundación, el Museo de la Cultura del Vino y su nueva marca enoturística Experiencias Vivanco.

Declarado por la UNESCO como el mejor Museo de la Cultura del Vino a nivel mundial no tiene parangón posible. Vivanco supuso toda una revolución dentro del turismo riojano. Hasta su apertura, en 2004, la gran mayoría de las bodegas permanecían cerradas a los visitantes.

Lo que es realmente sorprendente de este proyecto es su visión global. No es el coleccionismo, aunque tienen miles de piezas originales, sino el compromiso por la cultura. El vino es un pretexto para elaborar un espacio expositivo coherente e inmersivo dotado de excelencia y calidad.

El Museo nace con el objetivo de educar, divulgar e interactuar con el vino como elemento civilizador desde la experiencia, sensibilidad, respeto e innovación. Ocupa una superficie de 4.000 m2 que incluyen cinco salas de exposición permanente, una sala de exposiciones temporales y, en el exterior, el Jardín de Baco, una colección de vides que cuenta con más de 220 variedades de todo el mundo.

Se puede recorrer la historia de la cultura del vino desde sus comienzos hasta hoy y sus diferentes manifestaciones por todo el mundo.

Las cinco salas se detienen en varios pasos. El discurso expositivo y su articulación en el espacio están muy bien diseñados y documentados. El origen del vino y el cultivo de la vid, las esencias del vino –barricas, botellas, corchos-, el sueño y la calma de la bodega, el vino como como arte y símbolo y, finalmente, la liturgia –abrir, servir, beber-.

Destaca sobre todas ellas la sala cuatro de arte y símbolo. Es muy difícil encontrar una colección que recoja tan amplia oferta de piezas de las más variadas épocas y técnicas, que compartan el denominador común de estar vinculadas al vino.

Albergan obras de artistas españoles, flamencos, italianos o franceses, como el renacentista Jan van Scorel, Pablo Picasso, Sorolla, Joan Miró, Juan Gris o láminas originales de Walt Disney.

La vendimia y el otoño riojano son los momentos más interesantes para visitar el Museo acompañado de cualquier inmersión en el proceso productivo de la Bodega y con alguna de sus experiencias gastronómicas. Acaban de inaugurar una temporal del diseñador gráfico Alberto Corazón que a través de veinte piezas originales describen su visión vital y profunda del vino. No se lo pierdan.

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