Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
Parafraseando la cita del presidente Lincoln, diremos que en la ciudad de El Puerto se puede engañar a todos alguna vez, o engañar a algunos siempre, pero no se puede engañar a todos siempre por lo que recientemente, ya por fin, algunos muchos están manifestando su disconformidad, de manera pacífica y con sentido común, contra las decisiones políticas del equipo de gobierno y su socio. Aún sin ser una alarma social el actual estado de cabreo, sí que resultó ser significativa y algo jamás visto por estos lares la protesta convocada por diversos colectivos que congregaron una participación de más de dos mil ciudadanos englobando un conjunto de personas comprometidas con los derechos sociales y colectivos desfavorecidos. La marcha del hartazgo. Y es que se va generalizando entre los portuenses el sentimiento de chasco con los dirigentes en quienes se tenía depositada la confianza para manejar el rumbo de una ciudad que de manera desnortada e irremisible conducen a la deriva. Pero, ¿se queja el pueblo soberano con fundamento o es que son todos unos derrotistas? Y es entonces cuando te dicen: "no se vende el agua, bueno, sólo la mitad"; "no hay nada más que explicar acerca de los parkings pues ya está todo aclarado con la comisión informativa"; "no se crea empleo en la ciudad porque la Junta es muy mala, pero sí que te prometo que vamos a crear más de 1.000 puestos de trabajo en breve"; "si con todo esto te me enfadas y te me encierras en la Casa Consistorial pues te mando a la Policía Local para que te identifiques y te pongo a altas horas de la madrugada, a todo volumen, los grandes éxitos de Siempre Así"; "tampoco hay que rajar tanto señores". Ustedes mismos.
Sufren y padecen la regañina popular y se siguen empecinando en pintarnos los mundos de Yupi en colorines utilizando eufemismos políticamente correctos. La gente no es tonta, oiga.
Posiblemente, alguno reste importancia a unos pocos "jartibles" indignados que de pronto llenan las calles y que solamente hacen vociferar pues dicen sentirse estafados, pero, cuidadín, que los mismos que echan tierra para acallar a esos pocos puede que, a su vez y con la misma pala, estén cavando sin saberlo su propia tumba política.
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