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Griñán afianza su liderazgo en el congreso más crítico desde 1994

  • Los opositores de Córdoba, Cádiz, Málaga y Sevilla formularon quejas conscientes de que estarán fuera. Jaén lo elogió pero lamentó una coordinación "muy pobre" con las provincias. La gestión de la dirección fue aprobada por el 95,5% de los votos.

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A juzgar por el balance de gestión que ayer hizo José Antonio Griñán en Almería, poca cabida tendrán mañana en la nueva dirección del PSOE andaluz quienes él considera que no estuvieron a su lado durante la campaña electoral en la que todas las encuestas daban por perdidos los comicios autonómicos del pasado 25 de marzo. Su gestión y la de la Ejecutiva fue aprobada por un amplio 95,5%, con sólo ocho votos en contra, pero los críticos, aunque minoritarios, dejaron patente un malestar que molestó al también presidente de la Junta.  "Hicimos una dura campaña con el diario del día de después entre las manos", dijo Griñán en su discurso inicial segundos antes de dar las gracias sus "colaboradores", "a los que me defendieron en los momentos más duros" y a los "socialistas y a las socialistas que nunca tiraron la toalla". "Nunca olvidaré las luces de esos momentos, y tampoco las sombras, aunque sea para que no vuelvan a sorprenderme", sentenció.

Tras citar como una de las tres causas de que el PSOE se haya podido mantener en el Gobierno, su decisión de no hacer coincidir las elecciones autonómicas con las generales, una opción que, como se encargó de recordar, fue complicada y cuestionada, pocas dudas caben ya sobre la seguridad en la que se siente José Antonio Griñán para confeccionar una Ejecutiva a su medida.  Él venció a Arenas en su magra victoria popular; lo retiró después a Madrid y confeccionará su dirección propia como diseñó su último Gobierno, donde las únicas concesiones se las hizo a sus socios de Izquierda Unida.

Poco antes de iniciar su discurso después de las cinco de la tarde, los críticos de las provincias de Málaga, Córdoba, Cádiz y Sevilla -las cuatro en las que han obtenido representación- ya daban por seguro que, difícilmente, habría espacio para la integración. Incluso, se dudaba de que diera un hueco a los de Jaén, aunque en este territorio son plenamente mayoritarios y puede que, en este caso, sí se produzca algún tipo de guiño. Su secretario general, Francisco Reyes, elogió las decisiones de Griñán al singularizar la campaña electoral, al separar los comicios de las generales, pero criticó a la Ejecutiva regional por no contar con las provincias y al Gobierno, por no haber nombrado aún a los delegados de las consejerías. De "muy pobre" calificó la coordinación entre Sevilla y el resto de territorios, y se quejó de que no se les hubiera preguntado a los secretarios provinciales para realizar los nombramientos en el Senado, en la Mesa del Parlamento y en otras instituciones.

Uno de esas personas que estuvieron más cerca de Griñán en esos momentos, el onubense Mario Jiménez, será el número dos del PSOE-A en una dirección donde no estarán integrados los críticos. El de Moguer será vicesecretario general en una dirección donde sí habrá otra persona que ocupe el puesto de secretario de Organización. Entre los nombres que más sonaban, está el del gaditano Juan Cornejo.

Por primera vez desde 1994, las provincias no hablaron con una voz única, ya que también intervinieron en el debate sobre la gestión de la Ejecutiva saliente aquellos portavoces de las corrientes críticas con representación. Entre ellos hubo coincidencia: solicitaron una integración en la que poco confían, pidieron otro partido y una lectura más detenida de lo sucedido en Andalucía.  Porque si bien es cierto que, como mantuvo Griñán, en el 25-M le dieron la vuelta a las encuestas, el PSOE perdió entre las elecciones autonómicas de 2008 a 2012 un total de 654.831 votos, más unos comicios municipales y otros generales anteriores. Hoy el PP es el partido con mayor implantación en la comunidad autónoma, aunque, comparado con el resto de España, Griñán es el único que cuenta con un Ejecutivo armado y capaz de resistir cuatro años, a pesar de las tensiones con IU que irán jalonando la legislatura. Unos roces que, posiblemente, no llegarán a romper el lienzo. Griñán dejó espacio para la autocrítica: "Soy consciente de que Andalucía nos ha dado un toque de atención, y estoy convencido de que podemos recuperar el terreno perdido". No obstante, algunas intervenciones críticas molestaron al secretario general, quien replicó: "Si me pichan, sangro, y si me empujan, me caigo, pero lo que pido es que me lo digan a la cara".

De los críticos, hablaron Joaquín Dobladez, por Córdoba; Rafael Quirós, por Cádiz; Antonio Gutiérrez Limones, por Sevilla, y Josele Aguilar, por Málaga. Sus discursos fueron conjuntados. Dobladez recordó las críticas que los sindicatos CCOO y UGT habían realizado, recientemente, a la Junta y, en especial, el señalamiento que hicieron del vicepresidente Diego Valderas como su interlocutor. El gaditano Quirós, tras recordar que los socialistas son las segunda fuerza del Parlamento andaluz, llegó a juzgar que IU está marcando la agenda política del Gobierno y, por si fuera poco, dudó de los nombramientos que la Junta está realizando en su provincia. Uno tras otro, los críticos, quizás muy seguros de que poco pueden hacer ya, se fueron desnudando, mientras los griñanistas de sus provincias contrarrestaron sus discursos.  José Manuel Jiménez Barrios, uno de los oficialistas de Cádiz, aseguró que les llaman "griñanistas, y con orgullo". "¿Si todos vamos a apoyar la gestión, por qué no hemos venido juntos?, se preguntó Jiménez Barrios. La división, pues, quedó clara en cuatro provincias, en dos de las cuales -Sevilla y Cádiz- habrá congresos provinciales muy discutidos el próximo fin de semana.

No obstante, y a pesar de que el debate sobre la gestión de la Ejecutiva fue uno de los más movidos desde 1994, el peso de los críticos es escaso en el conjunto andaluz. Los griñanistas lograron ganar en todos los territorios. Con Jaén habrían sumado algo más del 30%, pero la provincia optó por dar una de cal y otra de arena, durante su exposición. Su secretario general dejó claro, desde el principio, el apoyo de todos su delegados a la gestión de la dirección saliente y al presidente, pero el malestar con el que se refirió a algunos aspectos de la Ejecutiva dejó un eco sonoro en el palacio de congresos del Toyo.

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