Coaching

Aprendiendo a regular tus emociones

  • Toda emoción negativa encierra una intención positiva. Suponen una llamada a la acción. Si hacemos buen uso de ellas se convierten en palancas que impulsan cambios profundos en nuestra vida

Cómo gestionar las emociones Cómo gestionar las emociones

Cómo gestionar las emociones / Sara Pequeño

Mario Alonso Puig, prestigioso doctor experto en el conocimiento del cerebro y la salud emocional, asegura que una estrategia fundamental para gestionar las emociones es el entrenamiento de la fortaleza mental.Y una de las maneras mas efectivas de ejercitarla es activando la sonrisa. Cuando lo hacemos, aunque sea de manera forzada, al cabo de un rato nos sentimos muchísimo mejor. Esto es consecuencia de la información que capta el cerebro de los receptores faciales. 

El cerebro esta constantemente queriendo averiguar lo que nos trasmite nuestro rostro. Este caudal de información es continuo y tiene un gran impacto sobre nuestras emociones. Puig pone como ejemplo el efecto que tiene el botox al bloquear el músculo corrugador de la frente. Cuando alguien frunce el ceño, la expresión típica de enfado, preocupación o tristeza, el cerebro recibe más mensajes negativos que provocan una emoción similar. Al inmovilizar los músculos faciales, el botox impediría a la persona hacer ese gesto y con ello el sentimiento de enfado, tristeza o angustia no tendría sustento y se diluiría.  Con el gesto de sonreír pasa lo mismo. Engañamos al cerebro y las emociones que no nos producen bienestar se trasforman. Si el rostro está alegre, el cerebro cree que debe actuar en consecuencia. Otra forma de entrenar la mente para transformar una emoción es cambiando el foco del pensamiento, ya que la emoción responde al pensamiento.

Cuando mantenemos un pensamiento negativo que genera una emoción que no nos está haciendo sentir bien, una de las formas de transformar esa emoción es cambiando a lo que le ponemos atención con el pensamiento. Para ello podemos recurrir al movimiento o modificar la acción que estamos realizando. Por ejemplo: si estamos abatidos en la cama tristes por algo que nos ha ocurrido, una forma de parar esa sensación es levantarnos de la cama y dar un paseo, leer un libro, ir a hacer deporte o ver a un amigo. 

Es importante destacar que emoción y sentimiento no responden al mismo patrón. La emoción dura unos segundos. Al dejarla crecer y perdurar en el tiempo, se convierte en sentimiento. Es por ello que debemos de ocuparnos para manejar nuestras emociones y estados. Es el caso de la tristeza (emoción) cuando nos abandonamos a ella creando un sentimiento (tristeza profunda) que puede desembocar en una patología como es la depresión.

Las emociones constituyen un proceso de adaptación del ser humano. Se pueden reconocer, gestionar y regular para guiar el pensamiento a la acción. No podemos elegir las emociones ni se puede concretar qué emoción activará un pensamiento pero si se puede elegir sobre qué pensar y sobre todo cómo actuar.

¿Para qué nos sirven las emociones?  

La felicidad

Nos hace sentirnos plenos, llenos de vida. Nos motiva a seguir adelante con más fuerza.

La tristeza

Nos ayuda a gestionar la pérdida, a expresar nuestro dolor, a que éste vaya desapareciendo paulatinamente.

La ira 

Nos permite expresar nuestro enfado, nos activa ante las injusticias y nos ayuda a conocernos mejor.

El miedo

Nos sirve para estar alerta ante los peligros, nos hace ser precavidos para protegernos, reaccionar o huir.

Todas las emociones son necesarias para la vida. No hay emociones buenas o malas siempre que estas se sientan en límites normales.Por ejemplo: la tristeza es una emoción que nos ayuda a sanar nuestro dolor pero si la llevamos al extremo se convierte en una tristeza profunda que puede desembocar en una patología que nos limite como es la depresión. Al igual pasa con la alegría, llevada a su extremo se convierte en manía, pero en márgenes normales es una emoción que nos proporciona felicidad y bienestar. Si nos afecta de forma negativa solo la usaremos para lo que nos beneficie como sería el caso de impulsarnos a tomar acción pero no la prolongamos en el tiempo convirtiéndola en un sentimiento o un estado emocional. La emoción se genera por la interpretación de los hechos y está influida por el observador que cada persona es. Por ejemplo, según tú interpretes la soledad, así serán tus emociones o sentimientos. Si identificas la soledad como algo triste, tenderás al hundimiento, abatimiento, pero si identificas la soledad como un proceso de reflexión, autoconocimiento, calma y bienestar con uno mismo, la emoción que te producirá será placentera. Tú eliges qué pensamiento ha de venir a tu mente cuando estás en un momento de soledad. Tú eliges si sentirte solo o simplemente estar solo.  

Pasos para gestionar una emoción 

Realizamos la alquimia de una emoción cuando la sentimos, detectamos (le ponemos un nombre) y aceptamos dejándola estar, normalizándola. Los pasos a seguir para poder gestionarla son :

Reconocerla

¿Qué sensación llega a mi? Identifico y describo la emoción, le pongo nombre a lo que siento. 

Comprenderla 

¿Por qué me siento así? ¿Cuál es la causa? ¿Qué espero conseguir con ésta emoción?

Aceptarla

Observo mi emoción y la acepto sin juicio y sin sufrimiento. Aceptar la emoción que nos embarga significa transformación. Aceptar nos mantiene en el momento presente, nos induce a hacernos responsables de nosotros mismos y nos induce al cambio. La no aceptación provoca una lucha interna que nos bloquea y desestabiliza.

Expresarla

Es la forma en la que tras reconocer, conocer y aceptar que esa emoción esta en mi, la suelto, la dejo ir , equilibrándola. Consciente de lo que siento, decido como comportarme. Es importante saber expresarla para que el cuerpo no grite (somatice) lo que la boca calla.

En definitiva, toda emoción llevada a su extremo nos limita. No hay emociones buenas o malas si están reguladas en los márgenes adecuados. Aprender a gestionaras crea un mayor bienestar en nuestras vidas. Sólo depende de nosotros. !Te animo a conseguirlo ! 

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