¿Salvados? Ninguno

Con sus errores, en mi opinión, Jordi Évole no suele defraudar casi nunca, pero esta vez fue un programa fallido

Yo he oído a José María García. Durante un tiempo fue la libertad de expresión de la radio española. Me he quedado dormido muchas noches con el transistor pegado a la oreja oyendo como zurraba verbalmente a los dirigentes del deporte español, especialmente a un tal Pablo Porta. En lo suyo tuvo un gran poder este hombre. Y ganó un montón de dinero con ello. Hasta que llegó la competencia. Se llamó José Ramón de la Morena. Mismos o similares procedimientos. Llegó a neutralizarlo. Sobre una montaña de descalificaciones e insultos. Y una empresa detrás que se colocaba a la cabeza de la comunicación en España, el grupo creado por Jesús de Polanco, dueño de El País, Canal Plus, la SER, Santillana, etc. Un grupo empresarial poderoso a más no poder que llegó a poner un pie en México y otros países hispanoamericanos. En un momento dado, lo recordaron el domingo en Salvados, PRISA compró Antena 3 radio y la cerró. Entonces perdí la pista a García, como le llamaban en el mundo periodístico, o Butano o Butanito. Se le veía de vez en cuando en las revistas cuché o junto a poderosos amigos, pero ya no volvió a la batalla sin cuartel de las ondas. Entonces lo trajo a su programa Jordi Évole. Con sus errores, en mi opinión, Évole no suele defraudar casi nunca. Además sus trabajos vienen acompañados de unos soportes realizados con muchísima calidad, como de cine documental. Por eso, mientras animado por el conductor de Salvados García crecía y crecía de estatura recordando lo importante que había sido y los grandes amigos que tenía, Évole le extrajo (pienso yo) perlas como que votar al PP "es perder el voto" y soplar en la dirección de Ciudadanos. Entonces el entrevistador sacó la carta guardada en la manga, la primera de ellas, una llamada telefónica al Rey Juan Carlos I. Pero no tuvo buen comienzo al preguntarle algo que no estaba en lo pactado. Don Juan Carlos le dijo que estaba allí para hablar de García, del que acabó hablando, bien por cierto, pese a la entrada que tuvo el ex locutor, crítica y sobrada. Nueva insistencia de Évole, nueva protesta y fin, se cortó la comunicación. Me quedé con "mal cuerpo" pero bueno, entonces llegó José Ramón de la Morena. Los viejos adversarios ad hominem se dieron la mano, se arrepintieron en público de los excesos y García se levantó y se fue. Se quedó De la Morena pero la leche de ese programa se había cortado con la interrupción brusca de la llamada al Rey. La fórmula Évole había fallado, fue un programa fallido. ¿Salvados? Ninguno.

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