Pamelones

Los años nos roban la libertad y dejamos de ser espontáneos para siempre

La gente ve artículos por todas partes. Estoy en un cumpleaños, entierro, boda o bautizo y me dicen, aquí tienes el artículo de la semana que viene. Me imaginan haciendo una profunda reflexión cuando, en verdad, yo estoy absorta en la pamela tipo huevo frito de avestruz que tengo dos bancas por delante y que se mueve sin grúa. Alguien me hace una confidencia y enseguida me pide que no la vaya a contar en un artículo cuando yo de toda la vida he sabido guardar secretos mucho mejor que contarlos. Me ven pensando en una sobremesa y en broma comentan que estaré cavilando sobre el artículo mientras yo tengo todo mi pensamiento concentrado en si pongo al día siguiente puchero o potaje de lentejas.

Algo de verdad hay en todos esos comentarios bienintencionados porque los artículos están dejados caer en cualquier esquina de la vida, tan solo consiste en estar un poco atenta, en pararse a mirar con los ojos bien abiertos. Escribir artículos es lo más parecido a charlar, es una cuestión de ánimo y actitud. A mí lo que me gusta es ensartar el pamelón imposible con las complicaciones de la vida; las involuntarias, se entiende.

Me preguntan mucho, y antes no lo entendía, qué ocurre cuando no sabes de qué escribir. No ocurre, yo escribo de cualquier cosa, respondía siempre en mi interior. Pero pasan los años y me gana el pudor que me impide contar lo que antes contaba de corrido y sin ningún problema. No sé si soy más consciente, más prudente o más cobarde, pero es así. Los años nos roban la libertad y dejamos de ser espontáneos para siempre. Miramos con ternura el pamelón y hasta le encontramos sentido de la vida.

Digo en broma muchas veces, a modo de excusa, que le he perdido el respeto a los artículos. Pero es justamente al contrario, procuro pensarlos menos para no matar la idea porque a poco que reflexione se vuelve inútil y se me deshace entre los dedos aquel destello que antes era un artículo seguro y, en lugar de volver y perseguir esa idea, la descarto en busca de otro espejismo que apenas durará unos segundos. Digamos que ahora me coloco el pamelón para poder escribir.

Por eso comprendo que, cada vez más, la gente hable sin descanso de política. Es un lugar seguro en el que, con un poco de sentido común, es fácil no encontrarse solo. Pero, lo que a mí me gusta es la intemperie que es donde suelen producirse los hallazgos, se puedan contar después o no. Aunque no haya pamelas.

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