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El bilingüismo es como una fiebre, la moda educativa del momento. Institutos y colegios tratan de presumir de tener este sello de calidad al tiempo que preparan el futuro exigiendo a sus docentes que dominen un segundo idioma. En paralelo, pues, crece la demanda de academias privadas y florecen los cursos para presentarse a los exámenes que acrediten los títulos B1, B2, C1 y sucesivos. Y ni los cursos ni los exámenes son baratos. Pocas dudas hay de la importancia de los idiomas, de su necesidad y de recuperar en parte un atraso que la sociedad española viene sufriendo desde hace décadas, pero no es menos cierto que las fiebres no son saludables y que el bilingüismo no debe convertirse en un negocio. Si es en casa donde hay que predicar con el ejemplo, qué mejor que apostar por el bilingüismo portugués, que las etiquetas de muchos productos ya nos hablan como Pessoa: "Peito de Peru", por ejemplo.
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