Arte y justicia

El arte y la justicia modernos no generan unanimidad

Los delincuentes y los artistas modernos tienen derecho a mentir, quién lo niega. La defensa de unos y la creación abstracta de otros se asientan sobre una misma base de impostura. El arte y la justicia, hoy en día, se valen del trampantojo, del no es lo que parece, de la contradicción y los votos particulares, de los escándalos y la provocación. El arte y la justicia modernos no generan unanimidad, a saber por qué. Las sentencias y las obras de arte son tan complejas que necesitan ser explicadas por expertos en la materia. No están al alcance de cualquiera con simple capacidad de emocionarse o de saber lo que está bien y lo que está mal. Necesitamos prospectos de letra menuda que nos terminen de confundir.

En esta sociedad tan compleja no hay censores por más que digan. No tiene sentido prohibir nada, basta con que aquello que nos importa sea inentendible. Es todo tan confuso, tan inseguro que necesitamos siempre juristas dispuestos a partir un pelo en tres; galeristas y críticos expertos anunciando que un retrete es una obra de arte simplemente porque se ha sacado del cuarto de baño y se ha colocado en un museo, que la mierda enlatada de un artista es una mordaz crítica al mercado del arte o que las fotografías de unos presos son una obra de arte y ellos unos presos políticos sencillamente porque se les coloca un rótulo con esa nomenclatura.

Todos los años hay un escandalito en ARCO que es más mercado de arte que arte mismo y que juega sus bazas colocando su señuelo para copar los informativos junto al modelo de la reina para la ocasión. Nos interesa tanto el arte que nos conformamos con este chiste repetido. Solo el tiempo, y ha de ser mucho, dirá cuanto timo hay en los museos comprado con dinero público. Bastaría con hacer almoneda en alguno de ellos para conocer su verdadero alcance. El arte moderno también tuvo su burbuja.

De la misma manera que los grandes restaurantes de cocina moderna ya no tienen lentejas sino humo de lenteja; la obra artística moderna necesita dejar de ser lo que es, un retrete, una mierda, o la foto de un delincuente y llamarse obra de arte. Una forma de positivismo que elude la censura y la emoción, pero nos atrapa en la secta de los ignorantes leídos. ¿Qué sentencia nos deparará la justicia para los delincuentes catalanes que en nombre de la democracia cometen tropelías y nos tienen en vilo? Ojalá no tengan que explicárnosla con ruedas de molino.

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