Turismo rural Setenil anda con el guapo subido

  • El municipio lleva varios años recibiendo reconocimientos como destino rural. Hasta el rotativo The Times recomienda el pueblo serrano

Setenil de las Bodegas anda en boca de todos. En pocos años se ha puesto en los primeros puestos de salida de los destinos preferidos del turismo rural a nivel nacional, lloviéndole los reconocimientos: los últimos han sido el poder entrar en el club selecto de los Pueblos Más Bonitos de España, recibir las alabanzas de programas de televisiones internacionales y portales digitales y hasta tener la mirada, nada menos, que de uno de los popes de la prensa internacional como es The Times, que recomienda este destino.

¿Y qué ha hecho este pueblo para este formidable despegue turístico? Los vecinos y las instituciones locales dan la respuesta: trabajar, trabajar, trabajar. A nadie se le escapa el peso que supone el privilegiado entorno, con sus llamativas y singulares casas cuevas, y el paisaje del conjunto urbano protegido que dibuja el paso del río Guadalporcún. Pero también el esfuerzo del sector turístico local por ofrecer singularidad.

“Beatiful”, “lovely”, asentía ayer una compatriota inglesa a las explicaciones de Hans, un guía oficial de turismo, afincado en la Costa de Sol, que lleva desde hace cuatro años trayendo hasta el Setenil grupos de holandeses, belgas, ingleses, alemanes y franceses. “Lo que más les gusta son las casas cuevas. La gente se queda boquiabierta. Es una cosa muy curiosa. Hacemos excursiones desde Marbella, Estepona, Fuengirola, Torremolinos, Benalmádena a Ronda y hay una parada aquí porque es un pueblo con mucho encanto”, dice mientras por el micrófono inalámbrico, que lleva adosado, va explicando a sus clientes: “Aquí se ve por qué se llama cueva de la sombra. Aquí nunca llega el sol”, pregona. “Amazing”, vuelve a repetir la misma compatriota, esta vez, ojeando la información de Diario de Cádiz sobre la recomendación de The Times, que ella desconocía. Es la primera vez que viene a España y Setenil es su primer destino.

Que el turismo rural es un motor muy importante para esta población de 3.000 habitantes se puede intuir, por ejemplo, en las historias de tres jóvenes del pueblo que han emprendido en los últimos años al calor de este foco dinamizador. Juan Francisco, José Manuel y David son tres emprendedores que han montado negocios al calor de este movimiento. “A la gente joven nos está dando mucha vida. Gracias al turismo tenemos la oportunidad de emprender”, cuenta Juan Francisco Anaya, propietario de La Dehesa, un negocio de jamón, vino y queso de la zona. A su lado, los otros dos compañeros cuentan que internet y programas de teles internacionales han disparado las visitas. “Hasta en el metro en Japón se han visto imágenes de Setenil. Vinieron por aquí a grabar. A mi negocio vino una familia brasileña porque había visto un programa de turismo donde salimos en su país. Y claro que se nota después. Nos da vida a nosotros y los pueblos de alrededor”, asevera José Manuel Fernández, que tiene un negocio de hostelería, el bar Lucía, en las cuevas del sol.

Fernández coincide en que el boom turístico de su pueblo no es de hace dos días. “Esto tiene un trabajo de muchos años, no es de ahora. No quita que internet ha hecho mucho, pero el boca a boca también porque habla de nuestros encantos, de que se come bien, de que somos buenos anfitriones. Estamos recogiendo los frutos. Ha tardado un poquillo o se ha aligerado ahora con el tema de las redes”, reflexiona. Si bien la oferta de camas, con la apertura de nuevas casas rurales, se ha ampliado en los últimos años, estos jóvenes cuentan que en Semana Santa y en los puentes se queda pequeña para tanta demanda. “Hay alquileres de un año para otro. Se está haciendo un camping y zona para caravanas que hacía falta aquí. Porque viene gente y se queda a pie de carretera”, añaden. David, de 25 años, que regenta en la zona de las cuevas la abacería el Puente, lleva dos negocios adelante. “Al turismo le debo mucho. Si no, no podría pagar los sueldos de seis personas. Damos muchos puestos de trabajo y eso es importante, que la gente no tenga que salir del pueblo a trabajar fuera. Sin el turismo tendríamos que emigrar a campañas agrícolas o la costa del sol”, sentencia con alivio.

La calle Herrería, una de las más fotografiadas del pueblo, y de las más empinadas, está salpicada de casas cuevas que son objeto de las miradas foráneas. “Ahora el pueblo está en todos lados. Se nombra mucho”, cuenta Antonio, propietario de la morada tallada en el tajo de piedra que conforma la silueta de este pueblo casi troglodita. “¿El turismo?”, ríe. “Esto es un no parar, sobre todo, los fines de semana”, concluye con aplomo.

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