El pregón de la experiencia

san fernando Domingo de Pasión

El veterano Manuel Muñoz Jordán ofreció el testimonio de toda una vida dedicada a las cofradías para anunciar la llegada de una nueva Semana Santa a La Isla

Manuel Muñoz Jordán, tras ser recibido con un largo aplauso, muestra su agradecimiento al público.
Manuel Muñoz Jordán, tras ser recibido con un largo aplauso, muestra su agradecimiento al público.
Arturo Rivera / San Fernando

26 de marzo 2012 - 05:01

Fue el pregón de la experiencia al que asistió La Isla cofrade en pleno, ansiosa de apurar los siete días que restan para el Domingo de Ramos. El pregón de la veteranía que Manuel Muñoz Jordán aireó en una insólita mañana de Domingo de Pasión que coincidió con la jornada electoral. Templos y colegios abrieron sus puertas, unos para mostrar besapiés y besamanos que proclamaban la cercanía de la Semana Santa y otros para que los andaluces dedicidieran su futuro en las urnas. Un Domingo de Pasión extraño.

Fue el pregón de un hombre curtido en mil batallas que sigue mirando a las hermandades con la misma ilusión que cuando era un niño. El pregón de la auténtica tradición cofrade, la que se forja en el seno de la familia, la que se hereda de padres a hijos y nietos. El pregón de un hombre de Iglesia, de un acérrimo defensor de sus hermandades, completamente convencido del camino que traza la cera encendida que las cofradías dejan en su camino para llegar hasta Dios.

Muñoz Jordán -que lo ha sido todo en el mundo de las hermandades- se dejó la piel en el atril del Real Teatro de las Cortes. La piel y cinco décadas y media de anécdotas y vivencias, de amor a la Semana Santa y a sus cofradías.

A Manolo -como le conoce prácticamente La Isla entera- se le vio tranquilo. Acertó con el tono de su discurso, sosegado pero firme. Supo aderezar una prosa elegante con las anécdotas precisas lanzadas en el momento adecuado. Eludió dar una visión autocomplaciente de las cofradías para recordar a las hermandades sus asignaturas pendientes: la formación, la participación de los jóvenes en la eucaristía dominical, el protagonismo que en muchas ocasiones toma lo superfluo en detrimento del mensaje evangelizador y del testimonio de fe de las cofradías y sus estaciones de penitencia durante la Semana Santa.

El pregonero se valió de un texto férreamente estructurado para ordenar los contenidos, para contar lo que ayer quería decir a La Isla entera, a la que es cofrade y vive con intensidad todo lo relacionado con sus hermandades y a la que no. Se emocionó y se le quebró la voz cuando habló de tantos amigos y familiares que ya no están. No pudo ocultar su orgullo cuando se refirió a su familia, a sus hijos, a sus nietos. A lo que supone cada tarde de Lunes Santo, cuando todos se revisten con la túnica nazarena de los Estudiantes. Su auténtica herencia cofrade. Y se quedó con ganas de seguir hablando al público de la hermandad de sus amores, de su Cristo de los Afligidos y su madre de la Amargura.

Empezó su alocución de un modo casi anecdótico. Hablando de la marcha Amarguras, a la que tantas veces ha escuchado durante 56 Lunes Santos de nazareno y cuyos ocho minutos de duración se le hicieron ayer casi eternos mientras esperaba para dar el salto al atril. No fue la única anécdota. También se refirió el pregonero a sus casi 20 años al frente del Consejo de Hermandades y Cofradías y a como -tras la exitosa e histórica Procesión Magna de 2010- creía haber cerrado el libro de su vida cofrade activa. "Pero me equivoqué", dijo. Le quedaba dar el Pregón de la Semana Santa. El destino, el Consejo de Hermandades y La Isla cofrade le tenían reservado este reconocimiento que no dudó en calificar ayer como "el mejor premio que haya podido recibir a lo largo de mi ya dilatada vida cofrade". Y bromeó sobre el asunto: "Ya sólo me quedan dos cosas: tocar algún instrumento en una banda de música y cantar una saeta. Y no pienso hacer ninguna de las dos".

Esta presentación -plagada de agradecimientos y menciones- le llevó a la primera parte de su pregón, centrada en sus vivencias cofrades, en su infancia y juventud, en sus comienzos en la hermandad de los Estudiantes, allá por los años 50, cuando tan solo contaba con 14 años y San Fernando -y todo en realidad- era tan distinto.

Fue una sólida base sobre la que articuló el resto de su pregón de la Semana Santa isleña. Le sirvió a Muñoz Jordán para tocar temas más profundos como telón de fondo de su alocución, desde el activo papel de las hermandades en el seno de la Iglesia al recuerdo y evocación de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo en La Isla de la mano de sus cofradías, de sus misterios pasionales y de sus advocaciones marianas.

Habló de sus primeros estudios en las Carmelitas -con la hermana Josefa Feliú- y de su Bachillerato en el Liceo. Y de cómo, con tan solo diez años, hizo de monaguillo en la coronación canónica de la Virgen del Carmen, Patrona de la ciudad, como si estuviera predestinado a ser lo que luego fue. De cómo el 15 de octubre de 1955 cambió para siempre su vida cuando ingresó en la junta de gobierno de su hermandad de los Estudiantes. "Aquí empezó todo", proclamó.

Mencionó a sus compañeros de junta -fue especialmente emotivo el recuerdo que tuvo para su gran amigo, Juan Macías- y se detuvo al hablar de su familia, de cómo su fe, sus creencias cristianas y cofrades fueron calando en sus hijos y nietos, de las tres generaciones que cada tarde de Lunes Santo visten la túnica blanca y roja de los Afligidos. "A esto es a lo que yo llamo una verdadera tradición cofrade", apuntó.

Fue la parte más personal del pregón. Y quizá por ello, la que más gustó. La que dejó entrever al público al auténtico cofrade, la que convirtió su dilatada experiencia -toda una vida volcada en las hermandades- en el tema central del pregón de la Semana Santa de 2012.

Fueron argumentos que sobradamente le sirvieron de aval para poner el dedo en la llaga a la hora de hablar de las hermandades como instrumentos válidos para una buena formación cristiana. "Los dirigentes cofrades somos agentes de pastoral", dijo. "Hemos sido investidos para, en nombre de la Iglesia de Cristo, dar ese público testimonio de fe del que tanto alardeamos y hablamos los cofrades y que, en ocasiones, si no andamos con el suficiente testimonio y cautela, se nos puede convertir en antitestimonio", afirmó.

Por ello, recordó la conveniencia de profundizar en la formación permanente de los cofrades, insistió en el papel que las juntas de gobierno de las distintas hermandades deben tener para hacer que sus más jóvenes miembros cumplan y participen activamente de los sacramentos, especialmente de la eucaristía dominical. "Los cofrades -dijo- debemos ser los pioneros en catequizar y pregonar la fe que hemos tenido la suerte de adquirir en nuestro bautismo, a los cuatro puntos cardinales, no solo el día de la estación de penitencia, sino siempre".

Defendió así al "verdadero cofrade" frente al capirotero, aquel al que le gusta la Semana Santa , acude a conciertos y actos cuaresmales pero "deja en el olvido los cultos de su hermandad". "Para ser verdadero cofrade, primero se debe ser buen cristiano, con participación activa en el día a día de tu hermandad y permanecer siempre en constante y permanente formación cristiana", sentenció.

El pregonero animó a las hermandades isleñas a sumarse al Año de la Fe que Benedicto XVI abrirá en el próximo mes de octubre y emplazó a los cofrades a defender abiertamente la vida y a luchar contra el aborto. Fue un momento decisivo de su pregón, en el que Muñoz Jordán, como buen cofrade, recordó y defendió la postura de la Iglesia al respecto. "En estos tiempos difíciles, en los que todo lo que huele a Iglesia es criticado y censurado, en los que hasta el proer pio crucifijo, es retirado de los lugares públicos y de las escuelas, en los que se legaliza el aborto y se asesina al no nacido, en los que ser cristiano es poco menos que una cosa de otros tiempos ya pasados y en los que a la Iglesia se le ha atacado desde lo más alto de los poderes legislativos de nuestra nación, los cofrades damos un paso al frente para defender el derecho a la vida que tiene todo ser engendrado en el vientre materno desde el primer momento de su concepción", declaró.

Durante hora y media, el veterano cofrade habló de hermandades, de la Semana Santa de La Isla. Aunque de un modo general. Dejó a las cofradías para el final. La pasión y resurrección según la vive La Isla cada Semana Santa fue evocada y narrada en los tramos finales de su pregón, a modo de broche de oro que coronó en los últimos párrafos de su alocución con las alusiones que hizo a "la cruz del cofrade", el auténtico sentido de una vida cofrade y cristiana coherente con la Iglesia, con la familia, con el trabajo. "La cruz del cofrade es saber evangelizar el ambiente en el que vives y anunciar a Cristo con tu palabra y sobre todo con tu testimonio", concluyó.

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