Los paisajes sonoros de Luis Berenguer
En la literatura de Luis Berenguer sonaba el paisaje pero también las personas, porque tenía oído para escribir y reproducía el habla andaluza con sus giros y refranes
"A lo primero, la ley no era como ahora...", decía Juan Lobón, el protagonista de la novela de Luis Berenguer. "Soy cazador como lo fue padre y lo fue abuelo y toda mi sangre desde que se recuerda…". Sonaba honda y clara la prosa de Berenguer, de quien este año celebramos su centenario. Y sonaba el paisaje en las páginas de sus novelas. A viento atravesando encinares, a tormentas afiladas y silencio de lechuzas. También olían sus libros a madera de acebuches y algarrobos y a lluvia que empapa la tierra. Leyendo sus páginas podemos caminar por mapas de materia literaria y memoria, pero que reconocemos perfectamente en la realidad. Ese mundo que creó Luis Berenguer para Juan Lobón en el que adivinamos dónde está la Zarza, el Cabrahígo y el Tarajal; el Molino, y el Pozo Amargo, los lentiscos cercanos a la Casa del Fraile donde el Berrocal, el Arroyo Seco, el Charco Verde y el Coto del Francés. Esos paisajes apretados y limpios, con sembrados y barbechos, Hazas de la Suerte, cotos, vedados y entrepanes. En la literatura de Luis Berenguer sonaba el paisaje pero también las personas, porque tenía oído para escribir y reproducía el habla andaluza con sus giros y refranes. Berenguer, aunque nacido en Galicia, supo adentrarse en el bosque del lenguaje andaluz. Reconoció e hizo suyo el donaire en el decir, el aire fresco y nuevo de las palabras viejas. El autor de El mundo de Juan Lobón nos mostró en sus novelas un documento literario de primer nivel, una narrativa de exquisita calidad, paisajes y personajes inmortales porque siguen estando absolutamente vivos como sólo ocurre con los grandes clásicos.
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