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San Fernando

El 24-S se hace mayor

  • La fiesta del 24-S cumple 18 ediciones

  • La conmemoración ha conseguido mantener el tipo tras el Bicentenario y calar entre los isleños aunque ha dejado de ser una meta de ciudad

Nadie sabía muy bien qué iba a encontrarse aquella mañana del 24 de Septiembre de 2001, cuando La Isla decidió celebrar por primera vez su gran fiesta de Las Cortes con una serie de actos institucionales y otros de carácter lúdicos. Los hechos históricos que se conmemoraban estaban ahí, claro está. Era cuestión de quitarles el polvo y sacarles un poco de brillo para rescatarlos de décadas de olvido porque -recuerden- la mayoría de isleños ni siquiera sabía qué ocurrió el 24 de septiembre de 1810. Pero la fiesta fue todo un invento gestado entre las dependencias de Alcaldía y de la desaparecida Fundación Municipal de Cultura. Todo un experimento. Se pretendía ir marcando el rumbo y allanando el camino para la conmemoración del Bicentenario de 2010. Y, sobre todo, convencer en primera instancia a los propios isleños de la importancia de la fecha que se iba a celebrar, hacer que se sintieran orgullosos del papel que la antigua villa desempeñó en la Guerra de la Independencia y, especialmente, en los primeros paso del constitucionalismo en España. El mensaje era claro: todo empezó aquí, en La Isla. Era arriesgado. Cualquiera que conozca un poco a los isleños sabe lo reacio que pueden llegar a ser ante este tipo de iniciativas. Pero funcionó a la perfección. La gente se echó a la calle a disfrutar de la fiesta recién creada superando incluso las previsiones más optimistas que el equipo de gobierno de la época manejaba. De hecho, el entusiasmo que acompañó a las primeras ediciones del 24-S y el aire festivo y multitudinario luego se respiraba en la calle no ha vuelto a repetirse desde aquellos años en los que San Fernando redescubría su pasado histórico con orgullo al tiempo que se inventaba el formato de una nueva fiesta local, que desde entonces -curiosamente- apenas ha regisrado variaciones.

Mañana La Isla celebrará otro 24-S, el décimo octavo de su historia. La fiesta alcanza su mayoría de edad y, aunque mantiene el tipo tanto en el ámbito institucional como en su faceta más lúdica, acusa cierto desgaste desde que los grandes fastos de 2010-2012 quedaran atrás. Lo más significativo, después de tantas portadas, de tantas imágenes históricas, de las visitas reales, es que el 24-S -es decir, lo que podría llamarse el legado de Las Cortes- ha dejado de ser una meta de ciudad desde que pasaron los actos del Bicentenario.

Ni siquiera se habla ya de los ambiciosos proyectos que se quierían llevar a cabo en aquellos años. La recuperación del Sitio Histórico del Puente Zuazo es, evidentemente, el más sonado de todos ellos. Hace tantos años que se aguarda la segunda fase de la intervención -que es la que atañe al Puente Zuazo en sí- que ya nadie cree que vaya a ponerse en marcha. Y tampoco se ha conseguido dar uso al conjunto del Carenero y de las baterías defensivas del entorno, que cada año que pasan acusan más su abandono.

Pasada la celebración del Diez y del Doce todo se olvidó. También el proyecto para la recuperación de la línea defensiva que existía en torno al caño de Sancti Petri, para articular una ruta turística a su alrededor, para rescatar las casas más significativas que ocuparon los diputados doceañistas o, incluso, para que el Teatro de Las Cortes, epicentro de la ruta de Las Cortes, compaginará su vida cultural con la turística y pudiera ser visitado por la gente que, al reclamo de su importancia histórica, acudiera a la ciudad. Todo se dejó aparte justo cuando empezaba a despegar. Y hoy, cuando La Isla lleva ya 18 años celebrando el 24-S, las obras que se hicieron al hilo del Bicentenario -Iglesia Mayor, Compañía de María- han perdido todo su impacto.

Pero no todo es negativo. La Isla ha asumido el 24-S como algo propio, ha pasado a formar parte de su identidad. Es algo indiscutible. Y mañana volverá a verse en la calle, donde numerosos vecinos arroparán las actividades programadas para disfrutar de este día de fiesta. Porque la fiesta, eso sí, vino para quedarse.

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