"¿Por qué se hace uno cargador?"

Manuel Jesús Sánchez Casas se vale de la dualidad del cofrade y cargador para cantar a la Semana Santa y defender sus tradiciones

Manuel Jesús Sánchez Casas, ayer, durante el pregón del cargador que se celebró en el salón de actos de la Casa de la Cultura.
Manuel Jesús Sánchez Casas, ayer, durante el pregón del cargador que se celebró en el salón de actos de la Casa de la Cultura.
Arturo Rivera

20 de marzo 2016 - 01:00

DAR un pregón en las últimas horas del Sábado de Pasión, cuando el Domingo de Ramos está llamando a la puerta, se convierte necesariamente en algo emotivo, que multiplica por diez la esencia cofrade de todo gesto, de todo verso, de todo argumento puesto que los sentidos están a flor de piel y las ganas de que todo dé comienzo consumen al cofrade. Bien los saben los cargadores de la JCC (Jóvenes Cargadores Cofrades) que hace ya años que aprovechan estas últimas horas de las vísperas más soñadas para hacerse hueco con su pregón, el pregón de los cargadores, el último de los pregones que viene a anunciar, apenas unas horas antes de que la vorágine dé inicio, que arranca una nueva Semana Santa en La Isla. Y bien lo sabe también uno de sus veteranos socios, que incluso fue prenumerario en su adolescencia cuando recién se acababa de fundar esta asociación que a la postre terminaría por revolucionar la carga isleña: Manuel Jesús Sánchez Casas. Él fue el encargado ayer tarde de pronunciar este último pregón, que nuevamente se mudó del escenario que ha ocupado en los últimos años -el del Teatro de las Cortes- para trasladarse al modesto salón de actos de la Casa de la Cultura, "el sitio que nos corresponde, de una manera más anónima y humilde, no nos fuéramos a creer gente importante", que apuntó -directo al blanco- el pregonero del cargador.

Con una estructura bien definida y con un texto en el que el verso prevaleció sobre la prosa, Sánchez Casas se valió de esa dualidad de cargador y cofrade -¿acaso puede ser distinto?- para moverse con suma comodidad en un discurso ágil que fue de lo externo -la Semana Santa y sus hermandades- a lo interno -las viviencias de la gente 'de abajo'- y con el que no tuvo problemas para meterse al público en el bolsillo en apenas unos minutos.

La gran pregunta que todo cargador se hace en algún momento de su vida -es decir, ¿por qué se hace uno cargador?- sirvió a Sánchez Casas para adentrarse en el meollo del relato , que necesariamente tuvo que incluir referencias biográficas, alusiones a sus propias vivencias bajo los palos. "He pasado unas cuantas horas debajo de los pasos. Probablemente no tantas como otros. He cargado el peso que en cada momento me ha tocado. Probablemente no tanto como otros. He sufrido y he disfrutado cada minuto el privilegio de portar tanto a Nuestro Señor como a su Santísima Madre, en sus muchas advocaciones. Probablemente lo mismo o más que otros. He pensado y repensado mil y una veces qué puñetas hacía ahí abajo. Probablemente como tantos otros. Y debo decir que me queda la satisfacción de haber cortado estas cuerdas bajo el palio de Nuestra Señora de la Esperanza, a los sones de La muerte no es el final, y hombro con hombro junto a mi hijo Manuel, la pasada Semana Santa", narró el pregonero con humildad y emoción.

Su hijo Manuel, de hecho, tomó también parte en este pregón de la JCC -que desde hace 34 años se organiza bajo el lema Cuando el cargador se hace pregonero... o el pregonero cargador- al dar lectura a unas líneas que de manera resumida narraban la historia de los cargadores de La Isla, desde aquellos mandaderos que aparecen en las antiguas actas de la hermandad de la Expiración, el desconocido José Marín Harito que en el siglo XIX se dedicaba a sacar los pasos de las hermandades o su hijo, José Marín Huerta, hasta la saga de los Tinoco, Nicolás Carrillo y, por supuesto, la JCC y las distintas cuadrillas de hermanos que fueron llegando después.

Porque en este canto cofrade a la carga -que empezó glosando el brillante Domingo de Ramos y terminó con la gloria de la Resurrección- la tradición y la defensa de las costumbres genuinamente isleñas, del estilo propio que aquí se exhibe, de las maneras únicas de llevar los pasos procesionales fue el telón de fondo sobre el que se dibujó este pregón, que estuvo también plagado de nombres propios -por ejemplo, los de la cuadrilla del paso de la urna del Cristo Yacente, la 'perla negra'- y de recuerdos, como el que tuvo para Julio Fernández o para Antonio Salas.

El pregonero, al que presentó Alberto Salas, criticó también la carga como afición. "No es sensanto. Podríamos convertir nuestra maravillosa y única Semana Santa en algo distinto, muy distinto. Estoy plenamente convencido de que quienes piensan que lo nuestro es pura afición no han visto a tíos como trinquetes llorando bajo un paso de Cristo o un palio, o no han sentido los nervios (algunas veces bien disimulados) de los momentos previos a la salida o no han escuchado treinta corazones latiendo como uno solo en cada levantá", afirmó.

El acto, como es costumbre, concluyó con el concierto de marchas procesionales que la banda de música Maestro Agripino Lozano (antigua Cruz Roja) ofreció en la Casa de la Cultura.

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