La Semana Santa del coronavirus en San Fernando La crónica imposible del Viernes Santo

  • La última tarde de procesiones en San Fernando hubiera empezado en la plaza de San José con el Cristo de la Sangre para terminar con la recogida de la Soledad 

Salida de la hermandad de los Desamparados. Foto: Román Ríos. Vídeo: Islapasión.

La tarde del Viernes Santo, que es la tarde de las hermandades de silencio, siempre se queda corta. Caracterizada por la austeridad que emana de esta jornada de la Semana Santa isleña y la marcada personalidad de las cofradías que procesionan esta tarde, este día de cofradías siempre sabe a poco. Y no solo porque los grandes momentos que deparan sus cofradías se suceden precipitadamente sino también porque el inexorable paso del tiempo va marcando de nuevo lo que es un irremediable final. Este año que no hay cofradías en la calle por la crisis del coronavirus y las excepcionales medidas aplicadas con el estado de alarma recreamos de la mano de la web cofrade Islapasión esta jornada única, la que hubiera sido la última tarde de cofradías en La Isla: clásica, elegante, sobria, recogida... Es la tarde que suena al compas de Virgen del Valle y Mater Mea que tiene su primer acto en la plaza de San José con el imponente crucificado de la Sangre y el palio de María Santísima de los Desamparados.

El gran cortejo 

También la del Viernes Santo es la tarde del gran cortejo del Santo Entierro, con sus representaciones cofrades, con las comisiones militares, con la Corporación Municipal bajo mazas... Y, por supuesto, con sus pequeños nazarenos de hábito carmelita y el austero rúan de los hermanos.

La tarde de la Soledad

Y, por supuesto, la tarde del Viernes Santo es la gran tarde de María Santísima de la Soledad, la dolorosa titular de la hermandad de penitencia más antigua que existe en San Fernando. Su salida desde la Iglesia Mayor parroquial es uno de esos momentos indispensables de la tarde. 

La noche del Viernes 

La noche depara también los mejores momentos para disfrutar de las hermandades de silencio al brindar una escena con mayor recogimiento. Es la hora de acompañar al Cristo de la Sangre antes de llegar a su capilla o al palio del Mayor Dolore en su Soledad por la plaza del Carmen. 

Y por supuesto no se puede cerrar un Viernes Santo sin acompañar a la Virgen de la Soledad por las calles del barrio de la Iglesia hasta que llega a su templo, ese momento que supone el final de esas tardes de Semana Santa en La Isla y que llega poco después de que la hermandad del Rosario se haya puesto en camino.

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