Reacciones ante los desalojos de la playa de La Casería en San Fernando "Aguantaremos todo lo que podamos"

  • Costas insiste en la ilegalidad de las ocupaciones de la playa de La Casería y está decidida a completar el proceso de desalojo a la mayor brevedad posible 

  • Los negocios advierten de la pérdida de puestos de trabajo y del "encanto natural" de este "rinconcito de la Bahía" 

El Bartolo, uno de los locales más conocidos de la playa de La Casería. El Bartolo, uno de los locales más conocidos de la playa de La Casería.

El Bartolo, uno de los locales más conocidos de la playa de La Casería. / D.C. (San Fernando)

Costas lo tiene claro. Por muy pintorescas que sean y por mucho que duela, las casetas y los locales que extienden a lo largo de la playa de La Casería son "manifiestamente ilegales" al ocupar zona de dominio público marítimo terrestre. De ahí los 59 expedientes de recuperación posesoria que se han lanzado desde la Demarcación de Andalucía-Atlántico con el firme propósito de acabar con estas instalaciones que se asientan en el borde costero desde tiempos históricos. 

La maquinaria administrativa se ha puesto en marcha y Costas está decidida a completar el proceso en el menor tiempo que sea posible. Así lo ha afirmado el propio jefe de la Demarcación, Patricio Poullet, que asegura que no se trata de una actuación aislada sino que responde a la política global del Gobierno a favor de la recuperación de todo el borde costero en línea con las actuaciones que se llevan a cabo en contra del cambio climático. 

Así que en poco tiempo -el proceso administrativo fija un plazo de tres meses- el característico paisaje de la playa de La Casería podría pasar a la historia, incluyendo las 61 casetas y los dos establecimientos de hostelería que se asientan en la zona, La Corchuela y la Cantina El Titi-Bartolo. Eso si el tema no deriva en recursos judiciales que pudieran frenar los tiempos de los desalojos previstos. 

Costas, de hecho, ultima ya la redacción del proyecto de regeneración de la playa de La Casería (el antiguo se ha quedado obsoleto) con la idea de completar la intervención en la zona. 

La notificación de los expedientes, eso sí, ha sentado como un jarro de agua fría en este señero barrio isleño, que se resiste a perder lo que considera no solo una seña de identidad sino también un atractivo reclamo -por sus impresionantes vistas a la Bahía- que arrastra y seduce a no pocos adeptos a este rincón de San Fernando, especialmente en verano. 

Las casetas y las construcciones que ocupan la playa son ilegales -eso prácticamente nadie lo discute- pero están ampliamente aceptadas e, incluso, aplaudidas por muchos isleños y foráneos por su singularidad. De hecho, no son pocos los que advierten ya -ahora que los desalojos son una amenaza real- de que el proyecto de regeneración de la playa que está previsto supondrá la pérdida del encanto natural que tiene este rincón de la Bahía. Hay quienes consideran incluso que deberían reconocerse como patrimonio etnográfico y, por tanto, respetarse. 

Nada más conocerse la intención de Costas de desalojar las ocupaciones ilegales de La Casería se inició a través de la plataforma Change.org una recogida de firmas para evitar el derribo de las casetas y de los restaurantes y algunos vecinos han empezado a moverse bajo en las redes sociales bajo el lema 'SOS Salva La Casería de Ossio' y el hastag #delacaseríanonosecharán.

La terraza del Bartolo, en La Casería, una noche de verano, en una imagen de archivo. La terraza del Bartolo, en La Casería, una noche de verano, en una imagen de archivo.

La terraza del Bartolo, en La Casería, una noche de verano, en una imagen de archivo. / Juan Antonio Sánchez Bernal (San Fernando)

"Esto acaba con 50 puestos de trabajo"

En La Casería hay quien no termina de creerse que Costas esté decidida a derribar las casetas y los locales que ocupan la playa de La Casería. No es la primera vez que llegan notificaciones, que se piden papeles, que hay revuelo y, hasta ahora, nunca ha pasado nada. Y así llevan toda la vida. De ahí que muchos se muestren escépticos al respecto: "Al final, todo quedará en nada", avisan.  

"De sorpresa desde luego no puede decirse que no haya cogido esto", afirma Miguel Muriel, el responsable de La Corchuela, uno de los dos negocios de hostelería que se asienta en la playa de La Casería y que ahora se ve afectado por los desalojos promovidos por Costas. Asegura que llevan meses de reuniones con Costas y con el Ayuntamiento de San Fernando en las que esta cuestión ha estado sobre la mesa. 

Claro que no por esperado comparten un proceso que viene a sentenciar sus negocios. "Entre los dos locales podemos estar hablando de 40 o 50 puestos de trabajo, más incluso durante el verano", advierte el dueño de La Corchuela. A eso suma una docena de pescadores profesionales que todavía existen en la zona y que hacen uso de sus casetas. Los desalojos y derribos, si se consuman, supondrán la pérdida de empleos en la zona "en plena pandemia". 

"Aguantaremos todo lo que podamos", afirma Muriel. Confía en que, al menos, a los dos negocios de hostelería que se emplazan en la zona se les permita continuar ejerciendo su actividad hasta que las esperadas obras comiencen. 

"Esto es ya algo típico de La Isla, mueve mucho turismo" 

Reinaldo Múñoz Pérez lleva con otros de sus familiares el otro local que se asienta sobre la playa de La Casería, la Cantina del Titi-El Bartolo. Es quizá el más conocido por la pintoresca terraza que se adentra en el mar. Han recibido dos notificaciones de Costas por las casetas que utilizan para guardar algunos de los enseres del bar (sombrillas, sillas...) pero no por el local en sí, afirma. Y asegura que el negocio tiene una concesión de Costas desde hace unos años. Emplea a una quincena de personas, que superan la veintena en la temporada de verano.

"Aquí viene gente de todas partes", sostiene cuando habla de su "rinconcito a la Bahía" y de las espectaculares vistas de la que goza la clientela. "Es que esto es algo típico ya de La Isla, mueve mucho turismo". 

Los planes de Costas, afirma, supondrían "acabar con el encanto natural" que tiene el enclave. 

El negocio -dice- existe desde la década de los años 30 del siglo pasado. "Llevamos toda la vida aquí", advierte. En las últimas dos décadas, el local ha ido adquiriendo cada vez más popularidad. 

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