Quejas vecinales por el aspecto descuidado de La Alameda y su entorno

plazas Abandono de las zonas verdes de La Isla

La suciedad y los destrozos ornamentales causados por algunos juegos infantiles ensombrecen la imagen de esta histórica plaza

Hilera de ficus que delimita La Alameda, a falta de una buena poda.
Hilera de ficus que delimita La Alameda, a falta de una buena poda.
Alejandro Díaz / San Fernando

24 de agosto 2012 - 01:00

Los miembros de la asociación de vecinos Alameda Moreno de Guerra se encuentran profundamente indignados con el estado de suciedad y abandono que, según afirman, sufre este emblemático espacio del centro de la ciudad, sobre todo durante los meses de verano.

Una de las principales quejas gira en torno al comportamiento de los jóvenes que, a pesar de las advertencias que rezan en los carteles municipales, continúan jugando a la pelota con los consecuentes desconchones en las fachadas recién pintadas de los edificios colindantes. Dichas prohibiciones, además de poco visibles, no producen el efecto sancionador que marcan las ordenanzas municipales.

Pero no sólo las casas, también los bancos, los pocos que sobrevivieron a la reforma que sufrió la plaza con la obra del tranvía, amanecen cada día más deteriorados. Azulejos rotos o simplemente inexistentes. Los de decoración cerámica que se disponen en torno al templete así como ésta última construcción presentan claras marcas del mal uso que hacen los chavales con sus monopatines cada día. Muchos bancos de forja sufren, por su parte, la fractura de sus decimonónicos respaldos que, en algunos casos, carecen de apoyabrazos.

El problema se extiende a la vegetación, ya que los nuevos jardines presentan zonas donde el césped crece sin control. Los ficus que delimitan la Alameda piden a gritos una poda para evitar que los vecinos den con sus cabezas en los bajos de estos árboles, o que los críos se cuelguen de sus ramas mientras están jugando.

Por si esto fuera poco, se está poniendo de moda clavar carteles en los troncos con elementos metálicos que no hacen más que perjudicar a los árboles. Ejemplo de esto son la advertencia municipal dispuesta en la palmera más cercana a la pastelería La Victoria o las banderillas colocadas en lugares similares para exornar la procesión del Corpus Christi de San Francisco.

Los papeles, las hojas y las piedras de los alcorques van a parar siempre a los husillos pluviales, provocando atascos que a pesar de las denuncias no se resuelven -según los técnicos- debido a los escombros procedentes de la obra del tranvía y a la falta de sifones.

Los rincones malolientes, las pintadas y los suelos empobrecidos por manchas de orina son extensibles a todo el mobiliario urbano de la Alameda. Especialmente preocupante es el caso de los paneles de grafitis instalados para la tercera edición de la Noche Blanca, cuyo lamentable estado demuestra, una vez más, la poca consideración de algunos de los usuarios de esta céntrica plaza isleña.

Y no menos relevante es el vertido de aguas menores, que, ante la falta de urinarios públicos -o de ganas de desplazarse hasta el restaurante más cercano-, convierten algunos rincones de la Alameda en verdaderos focos de infección que los servicios de limpieza obvian día tras día.

Un caso que debe captar la atención tanto de las autoridades municipales como de los propios ciudadanos para encontrar soluciones que contribuyan a mantener como se merece este emblema verde de La Isla.

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