Acto de nombramiento de regidor perpetuo Ceremonia cívica en la plaza del Rey

La Isla reconoce su vínculo histórico con el Nazareno

  • La ciudad vivió una noche única que arrancó en el atrio del Palacio Consistorial con el nombramiento de la imagen de Jesús Nazareno Regidor Perpetuo de San Fernando

  • Miles de isleños arroparon la ceremonia que se desarrolló en la plaza del Rey

La plaza del Rey, llena de gente mientras la imagen de Jesús Nazareno sube al atrio del Ayuntamiento.

La plaza del Rey, llena de gente mientras la imagen de Jesús Nazareno sube al atrio del Ayuntamiento. / E.P. (San Fernando)

Tres golpes de llamador resonaron en El 44 al filo de las nueve de la noche. Recios, sordos. Jesús Nazareno hacía su entrada en la plaza del Rey. Y la multitud, expectante, aguardaba en silencio. "Ven, Jesús, ven con nosotros, pero ven despacito, no tengas bulla", pedía desde el atrio del Ayuntamiento Manolo Casal.

Incontenibles, los aplausos, las ovaciones y los vítores llegaron. Estallaron cuando el Nazareno, a los sones de su marcha, enfiló la empinada rampa que le condujo hasta el atrio del Palacio Consistorial.

Allí giró para mirar a La Isla, a su Isla, desde arriba. Comenzaba así una prometedora e intensa velada. Una noche única e irrepetible. La noche en la que el Nazareno se convirtió en el Regidor Perpetuo de San Fernando.

"Hoy, Jesús, te vamos a devolver todo lo que nos has dado", apuntaba Manolo Casal, que anoche, como hermano de la cofradía, ejerció de conductor de un acto realmente excepcional.

¿Podría entenderse La Isla, a La Isla de siempre, sin su Nazareno? Como la calle Real, como el puente Zuazo, La Casería o el Zaporito, la popular y venerada imagen de la Iglesia Mayor forma parte de la ciudad, de su historia e idiosincracia, de su tradición, de sus señas de identidad. Anoche se recordó -y se demostró- en la plaza del Rey.

La relación de La Isla con el Nazareno es casi un fenómeno sociológico que trasciende las fronteras de lo religioso para identificarse plenamente desde hace siglos con el sentir y sufrir de la gente cotidiana, con los isleños que a diario ven sus problemas simbolizados en el peso de la cruz que -humilde y resignado, pero también firme- soporta la imagen de Nuestro Padre Jesús mientras avanza en su camino.

Y ayer el Ayuntamiento quiso dar forma de distinción a ese vínculo. Anoche se recordó ese vínculo al aludir al trasiego continuo de fieles que a diario pasan por su altar, a su presencia constante en la vida de la ciudad, a la inmensa multitud que acompaña a esta imagen cada vez que asoma a la calle y no sólo en su mítica Noche del Nazareno, la madrugada del Viernes Santo.

Así se entiende un acto como el de anoche, en el que esta venerada imagen, bien entrado el siglo XXI, recibiera un título nada habitual y más bien propio de otros tiempos por parte de la Corporación Municipal isleña: el de Regidor Perpetuo de la Ciudad. Y que lo hiciera por unanimidad de todos los grupos políticos. Y que, como era de esperar, el acto -el Nazareno, en realidad- arrastrara consigo a miles de personas a la calle hasta altas horas de la madrugada.

Que el alcalde depositara a los pies de la antigua imagen el bastón de mando y prendiera en su túnica el escudo de la ciudad fue un gesto simbólico que pretendió el merecido reconocimiento de La Isla hacia su Jesús Nazareno. Quizá la fórmula protocolaria era anoche lo de menos, aunque la hermandad vio por fin cumplido el sueño que soñó hace 15 años. Lo importante, anoche, fue el reconocimiento oficial del pueblo isleño, representado en su Corporación Municipal y en su alcalde, hacia esta imagen que constituye una de sus mayores señas de identidad.

Un reconocimiento que llegó en forma de ceremonia cívica -que curiosamente recordó en sus maneras, y mucho, a las recientes coronaciones canónicas celebradas en la ciudad- y que, en lugar de obispo, tuvo por oficiante al alcalde de San Fernando. Porque anoche -eso sí- no fue la Iglesia la que distinguió a esta imagen religiosa con un nuevo título. Fue La Isla la que lo proclamó su regidor para siempre, por los siglos de los siglos.

Ha sido un camino largo el recorrido desde el mítico baúl aparecido en el histórico Mesón del Duque, en el que según la leyenda popular fue hallada la imagen del Nazareno. Desde que el gremio de los montañeses fundara la primitiva hermandad hasta el pregón que Antonio Alías pronunció en la noche del viernes en la Iglesia Mayor. Hasta la ceremonia de anoche, en la plaza del Rey.

Una larga trayectoria en la que el Nazareno, de manera irremediable, se ha fundido con la historia de La Isla, que es la historia de sus devotos. Ayer lo recordaron todos los que intervinieron en un acto en el que la música -a través de la banda de música de la cofradía- tuvo también un protagonismo especial. Se estrenó la marcha La leyenda del Viejo, de Juan J. Castellano. Y la cantante India Martínez puso la voz a un Padrenuestro de tintes flamencos que llegó al alma de todos los presentes.

José Moreno Fraile, uno de los promotores de la distinción; Marco Antonio Serván, hermano mayor de la cofradía; el obispo diocesano, Antonio Ceballos; y hasta el alcalde, Manuel de Bernardo, recordaron cómo La Isla siente a su Nazareno y se refleja en él.

Moreno Fraile aludió las palabras del padre Mera sobre el denominado milagro del Nazareno de los años 70. "Creo en el milagro del Nazareno de la Isla, que ha sido movilizar a una muchedumbre de creyentes, que aunque no frecuenten demasiado o nada la iglesia, llevan en lo más íntimo de su ser la creencia y la fe en aquel Jesús Nazareno". No pudo haber cita más acertada para en una noche como la que se vivió ayer.

Y el alcalde, al final de la ceremonia cívica, dedicó a la imagen una particular oración en la que pidió al Nazareno protección para sus isleños: "Porque eternamente eres y serás nuestro mejor regidor", concluyó.

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