San Fernando

Cuarto y mitad de barajas

  • Uno de cada cuatro puestos del Mercado han cerrado a la venta al público desde que comenzara la crisis. Los detallistas se quejan de la falta de medidas municipales

Un paisaje de colores adorna una de las entradas del Mercado Central. La fruta, la verdura, captan la atención de los compradores, con sus colores brillantes y su aspecto fresco y saludable. El ajetreo habitual de media mañana, los ruidos, los olores, las conversaciones se cuelan entre la amalgama de bolsas verdes que unos y otros acarrean con la compra que figura disimulada en listas imaginarias o a bolígrafo. Los puestos de carne, abarrotados de mercancía, ofrecen lo mismo escalopes de ternera que flamenquines. Diversificarse o morir. Ésa es la cuestión. En el área de pescadería, la más apartada, los detallistas reclaman la atención de sus ofertas a golpe de anuncio. La cosa está difícil. Se vende menos y lo que se vende es a un precio más bajo, por lo que las ganancias se merman.

Soportar esta situación se ha convertido para muchos en toda una oda a la supervivencia. El sacrificio que requiere mantener un puesto en la plaza a veces no se rentabiliza con los ingresos del día a día. Por eso, los detallistas de algunos puestos han decidido echar la baraja. Una baraja blanca, que, en unos pasillos y otros, salpica el paisaje cotidiano con la evidencia de la realidad de la crisis. El cierre ha afectado a los tres gremios principales del mercado, pero es más acuciante en carnicería y pescadería que en frutería. De hecho, en una de calles laterales, una hilera de puestos de carne, lleva cerrada meses.

El problema no es ajeno al presidente de los detallistas, que es precisamente carnicero, José Antonio Butrón. De los 80 puestos que tiene aproximadamente el enclave, unos 20 ya no funcionan. Uno de cada cuatro, que se manifiesta sólo al dar un paseo por el recinto. "Es una pena que con las magníficas condiciones de este mercado, la situación esté como está", se lamenta. Explica Butrón que se aprecia una caída en el número de clientes, un descenso también en el dinero que se gasta cada uno de ellos y que esta situación es como una pescadilla que se muerde la cola. Menos dinero, menos afluencia, menos puestos.

Todo va a menos y el Ayuntamiento isleño, a su juicio, no hace lo suficiente para potenciar la reapertura de los mismos. El presidente de los detallistas apunta que otros consistorios, para que esto no suceda, aplican una serie de ventajas para animar a su adquisición. Así por ejemplo, considera que estos puestos debían salir a subasta con facilidades económicas como dejar a los interesados seis meses de prueba. También hay otras alternativas, otras opciones para animar a los interesados. De lo contrario, la situación puede empeorar. El presidente de los detallistas tampoco elude responsabilidades, tienen que aplicar medidas desde el colectivo, y hacerlo ya.

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