'El Gran Hotel de las Reinas' y el poder de la cultura revolucionaria
Drag Race España
El ansia de retroceder en derechos y libertades del colectivo LGTBIQ+ convierte el espectáculo drag en un elemento de catarsis revolucionario.
Las jerezanas Jota Carajota y Estrella Xtravaganza, en la segunda edición de 'Drag Race España'.
Ana aplaude efusivamente desde su butaca, en una de las primeras filas de la platea del Teatro Coliseum de Barcelona. A sus 85 años, no suele trasnochar demasiado, pero la ocasión lo merece. Como si de la cena de nochebuena se tratase, toda la fila que regenta está repleta de familiares. No todos los días se tiene la oportunidad de ver a un nieto, hijo y sobrino sobre el escenario de uno de los teatros más emblemáticos de la ciudad condal.
La Gran Vía de les Corts Catalanes acoge El Gran Hotel de las Reinas hasta el próximo 26 el septiembre. El show, de casi tres horas de duración, surge del exitoso programa de ATRESplayer PREMIUM, Drag Race España, y acoge a las mejores drags del panorama nacional, con Supremme de Luxe al mando y la participación especial de Paca la Piraña.
Ana es la abuela de Marina, una de las cuatro finalistas de la segunda temporada del programa. Está nerviosa, como el resto de los familiares que se remueven por la platea. Por lo que veo, es de las primeras veces que ve a su nieto actuar. “¿Es ese?”, le pregunta a la madre de la artista, que está sentada a su lado. Cuando esta asiente, Ana se vuelve loca de alegría y empieza a aplaudir emocionada. Quien seguro que no está en la platea son algunos familiares de Jota Carajota, una gitana gaditana que rebosa talento y poderío. “Más de cincuenta personas de mi familia me abandonaron cuando supieron que era Drag”, explica Jota, asegurando que cuando la ven por la calle muchos le giran la cara. Por suerte, sus seres queridos más cercanos viajaron desde Jerez de la Frontera al Teatro Calderón de Madrid para presenciar en directo su interpretación de Cómo me las maravillaría, de Lola Flores.
Sin darnos demasiada cuenta, estamos en un teatro histórico en pleno centro de Barcelona disfrutando de la libertad traducida en talento y mamarracheo. Un grupo de artistas, que se maquillan a sí mismas e incluso se confeccionan sus propios vestidos, cantan, bailan, imitan y hacen olvidar sus problemas a todo tipo de públicos. La clara ejemplificación de que un sector de la cultura que ha estado estigmatizado durante décadas empieza a convertirse en mainstream, a penetrar en contextos culturales diversos que eclosionan al presenciar esta atrevida propuesta escénica llena de mensaje.
El Gran Hotel de las Reinas es un atisbo de esperanza en el camino hacia la boca del lobo. Con el ansia de algunos de retroceder en derechos y libertades del colectivo LGTBIQ+, el espectáculo drag se convierte en un elemento de catarsis revolucionario. Una inyección de fuerza y, sobre todo, de orgullo. Los espectadores que eligen disfrutar de la propuesta de Locamente y Atresmedia Eventos salen del teatro empoderados y con un sentimiento de satisfacción plena que va más allá de si la iluminación era perfecta o el repertorio estaba bien escogido. Y es que el hecho de sentir que has colaborado en perpetuar un espacio seguro para todas, todos y todes es una sensación única.
No sabemos si Ana, que, recordemos, tiene 85 años, entiende lo que significa que su nieta sea una persona no binaria. Lo que está claro es que la ama con locura. De eso va la libertad, pues cada lágrima de emoción de Ana, cada aplauso anónimo del público, es un reconocimiento, una aceptación. El Gran Hotel de las Reinas es la cultura utilizada como medicina para curar esas heridas que llevan abiertas desde el primer “maricón” en boca de un compañero de clase. Ese “gordo de mierda” repleto de bilis o esa homofobia exaltada entre gitanos. Se demuestra nuevamente que, en muchas ocasiones, tan solo hay que llenar la platea de un teatro para comenzar a ser revolucionarios.
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