Tribuna

Miguel Ángel Castellano

La representación de la Virgen del Rosario

Esta advocación de María se ha representado de formas diferentes desde el siglo XV hasta nuestros días

Grabado de la Cofradía del Gonfaló, del siglo XVIII Grabado de la Cofradía del Gonfaló, del siglo XVIII

Grabado de la Cofradía del Gonfaló, del siglo XVIII

El tríptico de la iglesia de San Andrés de Colonia, pintado en 1474, es considerado como la más antigua representación de la Virgen del Rosario. En el centro está la Virgen con el Niño, el cual tiene en sus manos un rosario; dos ángeles colocan sobre la cabeza de María tres coronas de rosas de diferente color, alusivos a las tres partes del rosario; y a sus lados, Santo Domingo y San Pedro Mártir sostienen su manto extendido sobre los cofrades del Rosario.

Existen otras representaciones muy interesantes de la misma época, como la tabla gótica de Biot (en los Alpes Marítimos). Dos ángeles extienden el manto de María sobre una gran muchedumbre de devotos de todas las clases sociales. Tanto la Madre como su Hijo presentan a los personajes arrodillados a sus pies un rosario de cabos sueltos. El tema aparece con bastante frecuencia en la pintura gótica de la escuela de Niza. Véase, como ejemplo, una tablas del siglo XV en las que la Virgen del Rosario se representa bajo el aspecto de Virgen de Misericordia. El Niño y la Madre distribuyen rosarios entre los cofrades. Es más explícita todavía una representación semejante que tiene como fondo una aureola de rosas, igual a la de nuestras populares imágenes de la Virgen del Rosario, en el relieve gótico de la iglesia del Espíritu Santo de Lübeck.

Las cofradías del Rosario, por una parte, y la peste y otras epidemias, por otra, contribuyeron a propagar este nuevo tipo iconográfico, que no aparece hasta el siglo XV. Un ejemplo de ello es una pintura del siglo XVII de la iglesia de San Pedro Mártir, en Manresa (Barcelona), en la que vemos a la Virgen cobijando bajo su manto a un gran número de miembros de la orden dominicana. En la parte baja está el santo fundador de la orden, junto al tronco del árbol de la misma, del cual brotan los bustos de sus personajes más conocidos. Nuestra Señora del Rosario de la iglesia de San Martín, en Santa Pau (Gerona) es otra buena muestra de esta caracterización, pues lleva también el manto extendido, como la Virgen de la Misericordia. En Mallorca, la antiquísima Cofradía del Gonfaló, que se supone fundada por Clemente IV (1265-1268) y que pertenece a la prehistoria de las cofradías del Rosario, tiene todavía como insignia, en los siglos XVIII y XIX, a la Mater Omniun, a la Virgen extendiendo su manto sobre todas las clases sociales, destacándose de entre ellos a los cofrades.

Representación de la Virgen del Rosario como Mater Omnium. Representación de la Virgen del Rosario como Mater Omnium.

Representación de la Virgen del Rosario como Mater Omnium.

En realidad, la boga de este primitivo tema iconográfico de la Virgen del Rosario duró poco, y fuera de casos especiales no tuvo mucha difusión. Pronto se impuso en todas partes la típica Virgen del Rosario, sola o con personajes alusivos a la institución de esta práctica de piedad.

Conviene no caer en el error de identificar como Virgen del Rosario a las que llevan un paternóster o cuenta del Padrenuestro o Avemaría, que tienen la apariencia de un rosario. Estas cuentas las vemos también en manos de los apóstoles, en la escena de la muerte de María, y en las de Santa Ana, Santa María Magdalena y otros santos. Las llevan también los simples fieles representados en laudes sepulcrales y retratos.

Son el típico emblema de penitentes y eremitas. Por eso en las tablas góticas no faltaban nunca en las manos de Santa Magdalena, que como es sabido se retiró al desierto. En los misterios, al detallarse el aderezo de los personajes, se percibe: “los homens, de penitencia, ad saltiris a les mens” (Bal. Soc. Esp. Escur. L II, p.32).

En la Hispanic Society of America existe una imagen de marfil de la Virgen, del siglo XVII y probablemente labrada en las Islas Filipinas. Es una estatuilla muy semejante a otra china, del mismo siglo, que se guarda en el Museo Victoria y Alberto de Londres y que representa a Kuan–Yin. El rosario que lleva este personaje solo se diferencia del de la Virgen por la ausencia de la cruz.

Alfonso X el Sabio en su Cantiga L VI recoge una leyenda que en su tiempo se había hecho ya popular, según la cual Santa María hizo nacer cinco rosas de la boca de un monje difunto, en señal de agradecimiento por los cinco salmos que tenía costumbre de decir a honra de las cinco letras de su nombre. Aquí son los salmos los que trasforman en rosas; pronto serán las avemarías del rosario quienes sufrirán esta metamorfosis.

Según la leyenda dominicana, María recoge de labios de sus devotos las avemarías que éstos rezan, las trasforman en rosas, y luego las va juntando por medio de un hilo hasta formar una corona con la que adorna la cabeza de aquellos.

Su nombre ya lo indica: serían para cantar padrenuestros, en una época en que la oración del Ave María no había cristalizado. Llámanse también salterios, porque al mismo tiempo eran usadas para cantar los salmos recitados. En época un poco más avanzada los legos, que desconocían el Latín y quizás la misma escritura, en lugar de los 150 salmos recitaban otras tantas Avemarías. El número de los salmos de David determinó el número de avemarías del rosario, desde que alcanzó su forma más definitiva. Estas cuentas o salterios servían igualmente para recitar el Salterio de la Bienaventurada Virgen María, compuesto de un determinado número de estrofas y Avemarías.

De simple objeto de devoción, los paternóster pasan a ser un objeto de lujo y vanidad. Un documento alemán de fines del siglo XV se lamenta se ello. “Los mismos hombres, y en particular las mujeres de esta cofradía (del Rosario) llevan según una antigua costumbre estos objetos, llamados paternósters, en los brazos, pecho y cuello”, dice. Y también los colocan en la imágenes de la Virgen. De ahí la preciosidad y coste de estos objetos de origen oriental, en cuyos países están todavía en uso entre la gente no cristiana para llevar la cuenta de sus repetidas oraciones, o simplemente como una entretenida ocupación para sus dedos, no teniendo entonces más valor que el trabajo de hacer pajaritas. Los cruzados lo importaron a Occidente.

Sabemos de los primitivos rosarios, que consistían en simples cordones con nudos. Los más corrientes eran un cordón con los cabos sueltos y rematados con sendas borlitas, entre las cuales podían correrse las cuentas. Luego se juntaron los cabos, formando corona o collar, del cual colgaba una cruz, medalla, medallón, insignia de peregrino, Agnus Dei... Los granos del rosario eran de hueso, marfil, madera, ámbar, vidrio, azabache, piedras preciosas y metales. En los inventarios de los siglos XV y XVI son frecuentes los paternóster de oro, con cruz esmaltada. El número de granos era diferente, siendo el más habitual el de diez. Este era el rosario sencillo, pero más práctico, puesto que rezadas las diez Avemarías pasaba al dedo siguiente anillo, y así era más difícil equivocarse.

Así pués, el paternóster o cuenta del rosario no es un signo específico de la Virgen del mismo nombre, al menos durante los Siglos XV y XVI.

Por tanto, las diferentes y más auténticas representaciones de la Virgen del Rosario pueden resumirse en las siguientes:

  • La Virgen con el manto, protectora o de Misericordia.
  • La Virgen con el manto intercediendo contra la peste.
  • La Virgen rodeada de un rosario.
  • La Virgen con una rosa o ramillete de rosas.
  • La Virgen del Rosario con la Santísima Trinidad y los Santos.
  • La Virgen del Rosario Legendaria (relacionada con algún episodio legendario y referente a la eficacia de esta devoción).
  • La Virgen en el rosal.
  • La Virgen de la Cofradía (en referencia a la cofradía del Rosario creada por el beato Alano de la Rupe, que le dió el nombre de Cofradía del Salterio para tomar más tarde el del Rosario, en 1470, y no tardó en arraigarse en todos los países).
  • La Virgen del Rosario y las almas del purgatorio, un tipo iconográfico generalmente sin monumentalidad, extraño a la gran pintura y esculturas, y casi limitado a la ilustración de tratados y estampas populares.
  • La Virgen con el rosario.
Virgen del Rosario de Zurbarán. Virgen del Rosario de Zurbarán.

Virgen del Rosario de Zurbarán.

La mayoría de las imágenes barrocas de este tipo llevan el rosario postizo, al no aparecer este objeto hasta el siglo XVI. Hay hermosísimos ejemplares de esta clase. Zurbarán y Murillo, con su arte sublime, idealizaron a esta Virgen del Rosario sin quitarle aquel aire tan familiar y asequible que siempre ha tenido esta popularisima devoción. Y Zurbarán, el pintor español de más exquisito instinto religioso y uno de los más grandes intérpretes de las visiones místicas y celestiales, hizo más todavía; con mano segura ciñó las sienes de la Virgen del Rosario con una graciosa corona de rosas, y la glorificó, remontándola a una apoteósis de nubes, ángeles y resplandores empíreos. Y lo extraordinario es que, con esto, no la deshumanizó en lo más mínimo, antes le conservó su apacible y amorosa apariencia de Madre de todos, a quien pueden acercarse sin temor hasta los más humildes.

En cuanto a Murillo, baste decir que su Virgen del Rosario es una de las mejores y más puras telas que salieron de su mano. Como detalle curioso, común a estos dos máximos pintores de María, es bueno observar que sus Virgenes del Rosario aparecen sentadas, cosa rara, pues la mayoría de las que representan esta advocación se nos muestran de pie.

Quede pues esta pequeña reseña para adentrarnos en esta advocación tan querida y respetada por todos los gaditanos.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios