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El incierto futuro de la frontera de Gibraltar

El Gobierno central debe aclarar ya cómo funcionará la frontera de Gibraltar en caso de un 'Brexit' sin acuerdo entre el RU y la UE

Pese a que el fantasma de un Brexit duro el 31 de octubre se ha alejado en los últimos días, los gobiernos de España y Andalucía, como no podía ser de otra manera, ya trabajan en la revisión del plan de contingencia ante una salida brusca e inminente del Reino Unido de la Unión Europea, una circunstancia que no puede descartarse en absoluto. Nuestro país y nuestra autonomía se juegan mucho en ello. No en vano, el anacronismo de una colonia británica en el Peñón de Gibraltar nos hace fronterizos con Gran Bretaña, por lo que somos especialmente vulnerables a un Brexit que, hoy por hoy, sigue siendo una bomba de relojería. El ministro español de Exteriores, Josep Borrell, no esconde su "especial preocupación" por lo que pueda suceder en esta frontera, por la que diariamente pasan 15.000 trabajadores. Aunque el Gobierno de España no tiene aún nada decidido y expone su intención de que el Brexit complique lo menos posible el trasiego de personas por la frontera, Borrell es consciente de que las cosas no podrán seguir como en la actualidad. Guste o no, nos tenemos que preparar para medidas de control que ralentizarán el paso de personas y mercancías, con los consiguientes inconvenientes para todos. En este sentido, sería deseable que el Ejecutivo nacional diga ya cómo funcionará la frontera en caso de un Brexit sin acuerdo entre el RU y la UE, y deje de contestar con evasivas cada vez que se le pregunta por esta cuestión. Los ciudadanos y las empresas tienen derecho a tener sobre la mesa todos los datos para ir tomando las medidas que sean pertinentes. Lo deseable es que, en lo posible, el Gobierno garantice la mayor permeabilidad posible de la frontera, que es lo que más conviene a los intereses de una comarca andaluza cuya economía está estrechamente unida a la del Peñón. Sin embargo, hay que ser consciente de que este problema supera con mucho los intereses comarcales y afecta directamente a las relaciones internacionales no sólo de España, sino de toda la Unión Europea. Por eso, en el caso de que la frontera se endurezca, sí hay que exigir que tanto nuestro país como la UE articulen los mecanismos y ayudas necesarias para que la nueva situación afecte lo menos posible a los ciudadanos y a la economía del Campo de Gibraltar. En ningún caso podemos llegar a una situación de bloqueo, a una verja encubierta, que supondría una inmensa regresión en una zona con tantos problemas en la actualidad.

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