
El mundo de ayer
Rafael Castaño
Velero de dos velas
Su propio afán
Yo también, que no he venido a insultarle, sino avisar. Un peligro del deterioro institucional es que, como –en principio– no nos afecta, nos lo tomemos a beneficio de inventario. Realmente que Zarrías esté en la cárcel o fuera, a bote pronto, no nos fastidia el verano ni nos lo mejora, pensaríamos. Y como todos tenemos un corazoncito, pues instintivamente concluimos que es muy triste hacer mala sangre porque perdonen los ERES a Chaves y a Griñán y demás.
El problema es teórico, al menos al principio. Resulta que nosotros sí tenemos que pagar nuestras deudas y sí que somos responsables de nuestros actos ilícitos. Pruebe a no pagar una de esas multas que nos llegan por ir a noventa en una autovía en un momento en el que había que ir a ochenta porque había una incorporación por la que no se incorporaba nadie. Pruebe a no pagar. De pronto, España, que era una democracia, pasa a ser una sociedad de castas, como la India, y el paria es usted. Sin faltar, porque yo soy igual de paria y de pagano. Son los políticos del PSOE y sus socios de Junts y de ERC los que tienen un estatuto privilegiado, que les sitúa por encima de la ley y de las multas.
A mí, que soy orgulloso como un hidalgo pobre del siglo XVII, me mosquea bastante. No por el huevo, sino por el fuero. Yo sólo me avendría a este cachondeo con el Estado de Derecho si fuese igualitario. O sea, que en España se condonasen todos los delitos que implicasen un robo o una malversación de menos de 140 millones de euros. Y que se indultase todo aquello que fuese menos grave que lo de los catalanistas. Entonces, aplaudiría el borrón y cuenta nueva de Sánchez. Ahora me considero vejado, porque lo estamos siendo: ciudadanos de segunda que tienen, pringados, que cumplir la ley y acatar las sentencias, que los que legislan, no.
Puede que algún amable lector me conteste que a él los puntillos de honra le dan igual, ciudadano postmoderno y hombre deconstruido del siglo XXI. Vale. Entonces tiene que atender a otra argumentación pertinente. A las consecuencias económicas y sociales a medio plazo de vivir en una sociedad donde no hay seguridad jurídica ni garantías para la libertad económica. Las cosas degeneran, se cambian privilegios fiscales por votos y todo termina afectando a sus negocios y a sus vacaciones. Pero, como yo estoy más el fuero, eso se lo puede explicar a usted otro. O esperar un poco a verlo con sus propios ojos.
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