‘Unus mundus’

13 de enero 2026 - 03:04

En tiempos de acontecimientos y ánimos milenaristas como los que vivimos, de la mano del caos y el miedo nos venden (pack indivisible), como si fueran el último grito, viejas propuestas de vida consciente e incluso trascendente. Las listas de novedades las petan los descubridores de mediterráneos: libros de estoicismo y misticismo de oídas y romantizado, a modo de autoayuda. Nada que declarar, sino que observar mientras, a mi bola, regreso a mis clásicos (cada cual tendrá los suyos). En estos días repaso Avisos para el derrumbe de Agustín García Calvo y El hombre y sus símbolos, de Carl G. Jung. En el primero, San Agustín de Zamora escribe una carta a sus descendientes: “Queridos biznietos: me figuro y temo que, al recibo de ésta, estaréis pasándolas muy putas, ¿no?”. Señala, acertando, indicios de lo que ya está aquí. En el segundo, Jung explica que los cataclismos históricos no pueden entenderse solo como acontecimientos externos, sino como expresiones de procesos psíquicos profundos. Aquello que no es reconocido e integrado en la vida interior –la famosa “sombra”– no desaparece, sino que tiende a proyectarse fuera. Cuando esta sombra es compartida acaba proyectada sobre otros grupos, enemigos y pueblos enteros, generando fenómenos de violencia colectiva, fanatismo o destrucción masiva. Así, no pocos fenómenos que ahora nos tienen en vilo pueden entenderse como manifestaciones del inconsciente colectivo, el retorno amplificado de lo reprimido, no mirado y no asumido por la consciencia individual y social. Telita. En estos tiempos en los que el tal Trump hace morisquetas y bailecitos –Hitler al menos no se hacía el gracioso–, habría que exigir en periódicos y tertulias la tribuna diaria de un psiquiatra.

Unus mundus, diría la escolástica: estoy convencida de que psique y mundo comparten un mismo fondo, que lo que pasa ahí fuera tiene que ver con lo de dentro; yo he visto dilemas internos encarnarse ante mis narices para que pudiera vivirlos hasta superarlos. Que quien quiera entender las noticias que se mire antes por dentro, rompiendo si hace falta la imagen redimida que tiene de sí mismo. Esto le suelto sin anestesia a mi amiga, que sopla el té mientras me mira con sus ojos tan vivaces: “Va a haber quienes se revuelvan y renieguen al leer esto en tu artículo…”, me advierte. “Coherente”, respondo.

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