Su propio afán
Enrique García-Máiquez
Un pronóstico a ciegas
Cuando el vicepresidente y ministro de Hacienda Pedro Solbes hizo su propuesta de financiación autonómica en 2008 se armó un guirigay. Como el de ahora, sin ir más lejos. Y Solbes, con sentido del humor, dijo que aquello era un sudoku samurai. La negociación se cerró en 2009. Los perjudicados fueron Murcia, Valencia, Andalucía y Castilla La Mancha. A competencias homogéneas por habitante, Andalucía pasó de estar ligeramente por encima de la media nacional, a alrededor de cinco puntos menos que el promedio. Mal negocio. Cinco años después, María Jesús Montero como consejera de Hacienda reclamó una solución al Gobierno de Rajoy. Y Juan Manuel Moreno lleva siete años pidiendo lo mismo a Pedro Sánchez. Con 12 años de retraso, por fin tenemos una propuesta de renovación. Es el Sudoku samurai 2.
Se cambia la ponderación de distintas variables. Pesa más la población protegida; después, número de habitantes, jóvenes necesitados de enseñanza, mayores dependientes, parados de larga duración, superficie, dispersión, insularidad… Se aumenta el porcentaje de impuestos cedidos en IRPF e IVA. Se corrige el fondo de compensación interterritorial. Y se establece un sistema de nivelación por el que Cataluña consigue su reclamada ordinalidad, principio según el cual quienes más aporten al sistema no deben perder puestos en el nivel de renta per cápita. O sea, se limita la solidaridad. En total se aumenta en 21.000 millones la aportación del Estado, de los que 4.850 serán para Andalucía.
Y ya, sin pausa, tenemos peleíta partidaria. Moreno ha dicho que no le gusta, porque es un traje para Cataluña. Montero ha lanzado puyas al PP que sobraban en su rueda de prensa, como que Feijóo no tiene liderazgo en su partido. Así, poco consenso se genera. Más sensato, el presidente gallego Rueda le dijo a un servidor en septiembre que cuando llegara el momento de la negociación “coincidiremos con las posturas de otros territorios, incluso de otros partidos, estoy pensando en Asturias, que serán diferentes a las que por ejemplo defienda Andalucía y todos tendremos que ceder”.
Aquí pasa como con la PAC. En la última reforma, el Gobierno andaluz del PP acusó al buen ministro socialista Luis Planas de perjudicar a Andalucía por razones partidarias. Pero a todas las comunidades autónomas gobernadas por el PP les pareció excesiva la cuota andaluza en el reparto. Ocurrió igual, en sentido contrario, con otro buen ministro andaluz de Agricultura, Arias Cañete, en el presupuesto anterior. No mejoramos.
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